En ‘Mensajes’, Mercedes Pinto desarrolla el personaje de Saúl y le dota de una personalidad cautivadora y una vida dura y apasionante

“Enamorarse de un cliente había sido una de las mayores torpezas de su vida”


Mercedes Pinto: ‘Mensajes desde el lago’


Decimos que las comparaciones son odiosas  generalmente como  preludio de una ellas. “Mensajes desde el lago” es, entre todas las de Mercedes Pinto, su obra  más emotiva y, como a ella le gusta decir, humanista. Es también, a mi juicio, la  más madura y rotunda de esta autora granadina. Y curiosamente también , su novela más popular.

Mercedes se supera. Cuando leí  Cartas a una extraña, primera parte de esta “duología”, me quedé enganchado a una protagonista que a mi parecer sufría brotes sistémicos de una neurosis o una paranoia exacerbada. Por otra parte  plenamente justificados dado el ambiente familiar en que Berta se había criado. Si bien también es cierto que por ley de probabilidades no podía caber tanta maldad y sutil perversidad en la misma familia.

Pero cuando he leído “Mensajes desde el lago” he vuelto a caer en otro tópico: en este caso, las segundas partes son aún mejores que la primera. En ‘Mensajes’ desarrolla el personaje de Saúl y le dota de una personalidad cautivadora y una vida dura y apasionante. Además le rodean otros personajes auténticos e igualmente seductores. Y otra vez mantiene un ritmo narrativo que te da los tiempos justos para asimilar.

Dicen que toda buena novela necesita un personaje con el que el lector necesita identificarse. Debo confesar que ya lo hice en la primera parte: “Cartas a una extraña”,  con Alfonso, su detective, aunque pensaba entonces que Mercedes me lo “maltrataba”, dialécticamente por supuesto. Cuando he concluido Mensajes, he agradecido a la autora que salvara y mejorara a mi antihéroe preferido:

“Le dolía despedirse, pero mucho más tener que escuchar de mi boca cuánto habían significado para mí las cartas de Saúl y el hecho de haberme encontrado con él en París. Enamorarse de un cliente había sido una de las mayores torpezas de su vida. A sus años, es evidente que Alfonso ya ha podido comprobar que su trabajo de detective es incompatible con una relación amorosa. Intentarlo de nuevo… y conmigo, su cliente, que además en ese momento está experimentando por primera vez el amor a través de las cartas de Saúl, pare él era claramente un suicidio emocional. Está arrepentido, sobre todo por haberse dejado llevar por la pasión aquella noche en el hotel Hilton. Sé que para él fue como echar un vistazo al paraíso que nunca habitaría y desde entonces se le nota disperso en mi presencia, como si le costara concentrarse. Sin duda se recrimina constantemente haber caído otra vez en la misma trampa. Lo peor de todo es que una de sus misiones consistía en conseguir que Saúl y yo nos encontráramos”.

Mensajes desde el lago


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