‘Bajo el cielo de los celtas’ está ambientada en un momento histórico muy interesante: en la transición, en Occidente, de la edad de cobre a la del hierro

«Brianna se había sentido bastante intimidada por verse rodeada única y exclusivamente de chicos varones, la mayoría de los cuales la miraban con cierto escepticismo e incluso desdén»

 


José Vicente Alfaro: ‘Bajo el cielo de los celtas’


José Vicente Alfaro es un escritor pulcro. Me da la sensación, no sé si acertada o equivocadamente, no le conozco; de que es una de esas personas que barre con una mano las motas que deja la goma de borrar, las recoge con la otra y las deposita serenamente donde deben estar: en la papelera. Cada palabra está en su sitio. Cada frase en el lugar correcto. Cada párrafo, en el preciso. Todo cuidado con detalle para que puedas leer de un tirón la historia que desea contarte.

‘Bajo el cielo de los celtas’ está ambientada en un momento histórico muy interesante: en la transición, en Occidente, de la edad de cobre a la del hierro. Resuelve el misterio alquímico de una forma sorprendente. Si bien le acompaña también con otros detalles más racionalmente aceptables. Se pasea con serenidad entre el pueblo primigenio celta, entre sus costumbres, su organización, sus creencias… Y todo ese conocimiento te lo traslada mientras el relato te absorbe y te emociona.

Sí, también emociona. No está, como Nietzsche, más allá del bien o del mal. Siente y padece, y lo demuestra en los clímax pasionales que sostiene una historia y unos personajes que cuadrarían perfectamente en cualquier época del hombre. Porque, al final,  esta novela épica e histórica, no deja de contener  seres humanos con sus históricas bajezas y debilidades,  y también con sus tradicionales generosidades y heroicidades: 

“Al inicio de la mañana, cuando todos se reunieron en las puertas de Hallein y tomaron el camino del bosque, Brianna se había sentido bastante intimidada por verse rodeada única y exclusivamente de chicos varones, la mayoría de los cuales la miraban con cierto escepticismo e incluso desdén. Sin embargo, Eboros se había acercado a ella y, dedicándole una alentadora sonrisa, le confesó que pocos días atrás había visitado a Nemausus, el cual lamentaba no poder asistir a la prueba de selección, pues su salud pasaba por un momento delicado. De haberle sido posible, el druida ermitaño habría acudido encantado para mostrarle su apoyo.

Pero si había alguien allí que parecía estar fuera de lugar, más incluso que Brianna, era Cedric. Desde un principio, el hijo del rey se había mostrado distante y se había mantenido ligeramente apartado del resto de los candidatos, yendo un paso por detrás. Poco o nada interesado en el druidismo, su verdadera motivación radicaba en permanecer cerca de Brianna, con el fin de neutralizar la seria amenaza en que se había convertido Serbal. Desde luego, Calum se había puesto furioso al conocer los inauditos planes del único que le quedaba con vida. ¿Druida? ¿Era eso lo que quería ser ahora?¿Qué había sido entonces de su obstinado afán por convertirse en mercader?¿Acaso estaba dispuesto a probar cualquier cosa con tal de evitar iniciarse como guerrero, que era lo que por sangre le correspondía?  La acalorada discusión no les condujo a ningún sitio, ya que Cedric rehusó darle explicaciones. No obstante, a su tío Eoghan sí le habló con total sinceridad, y le dejó muy claro que su pasión por la actividad comercial no había disminuido en absoluto”.

Bajo el cielo de los celtas