La escritora granadina Mercedes Pinto reflexiona sobre la indigencia en una de las ciudades más avanzadas del mundo: Seattle

“Hice fotografías, me acerqué a sus reuniones, seguí sus pasos, casi siempre en pandilla, cargando sus instrumentos y cachivaches y seguidos por sus perros…”


Por Mercedes Pinto


No todos los escritores tenemos la oportunidad de visitar los lugares que escogemos como escenarios de nuestras novelas; pero a veces hay suerte, y yo la tuve con mi bilogía Cartas a una extraña y Mensajes desde el lago. Pude visitar el Olympic Park de Washington, el lago Crescent, sentarme en la misma mesa de la cabaña donde el protagonista escribió sus cartas, y caminar jornada tras jornada por la moderna ciudad de Seattle, tecnológicamente, una de las más avanzadas del mundo. Microsoft, Amazon o Google conforman pequeñas urbes dentro de sus fronteras. Impresiona pasear entre las calles de estas modernas empresas a la hora del almuerzo, miles de jóvenes de todos los países salen y entran de sus edificios, como miríadas, para hacer un paréntesis en su jornada laboral.

Pero de Seattle a mí me interesaba el mayor de sus problemas: la indigencia. Necesitaba conocer la atmósfera donde viviría durante años el protagonista de mi historia, Saúl. Y fue en este extraño teatro de contrastes urbanos donde visioné al pintor callejero de mi historia y donde pude escucharlo decir: «Llevo casi tres meses en estas calles, los últimos días han sido los más duros, en esta época la temperatura es muy fría y húmeda en Seattle. No soporto el frío, me paraliza. Si las noches son difíciles, pintar al aire libre es aún peor, se me entumecen las manos».

Día tras día, me acerqué al parque Anderson, en el que se pueden encontrar reunidos los más parias de esta moderna metrópolis, vendiendo sus cuadros, cantando sus canciones, mercadeando con objetos usados o simplemente tumbados en la hierba con sus mascotas. Llama la atención la media de edad de los sintecho, no creo que supere los treinta años, entre hay ellos ilegales, huidos de familias desestructuradas, inadaptados sociales y muchos artistas llegados de todos los estados, especialmente músicos, peregrinos que rinden culto a la ciudad donde nació Jimi Hendrix y que ha hecho de ella la meca de la música. Cada invierno mueren bajo el cielo que vio nacer al mítico guitarrista docenas de homeless con toda la vida por delante, algo que para el alcalde se ha convertido en una de sus mayores preocupaciones.

Hice fotografías, me acerqué a sus reuniones, seguí sus pasos, casi siempre en pandilla, cargando sus instrumentos y cachivaches y seguidos por sus perros… hasta que Saúl se irguió entre ellos, vivo, con su melancolía, su sensibilidad y su eterno frío. Aprendí mucho, pero no conseguí contestar a mi pregunta: ¿Qué grave error está cometiendo el ser humano para que mientras uno de sus jóvenes llega a Seattle con un contrato de trabajo de cien mil dólares al año otro de su misma edad, con sus mismos sueños y vida por delante, sea condenado a vagar bajo su gélido cielo de invierno?


Mercedes Pinto

Como buena andaluza toca todos los “palos” literarios y cualquier género puede ser el escenario de su duende granadino. Abandonó la medicina para dedicarse en cuerpo y alma a la literatura donde construye buenas historias en las que impregna a sus personajes de una gran fuerza humanista. Como escritora independiente que es, sin el favor de los grandes sellos editoriales, ha conseguido varios best seller, el reconocimiento público de su obra que acumula ya nueve títulos, y ha sido finalista del concurso indie de Amazon del 2015.


 

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