Attax ha elegido a Sebastián para que le acompañe en la misión especial que le ha encargado su dominus Balbo. Camino de Corduba, su primera parada es Carmo, donde comprueban que el avance de sus eternos enemigos: los suevos, ha llegado más lejos de lo previsible. La batalla es inminente.  

En Carmo, Attax se enfrenta a la desconfianza de sus habitantes, pero a pesar de todo consigue enterarse de que las temidas legiones romanas no vendrán en auxilio de los hispanos. Así que la defensa de la Baetica se prepara en torno a un nuevo héroe: el bravo Andevotus:


Por JOSÉ ZOILO HERNÁNDEZ

El alano, las cenizas de Hispania

Segunda entrega.


 Iulia Hispalis (siglo III dc)

Maqueta de la colonia Iulia Hispalis (siglo III dc)

Los primeros días transcurrieron rápido, entre historias y chanzas. Tomamos la calzada principal, que unía directamente Hispalis con Corduba; el camino era bueno y transcurría tranquilo. Al tercer día de marcha, justo antes del anochecer, arribamos a la ciudad de Carmo, famosa tiempo atrás porque los campos circundantes producían algunas de las mejores uvas de la provincia, con las que se elaboraba un vino de excelente calidad. Para mi sorpresa, incluso antes de atravesar las murallas de la ciudad, el ambiente de tensa excitación que reinaba entre los ciudadanos y visitantes era patente.

Al llegar a la puerta oeste, dos miembros de la milicia urbana nos dieron el alto. Tras estudiar minuciosamente la acreditación que les presentamos y dar el visto bueno al contenido de la carreta, nos permitieron adentrarnos en la ciudad, previo pago de una pequeña suma de dinero. Pocos momentos después de que pasáramos, la puerta fue cerrada por los soldados, así como el resto de puertas de la muralla, hasta la mañana siguiente.

Cogí la jarra y me acerqué a la mesa donde me pareció que el alboroto era más ostensible

El alano en la Puerta de Carmona (Carmo)

Composición de El alano en la Puerta de Carmona (Carmo)

–Sebastián, hoy dormiremos aquí. Agradeceremos un lugar civilizado en el que pasar la noche, y además parece que en la ciudad se cuece algo importante y es mejor averiguar lo que podamos antes de proseguir hasta nuestro destino.

Recorrimos algunas calles, hasta que me pareció que habíamos encontrado la taberna adecuada. Tras asomarme a la puerta, hice a Sebastián un gesto afirmativo.

–Parece que este sitio no está mal. Nunca había venido a Carmo, por lo que me voy a guiar por mi instinto, que no suele fallarme. Por lo menos en cuanto a las tabernas, ¡aunque sobre las mujeres tampoco me suelo equivocar!

Indiqué al muchacho que se quedara en las caballerizas con la mercancía a la espera de que yo llegara a un acuerdo con el dueño del local. Se trababa de una taberna sin pretensiones, con unas pocas mesas en el comedor, y solo tres habitaciones disponibles para alquilar. Si la elegí fue más bien por la amplitud del establo y el almacén, que se encontraban en el edificio contiguo, pues tendríamos que tomar la cena y pasar la noche en las caballerizas, vigilando la mercancía. Una vez pacté el precio con el propietario, desensillamos los caballos que formaban el tiro de la carreta, los atendimos convenientemente, y nos aprestamos a preparar un jergón confortable con la paja que cubría el suelo, para pasar la noche lo más cómodos que fuera posible. Una vez todo estuvo dispuesto, me dirigí a la taberna para conseguir algo de cena, y también en busca de información.

Cuando entré en el comedor la mayoría de las mesas estaban ocupadas, y los parroquianos mantenían animadas conversaciones a cada cual más bulliciosa. Me apoyé en la barra y le pedí a la chica que se encontraba al otro lado una jarra de vino con dos vasos, y dos cuencos de un guiso de verduras que despedía un agradable olor. La chica –muy morena, y muy bonita– me sirvió el vino y desapareció hacia la cocina. Cogí la jarra y me acerqué a la mesa donde me pareció que el alboroto era más ostensible. Carraspeando ruidosamente para llamar la atención, interrumpí la conversación.

