La escritora alicantina Rosa Grau se convierte en portavoz de las “ama de casa”, un grupo extenso al que casi nunca se le reconocen los méritos

“Debajo de esa capa de seres anodinos y sin metas bajo la que nos resguardamos existe una gran creatividad y muchísima inteligencia”


Por Rosa Grau


Voy a hablar desde la perspectiva de lo habitualmente denominado “ama de casa”. Somos un grupo extenso al que casi nunca se le reconocen los méritos. El ama de casa, por no llamarlos con ese apodo tan despectivo de “marujas”, se dedica fundamentalmente a las labores del hogar. Sí, lo sé. Quita el polvo, lava, plancha, cocina, mima a sus pequeñuelos, le sonríe a su marido cuando llega agotado tras una dura jornada de trabajo en la oficina… Y yo me pregunto, ¿y quién mima a la sufrida y siempre ninguneada ama de casa? Desde mi punto de vista, no sólo no se nos reconoce nuestro saber hacer, sino que deberían colocarnos en el mismo e igualitario plano que a una Santa cualquiera. Somos sacrificadas, discretas en nuestras manifestaciones y nos flagelamos una y otra vez cuando la tortilla de patata no nos sale tan jugosa como nos gustaría, cuando, en realidad, deberíamos considerarnos como seres dieciochescos que lo mismo sirven para pintar un cuadro, confeccionar un disfraz infantil o sacar una familia adelante con más que precaria economía. Y ahora os preguntaréis… ¿y dónde se esconden seas maravillas? Pues en vuestras propias casas, delante mismo de vuestras narices. Lo que ocurre que no os dais cuenta porque siempre nos pilláis viendo el culebrón de turno, pero debajo de esa capa de seres anodinos y sin metas bajo la que nos resguardamos existe una gran creatividad y muchísima inteligencia. Solo dadnos un respiro y os lo demostraremos con creces.


 Rosa Grau

Rosa Grau es una  persona humilde y sencilla a la que no le gusta mucho el ruido porque le distrae de lo que realmente le apasiona: contar historias, y con tanto follón no puede escuchar a sus personajes. Escribe de maravilla aunque siempre encuentra alguien que, a su juicio, lo hace mejor, como su adorada Beatriz Cáceres. El sendero de los ángeles es una de las novelas que más me ha hecho reir en los últimos tiempos, porque con Rosa tienes garantizadas las emociones, y una de ellas es esa fina ironía que siempre baraja con mucha educación.