Podría haber dicho que la novela es buena. Muy buena. Hubiera bastado, pero quizás no me hubieseis creído

“El sueño final de Pitágoras era un mundo en el que no hubiera diferencias de trato ni de derechos jurídicos por pertenecer a diferentes razas o naciones”


Marcos Chicot: ‘El asesinato de Pitágoras’


El sentido de la vida, el mejor motor que te dota de la voluntad y la determinación necesarias para afrontar  cualquier empresa. Lo buscamos en el amor, el trabajo, los amigos… Nos extrañamos cuando lo observamos en otros sin entender la catarsis que esa persona ha sufrido para alcanzar ese estado de creación que envidiamos. Se llame Marcos Chicot o su Pitágoras.

Marcos Chicot  encontró ese sentido de la vida y lo que era una cuestión secundaria se convirtió en una actividad principal. Puso a trabajar todo su cociente intelectual, de esos que sólo tiene el dos por ciento de la población, y le salió con esfuerzo, voluntad y determinación ‘El asesinato de Pitágoras’.

El relato derribará ese Pitágoras que tenéis en la cabeza de la hipotenusa y los catetos, o ese otro más sofisticado de la música de las esferas. Os introducirá en el pensamiento pre-socrático y precursor del cristianismo, pero lo hará con un ritmo narrativo extraordinario que os dejará sin aliento y siempre expectantes con la siguiente acción sorprendente. Os paseará por las desaparecidas Síbaris, Crotona o Cartago. Disfrutaréis.

Y  por si esto fuera poco, a esa laguna de la historia, le sumará las atávicas pasiones humanas de la ambición por el poder político y por el poder del conocimiento. Y le añadirá un criminal suelto, sobradamente inteligente, que mantiene en vilo no sólo a la comunidad pitagórica, sino también al lector…

Podría haber dicho que la novela es buena. Muy buena. Hubiera bastado, pero quizás no me hubieseis creído: 

Marchos Chicot y El asesinato de Pitágoras

“Media hora más tarde, en la soledad del Templo de las Musas, la llama eterna de Hestia se reflejaba en los ojos concentrados de Pitágoras. El fuego sagrado parecía penetrar en su mente y atacar sin piedad sus sueños de futuro.

Roma estaba al alcance de su mano. Lucio Juno Bruto quería que ellos participaran en el nacimiento de su República…, pero ahora Pitágoras no podía abandonar Crotona. Se arriesgaba a que la base del edifico se derrumbara por concentrarse en añadir otro piso.

“¿He apuntado demasiado alto?”

Aunque sus ideas regían en buena parte de la Magna Grecia, consideraba que eso debería ser sólo una primera etapa. Ahora tenía que llegar a Roma, y después, ya de la mano de sus sucesores, debían extenderse por Cartago, Etruria, Persia…

“Una comunidad de naciones”.

Aquel pensamiento le estremecía el alma. Su doctrina tenía como objetivo intensificar los vínculos de amistad y respeto entre hombres y entre gobiernos. El sueño final de Pitágoras era un mundo en el que no hubiera diferencias de trato ni de derechos jurídicos por pertenecer a diferentes razas o naciones. Una comunidad mundial basada en los principios de hermandad, espiritualidad y justicia.”

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