Lo sentimos, mi rubio amigo, pero en estos tiempos no puede uno fiarse de nadie, y menos de alguien como tú

Calzadas romanas en Andalucía (Baetica)

Mapa de las calzadas romanas en Andalucía (Baetica)

–Buenas noches, caballeros, ¿qué se celebra hoy aquí? Disculpadme, pero acabo de llegar desde Hispalis; me dirijo a Corduba para cumplir un encargo de mi señor, Balbo, y me ha sorprendido lo animada que está Carmo. ¿Siempre es así esta bonita ciudad? ¡Tal vez debería pensar en mudarme, entonces! –afirmé, riendo.

Salvo algunas ligeras sonrisas, los parroquianos no parecieron hacerme mucho caso. Pese a ello, me hice un hueco en el banco más cercano empujando ligeramente a uno de los tertulianos, y acomodando mi jarra entre las que poblaban la mesa.

–¿Decías que tu señor es Balbo, el comerciante de vinos? –inquirió tras un breve instante de silencio el individuo situado a mi izquierda, observándome con cierta suspicacia. De mediana edad, delgado y con incipientes entradas en su ralo cabello, sus manos se veían callosas y estropeadas, por lo que supuse que se trataría de algún artesano de la zona.

–Estáis equivocado, señor –aclaré–. Balbo se dedica al comercio de aceite, ¡elabora el mejor producto de todo Hispalis!

El artesano rompió a reír, acompañado por el resto de los comensales.

Se está formando en Corduba un ejército con las milicias de comarca: si Roma no lo hace, seremos los hispanos los que tendremos que defendernos

Anfiteatro romano de Carmo (Carmona-Sevilla)

Recreación del anfiteatro romano de Carmo (Carmona-Sevilla)

–Lo sentimos, mi rubio amigo, pero en estos tiempos no puede uno fiarse de nadie, y menos de alguien como tú, que evidentemente no eres hispano. Pero bueno, has pasado la prueba. ¡Bebe con nosotros! –exclamó, sorbiendo ruidosamente un largo trago de vino.

Me uní a sus risas, y apuré también mi vaso.

–Cuando partí de Hispalis, reinaba la calma en la ciudad. Sin embargo, el ambiente por Carmo es de lo más animado –insistí–. ¿Sabéis qué se comenta por la zona?

–¡Vamos a enviar a esos bárbaros de vuelta a su frío norte! –chilló desde la esquina de la mesa el que parecía el más joven de la reunión–. ¡Aprenderán que esta tierra es nuestra!

–Disculpa a nuestro joven amigo, no sabe beber –intervino el hombre que se sentaba frente a mí–. Mucho me temo que la Baetica se está preparando para recibir a los invasores suevos del norte. Ayer recibimos la noticia de que se está formando en Corduba un ejército con las milicias de comarca: si Roma no lo hace, seremos los hispanos los que tendremos que defendernos. Por lo que sabemos, se ha hecho un llamamiento a todos los hombres de bien para que acudan a defender su tierra, uniéndose al ejército que derrotará al invasor. La noticia se extenderá rápido hasta Hispalis y hacia el oeste, pues corre como el viento. Nos reuniremos bajo la enseña del gran Andevotus. ¡El bravo Andevotus está con nosotros! –prorrumpió en un sonoro grito, y tras vaciar su vaso de vino lo estampó con fuerza sobre la mesa.

No existe nadie más indicado para dirigirnos contra esos salvajes. Andevotus es el que va a enviar a todos los tuyos al infierno

Necrópolis romana en Carmo (Carmona-Sevilla)

Necrópolis romana en Carmo (Carmona-Sevilla)

El resto de comensales reunidos estallaron en gritos similares, y yo no dudé en unirme al alboroto, aunque nunca había oído tal nombre. Cuando las voces se fueron acallando, traté de averiguar más. –Disculpad mi ignorancia, señores, pero como sabéis cuando partí de Hispalis aún no conocíamos esta noticia. No conozco mucha gente más allá de mi ciudad, ¿me podéis contar algo más sobre nuestro paladín, Andevotus?

–Andevotus es el que va a enviar a todos los tuyos al infierno –escupió las palabras el joven del fondo de la mesa, que me seguía dedicando miradas de achispada desconfianza.

