Diego, Caetano y Roxana, tres extraños que el azar junta en la frontera. Cada uno tiene una pistola y un motivo para cruzar ilegalmente el Paraná... Y el lanchero no llega. Continúa el relato de Kike Ferrari en Libretería:

"Se había hecho de noche, no tenía dinero, su casa estaba a más de 20 km. y  que como era indocumentada no podía cruzar la frontera legalmente"

Por KIKE FERRARI

Relato completo de la novela "Nadie es inocente"

Segunda entrega.


Esperaba, Diego, recostado contra su mochila, mordiendo pastos que arrancaba del suelo. Le molestaba la Nueve entre el pantalón y la espalda. Sacó el último cigarrillo de un paquete de Camel y se lo llevó a la boca. Se puso a buscar en los bolsillos de la campera de jean, en los del pantalón, con qué prenderlo.

– ¿Quer esquero? –le preguntó Caetano.

– ¿Eh? –contestó Diego, revisando ahora la mochila.

– ¿Quer esquero? –repitió Caetano.

– No sé, loco.

Roxana, que sí entiende portugués, sonrió. El brasileño sacó, entonces, el encendedor de acero con las tres iniciales del partido que le habían regalado los compañeros chilenos y se lo acercó al cigarrillo apagado.

– Uh, gracias, loco.

Así que intentaron a conversar, como podían -pese a la enorme frontera que supone que Caetano sólo hable portugués y Diego no conciba otro idioma más allá español del de su barrio, el slang rockero-futbolero de la periferia de la Ciudad- pero tuvieron que dejarlo enseguida. No se entendían.

Pasó una hora y después otra. El atardecer se fue haciendo noche y la luna trepó al cielo y dejó ver su rostro como una mala noticia.

– ¿Ustedes también esperan al boncha este de la lanchita, no? –preguntó Diego.

Roxana levantó la vista y lo miró fijamente por primera vez. Lindo el kurepi, pensó.

– ¿Você diz o qué? –preguntó Caetano.

– El chabón, el quía…El tipo este de la lancha… eh…

Caetano le preguntó, ahora a Roxana, si ella lo entendía.

Frontera del Paraná

Ella sonrió, sin responder. Era más lo que adivinaba que lo que entendía de las palabras del argentino, pero se estaba divirtiendo bastante, pese a que se había hecho de noche, no tenía dinero, su casa estaba a más de 20 km. y  que como era indocumentada no podía cruzar la frontera legalmente. Y tenía que llegar al lado argentino a más tardar al día siguiente.

– Matute, si ustedes también esperan a Matute –recordó el nombre Diego.

– Sim –respondió Caetano que reconoció el nombre del balsero que debía cruzarlo a Puerto Iguazú– mais você não deveria  ficar falando nomes, rapais.

– Dice que tu no tendrías que andar diciendo nombres– tradujo Roxana y dirigiéndose a Caetano-, mais eles som assim mesmos, fofoqueros, babacas

– Con o sin nombres, estamos en la misma y hasta las pelotas– respondió Diego.

Se miraron. Caetano sacó cigarrillos y convido. Fumaron en silencio, los tres.

– Ele não vem –decidió Caetano, al rato.

– No, añaracope guaré –dijo Roxana, golpeándose una pierna con la palma de la mano.

– Conchaesumadre –opinó Diego, y se quejó –, encima los mosquitos me están matando.

– Vamos chantar alguma coisa o convite é meu –propuso Caetano.

– ¿Qué?

Roxana tradujo la invitación a comer.

– Joya, yo puedo pagar una birrita –dijo Diego.

Así que levantaron sus bolsos del pasto y subieron caminando hasta Ciudad del Este, buscando un bar y un plan B que les permitiera cruzar.

Nadie es inocente