Estamos ante un autor sorprendente: Bruno Nievas, y su novela: Lo que el hielo atrapa, que tras más de 40 años de lectura se ha convertido en uno de mis imprescindibles

«El destello de lo que le pareció una pequeña hoja de acero le hizo dar un manotazo de forma refleja y desviar el objeto unos milímetros de su más que probable destino, su propio cuello»


Bruno Nievas: ‘Lo que el hielo atrapa’


No sé quién puede acertar, sin asomo de duda, a definir qué es, o no, una obra maestra. Confieso que yo no me atrevería. Estamos ante un autor sorprendente: Bruno Nievas, y su novela: Lo que el hielo atrapa, que tras más de 40 años de lectura se ha convertido en uno de mis imprescindibles. Por muchas razones.

Me activa los cinco sentidos. Puedo oler el humo a tabaco puro o de pipa o sentir los ambientes densos que deja, o el frío lacerante por debajo de los 40 grados bajo cero. Oigo el crujir del hielo cuando se abre una grieta o lo embiste las máquinas cargadas de carbón sucio que  me roza a la piel,  lo mismo que lo hacen las pelusas de los animales cuando se me incrustan al paladar o cuando saboreo las sopas del preparado de Ernest Shackleton. Veo con placer lo bellos paisajes que me retrata un fotógrafo legendario.

Pero sobre todo me activa un sexto sentido más allá de lo habitual en este tipo de novelas: el sentido de los valores, los de la ética del grupo, los de la convivencia de los últimos héroes que quisieron conquistar el Polo Sur sin medios, solo con la fuerza de la determinación y la unión. Siento los valores de un líder auténtico, de esos imprescindibles, y además, humano, que enfrenta  sus decisiones y sus dudas a un juicio crítico, que tiene como máximo valor el de la vida de sus hombres, más allá del de la conquista o el descubrimiento de nuevas tierras. Y por si fuera poco, me parece magistral la presencia de Zara Foley, su encuentro con Jack el destripador y su recorrido en la novela.

Y todo esto lo soporta un lenguaje sencillo pero enriquecedor, hábil en sus diálogos y descripciones narrativas. Una trama que te dispara a una lectura rápida hasta que te das cuenta que has de sujetar tu curiosidad para disfrutar de su lectura.

Permitidme para terminar una licencia (y también un gerundio), parafraseando uno de los leitmotiv de la novela: Lo que Bruno Nievas atrapa, Brunos Nievas se lo queda:

“Zara supo que algo no andaba bien incluso antes de abrir los ojos. Cuando lo hizo, se encontró con el rostro de un hombre a escasos centímetros del suyo. El destello de lo que le pareció una pequeña hoja de acero le hizo dar un manotazo de forma refleja y desviar el objeto unos milímetros de su más que probable destino, su propio cuello, aunque no lo suficiente como para evitar un aguijonazo. Tensó el cuerpo y rezó para que la herida fuese superficial, dado que aquello parecía cortar como un escalpelo de los que utilizaban los médicos. De hecho lo parecía, pensó, cuando vio el mango de la hoja.

-¡Maldita seas! –escuchó mientras el tipo se separaba.

Lejos de retirarse, el hombre acometió una nueva embestida, por lo que rodó sobre sí misma y se desplomó de bruces desde la bala de paja sobre la que se había acostado unas horas antes. Llevaba varios días durmiendo en ese almacén a la orilla norte del Támesis porque apenas lo frecuentaba nadie por las noches… salvo cuando alguien quería rebanarle el cuello. Se agarró a la pierna del tipo con las dos manos y le clavó los dientes. Una pena, el paño de los pantalones parecía de calidad. Un alarido escapó de su garganta.

-¡Suéltame bastarda! –bramó-. ¡Te abriré en canal, como a las otras meretrices!

Sin dejar de prensar la mandíbula, recordó a su madre. Como a varias prostitutas en aquella misma zona, le habían descerrajado las tripas. Se rumoreaba que el asesino había huido de Londres porque llevaba tiempo sin actuar pero, por lo que estaba viendo, no era así. Vio el destello de la lanceta, acercándose a su rostro, y se echó hacia atrás para golpear la entrepierna del sujeto con el puño.”

Lo que el hielo atrapa


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