Le gusta recrearse en momentos, generalmente llenos de sentimientos a flor de piel. Yo le digo, no sé si acertadamente o no: a la manera ‘mercediana’.

“Sentía que había heredado lo peor de mi madre: su indiferencia al dolor ajeno, su invalidez emocional…”

 


Mercedes Pinto: ‘Cartas a una extraña’


Mercedes Pinto es una de esas escritoras que no te deja indiferente. Sobre su obra he leído adjetivaciones rayanas al insulto o la decepción, y exaltaciones al límite de la euforia. (Imagino que producto de la ‘vorágine comunicativa’ que sufrimos hoy en día los lectores). Es una luchadora. Me consta. Escritora desde la tierna infancia. Y hasta ahora ha publicado sus propias novelas. Ocho con esta. Posee una gran capacidad de profundizar sicológicamente en sus personajes y, digan lo que digan, maneja bien el ritmo narrativo. Sucede que, a veces, le gusta recrearse en momentos, generalmente llenos de sentimientos a flor de piel. Yo le digo, no sé si acertadamente o no: a la manera ‘mercediana’.
Juzguen ustedes. Ahí les dejo un fragmento de su última novela ‘Cartas a una extraña’.

La escritora granadina Mercedes Pinto

“Desde que tenía uso de razón había intentado comprender por qué nunca me arropó antes de dormir ni me anudó la bufanda los días de frío cuando salía para el colegio. Recordaba los años en los que noche tras noche cerraba muy fuerte los ojos creyendo que así se cumpliría mi sueño y vendría a besarme. A veces sentía como si cayera sobre mi frente un suave pétalo de flor, entonces apretaba más fuerte aún los párpados, hasta que me dolían, no fuera que se me abrieran sin querer y comprobase que era una sensación irreal provocada por las ganas o viese el pañuelito estampado de Teresa una vez más. Porque yo quería que el beso fuese de ella. Delegó absolutamente todas sus tareas de madre, incluso la de besar”.

“A mis treinta y cuatro años yo había vivido varios amores, dos de ellos verdaderos, estoy segura de que me habían querido, lo que no podría decir es hasta qué punto quise yo. Los dos me abandonaron porque se sentían solos a mi lado, como yo viví al suyo. Vacía. Sentía que había heredado lo peor de mi madre: su indiferencia al dolor ajeno, su invalidez emocional… De todo lo vivido a su lado, esto es lo que no podría perdonarle nunca”.

Cartas a una extraña, de Mercedes Pinto


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