El escritor de ficción histórica Leonelo Albert reflexiona sobre las diferencias de edad entre hombres y mujeres

“Al torcer el gesto, la reprobación no ha pasado inadvertida para la camarera que me observa como si fuera uno de los esqueléticos elefantes dalinianos de Púbol”


Por Leonelo Albert


Pido un cortado, descafeinado de máquina (un desgraciado dicen por ahí) muy caliente, recalco, muy caliente. Me fastidia que a menudo me lo sirvan cercano al cubito de hielo.

Ojeo el periódico manchado de huellas de zumo de naranja y lo libero de restos del croissant que albergaba como si fuera un pichón en su nido. La portada repite incansable la palabra que produce desazón en los tiempos agitados de hoy en día. Me niego a aceptarla y depositarla en mi mente sublevándome a leerla como tal. Deletreo: ce, erre, i, ese, i, ese. Quedo más conforme. Y es que la palabrita de marras amenaza eclipsar cualquier esperanza futura. Parece que sea el buque insignia de apocalipsis inminente que nos ha de sacudir por siempre, cuando un simple repaso a la Historia nos vierte luz de forma irrefutable de sus vaivenes a lo largo de los siglos. Aplico el refrán: tras la tempestad viene la calma.

Llega el cortado. Alarmantemente no humeante. Mis sospechas lo confirman. Un sorbo y… evidentemente, ausente de temperatura al gusto, al mío. Es inútil, siempre llega como yo no lo he pedido. Imagino que mi tensión arterial demanda ya su ración de pastilla. Al torcer el gesto, la reprobación no ha pasado inadvertida para la camarera que me observa como si fuera uno de los esqueléticos elefantes dalinianos de Púbol, con las trompas amenazantes (a mi entender), prestos a liarla. Con media sonrisa y meneando la cabeza, retira la tacita culpable de mi descontento.

A la espera, decido pasar a páginas más intranscendentes. Leo:

Octogenario nobel de literatura se divorcia y se casa con una famosa mujer de sesenta y tantos, experimentada ya en esos lares. Bueno, nada nuevo ¿Pretenderá ganar así tiempo al tiempo? Presumo que la cosa no quedará ahí. De todas formas, es su vida. Allá cada cual con la propia.

Algo más abajo, en la misma página:

Un político de relevancia, ya en su madurez, mantiene una relación amorosa con un hombre mucho más joven que él. Surge la duda ¿Amará el nuevo Antinoo a su Adriano o pretenderá otra meta? A Antinoo nadie le podía toser o buscar las cosquillas, salvo el emperador. Sentirse el segundo amo del mundo resulta muy tentador y apetecible. Releeré a la Yourcenar a ver si me aclara el enigma.

Ha llegado el ansiado cortado, esta vez sí en su punto. Lo tomo en un santiamén. Las musas han decidido iluminarme y apremian para que plasme en letras sus mensajes. Así pues, regreso con mi amigo el tintero. 


Leonelo Albert

A este licenciado en Geografía e Historia le ha apasionado desde siempre la literatura de aventuras: “Mis héroes -dice- eran aquellos épicos y valerosos protagonistas que arriesgaban todo para lograr un buen fin”. Y así hasta que decidió crear su propios héroes en su novela ‘Más allá de Roma’,  una obra que arranca en 222 d.C., tras el asesinato del emperador de Roma, Marco Aurelio Antonino (llamado Heliogábalo).