El escritor argentino Roberto Villar defiende la idea de que nuestras «querencias» son adquiridas, no heredadas

«Los niños no nacen con el afán irreprimible de dar caza a las niñas. Ni ellas corren detrás de ellos como si les fuera la aceptación social en ello. Sólo somos un poco animales»


Por Roberto Villar


A Kivi ya le va costando saltar directamente del suelo hasta el lavabo. Fracasa con frecuencia. A veces lo consigue al segundo intento. Otras, después del primero, desiste. Ha aprendido a trocear la distancia en tres escalas: del suelo a la tapa del inodoro, de allí a la pequeña mesita auxiliar, finalmente, salta de la mesa a la encimera del lavabo. A veces la cojo del suelo y la dejo al final de su objetivo, le abro el grifo y bebe. Los años pasan también para las gatas. Kivi tiene doce.

A algún adulto puede parecerle una redundancia, o una broma desabrida, pero para un niño, perseguir por la playa, y conseguir mojar, a una niña no tiene nada de redundante ni de burla a medias: es él quien la moja. Con su balde, o su pistola de agua. Es él quien ha conseguido mojar a la adolescente. Quien ha vertido su líquido sobre la joven. Aunque ya estuviera la mujer previamente mojada tras el baño en el mar.

Los gatos rehúyen del agua. Instintivamente. No todos. Por lo que la teoría del instinto, entonces, flaquea. No todas las mujeres tienen instinto maternal. Ni todos los recién nacidos maman a la primera. Lo instintivo hace aguas por todas partes. Por todos los ríos, lluvias y mares.

Hasta lo instintivo es cultural.                                                                                 

Los niños no nacen con el afán irreprimible de dar caza a las niñas. Ni ellas corren detrás de ellos como si les fuera la aceptación social en ello. Sólo somos un poco animales.

Todas nuestras querencias son adquiridas. No todas las cabras tiran al monte. Ni todos los tíos tiran al Monte de Venus.

Me han puesto dos condiciones: No escribir sobre literatura y no pasar de las treinta líneas. No supe de qué escribir que no fuera, en algún sentido, literatura. Y me he atenido estrictamente al límite que me marcaron.

Lo de no teclear la palabra Naturaleza ha sido imposición propia. Más metido en la Cultura no puedo estar, señores. Y señoras, sí, coño, y señoras.


Roberto Villar

Roberto Villar nace en 1962, en Buenos Aires y desde los 27 años reside en Madrid. Escritor, artista plástico y guionista, se dedica profesionalmente a la escritura de programas y series de televisión. En el año 2003 gana el VIII Premio de Novela Corta Manuel Díaz Luis, del Ayuntamiento de Monleón, Salamanca. Y después sigue acumulando premios literarios: finalista del XI premio de Relatos Breves Ciudad de Peñíscola(2005); finalista del Premio Azorín de Novela (2006);ganador del I Premio de Novela Corta Encina de Plata (2007)… Con su última novela, Tus dos nombres, retorna a su tierra natal para escribir un relato dramático sobre los secuestros de niños en la época de la dictadura argentina.