Con un tremendo dominio de los tiempos y ritmos de la crónica negra, y grandes dosis de humor, sale airosa con un estilo personal en un relato con notas románticas que os divertirá

«Escuché con toda claridad que estaba como una cabra, que yo no hablaba idiomas y que qué más daba si se dirigía a mí en italiano, en francés o en piraha, si total no iba a entender ni media palabra»


Rosa Grau: ‘El sendero de los ángeles’


Me he reído a rabiar con Rosa Grau y su protagonista: Cuqui, que aunque la obliga a vivir en un «superático» frente a Central Park en Nueva York, podrías encontrarla perfectamente en la calle Serrano frente al Retiro de Madrid. Sin duda tiene más ‘bouquet’ lo de Central Park y de paso evitas el mosqueo de mentes susceptibles sin sentido del humor.
Esta escritora alicantina somete a Adelaida, Cuqui, su protagonista, a toda una serie de torturas sicológicas de las que sale airosa soprendentemente (o no): la persecución de la mafia china y una investigación policial que está por encima de todas sus posibilidades. Sus ‘alter ego’ que le acompañan en esta original investigación detectivesca, también os sorprenderán durante todo el relato: una colorista maestra de escuela y un ingeniero gay multifacético. Con un tremendo dominio de los tiempos y ritmos de la crónica negra, y grandes dosis de humor, sale airosa con un estilo personal en un relato con notas románticas que os divertirá. Seguro.
Rosa Grau cuya biografia oficial la define como «ama de casa, amante de su familia, de sus amigos y de los animales», lleva a sus espaldas ya tres historias: ‘Un puñado de amigos y dos cerezas», «El caso de la gallina ponedora» y esta, «El sendero de los ángeles»:

Rosa Grau en El sendero de los ángeles

«En mi agujero de frustración hacía frío y me encontraba muy sola. Me giré con intención de regresar al paraíso, pero este había desaparecido. Clavé la vista al final del túnel y vi oscuridad. Parpadeé e insistí. Nada. Solo tinieblas y frío. Mucho frío. Ah, sí, y una voz profunda varonil que no paraba de taladrarme los oídos ordenándome que me tumbara. Que me había pasado con los calmantes y que estos me estaban dejando KO.

Y yo pensé, entre escalofríos, ¿KO? ¿Es que acaso este nuevo mundo, glacial y lóbrego, era similar al Reino de los Hielos y hablaban en otra lengua, que no pensaba aprender ni por asomo?

Y recuerdo que dije:
-En francés, por favor. Si es chapurreado, mejor.
Y el ser oscuro del Reino de KO, contestó:
-Viens te coucher, Cuqui, vouz avez besoin de repos.
-¡He dicho en francés chapurreado!-proclamé bien alto.
Fue entonces cuando escuché con toda claridad que estaba como una cabra, que yo no hablaba idiomas y que qué más daba si se dirigía a mí en italiano, en francés o en piraha, si total no iba a entender ni media palabra.
-Tú, señor del Reino de KO, sí que estás pirahado.
-Piraha es el idioma de los Piraha, una tribu amazónica que recibe ese mismo nombre -explicó la voz con paciencia  mientras notaba que me empujaba hacia un lado.
-Tú… tú…¡¿por qué me empujas?!
-Te llevo a la cama.

-¡Nos acabamos de conocer! -repliqué indignada, al tiempo que hacía palanca con los pies sobre el colchón-. No soy de esa clase de chicas, necesito quince años para poder acostarme con alguien…»

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