–Tranquilo, joven Póstumo; guarda tus ansias para la batalla si eso es lo que deseas. El señor está en nuestra mesa, y será tratado con la debida cortesía –lo interrumpió de nuevo el cabecilla de la reunión. Luego se dirigió a mí–. Perdonad al chico, ya sabéis que la juventud altera la sangre. Póstumo partirá mañana rumbo a Corduba a ponerse a las órdenes del señor Andevotus. Yo, debido a mi edad, no acudiré a la llamada, pero que me valga Jesucristo bendito, ¡si tuviera veinte años menos estaría en la primera línea de combate! Sin embargo, si no me engaña mi juicio, y a pesar de todas las baladronadas que escuchéis, creo que no todos los que sueltan sus lenguas están dispuestos a engrosar las filas del ejército de Andevotus. Póstumo peca de ansioso, pero es valiente y atenderá a su deber. ¡Dios permita que Andevotus consiga la victoria!

Tras apurar nuevamente su vaso –no pude dejar de admirar el aguante que parecía tener ante el vino sin diluir– el hombre continuó hablando, aclarándome por fin algo más sobre tan aclamado personaje.

–El señor Andevotus es un importante terrateniente del este de Corduba, miembro de una antigua familia senatorial de la comarca, y además es un soberbio comandante, con probada experiencia en el campo de batalla. No existe nadie más indicado para dirigirnos contra esos salvajes.

Mientras escuchaba su apasionado discurso, casi no podía dar crédito a sus palabras. Por lo que yo sabía, desde que el pueblo alano y sus aliados en ese entonces habían llegado a las provincias hispanas, no habían encontrado ninguna resistencia organizada frente a su paso, a excepción de las expediciones enviadas desde fuera de las fronteras por el emperador. La idea de un caudillo local que fuera capaz de amalgamar a la sociedad hispana de la Baetica en un pueblo cohesionado y dispuesto a resistir contra el invasor no dejaba de sorprenderme.

Continué aún un rato escuchando las conversaciones que animaban la mesa, hasta que apareció nuevamente la camarera con los dos cuencos de guiso que le había pedido. Me disculpé, levantándome de mi asiento, y me despedí efusivamente de la concurrencia.

Seguiremos por la vía principal, y así acortaremos el tiempo necesario para llevar a cabo nuestro encargo. Pero más nos vale andarnos con cuidado

Necrópolis romana en Carmo (Carmona-Sevilla)

Necrópolis romana en Carmo (Carmona-Sevilla)

Cuando llegué al establo, Sebastián se encontraba acurrucado en un jergón de paja a los pies de la carreta. Me detuve un momento en estudiar las facciones relajadas del chico. Pese a su espíritu aventurero, el chaval me parecía poco más que un niño grande. Las noticias que había oído en la taberna me habían puesto sobre aviso respecto a la situación que nos encontraríamos en lo que nos quedaba de camino. Ojalá el chico nunca tenga que sufrir lo que he visto yo en esta tierra, pensé.

Me aseguré de armar algo de ruido al acercarme a la carreta, para darle la ocasión de incorporarse antes de que yo llegara. Al momento se levantó, esforzándose en aparentar que no se había quedado dormido en absoluto.

–Attax, ¡donde te habías metido! –protestó.

–Estaba buscando algo de comer. Toma, guiso de coles y algo de vino, es lo mejor que tienen en esta casa… salvo si en vez de hambre tienes otras necesidades. –Sonreí, mientras partía una hogaza de pan con la que acompañar el guiso. Resultó que la chica era más atractiva que buena cocinera, pero tampoco estaba tan mal, y por lo menos la ración era abundante.

Sentándome en el suelo al lado de Sebastián, le puse rápidamente al corriente de lo que me habían contado.

–Creo que a partir de ahora no vamos a tener ocasión de aburrirnos en nuestro camino hacia Corduba. Por lo visto, se está formando un ejército en la ciudad para hacer frente a los suevos. –Sebastián abrió mucho los ojos–. Los voluntarios deben de estar ya de camino, por lo que apuesto que durante el resto del trayecto encontraremos el sendero muy transitado. Seguiremos por la vía principal, y así acortaremos el tiempo necesario para llevar a cabo nuestro encargo. Pero más nos vale andarnos con cuidado: a mayor cantidad de gente alrededor, mayor es la probabilidad de que algún rufián intente aprovechar cualquier descuido para aligerar nuestras bolsas. –El chico asintió, mientras devoraba el guiso del cuenco–. Ahora procuremos dormir un poco. Yo haré el primer turno de guardia, y te despertaré cuando llegue el tuyo.

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