Attax ha descubierto en Corduba, la capital de la Baetica, que el admirado Dux Bellorum que dará batalla a los suevos, es en realidad Anderico, más que un amigo de su infancia. Pero le esperan más sorpresas en la villa del Dux, alguien que puede permitirse el lujo de llamarle "alano llorón". Sebastián se sorprende de lo poco que conoce las andanzas de Attax:


Por JOSÉ ZOILO HERNÁNDEZ

El alano, las cenizas de Hispania

Cuarta entrega.


CAPÍTULO IV

Una vez descargada la mercancía y arreglada la entrega con el mayordomo del obispo, nos dejamos guiar por la pareja de guerreros hasta la mansión que nos había indicado Anderico. Durante el camino, nos enteramos de que se trataba de la residencia que utilizaba el Dux Bellorum cuando pasaba tiempo en la ciudad, pues generalmente vivía en su villa de las afueras, situada a dos días de camino desde Corduba en dirección este, hacia Acci.

Ascendimos hacia la parte más elevada de la ciudad, yo a pie con los dos guerreros, y Sebastián guiando el carro desde el pescante. Cuando llegamos al edificio indicado, me pareció una construcción magnífica: vetusta, pero majestuosa. Al igual que en la casa del obispo, una serie de guardias protegían la verja de entrada al edificio. Uno de ellos nos dio el alto, hasta que al acercarse reconoció a la escolta y se dispuso a franquearnos el paso.

–¿Quién os acompaña hoy, muchachos? –preguntó mientras se encargaba de abrir la verja.

–Amigos del Dux –respondió uno de ellos mientras nos señalaba con la cabeza–. Ve a buscar a Gelimer, el patrono quiere que descansen en la villa hasta que él llegue para la cena.

Una voz atronadora me hizo volverme, con una sonrisa

Atrio de villa romana

Recreación 3D del atrium de El Ruedo - Almedinilla (Córdoba)-Proyecto Fénix:  almedinilla3d.ihman.com/

Al oír el nombre de nuestro anfitrión, se desató por fin el nudo que sentía en mi garganta desde que Anderico me prometiera felices reencuentros. Apreté el paso, mientras Sebastián entregaba el carro al cuidado de unos mozos que se ofrecieron a ocuparse de él. Corrió para alcanzarme mientras yo me dirigía hacia el amplio atrium que se abría para recibirnos a la entrada del edificio. La estampa que se desplegaba ante nosotros resultaba muy bella: el patio de columnas estaba esmeradamente cuidado y profusamente adornado. Se encontraba cubierto de exuberante vegetación en toda su superficie, y en varios sitios podían verse las distintas conducciones destinadas a llevar el agua hacia el edificio, en tanto que una pequeña fuente de piedra tallada con figuras de animales refrescaba el ambiente.

Una voz atronadora me hizo volverme, con una sonrisa.

Sabía que cualquier leve brillo en mis pestañas me aseguraría ser el objeto de las chanzas de Gelimer durante toda la velada

Villa de El Ruedo

Villa romana El Ruedo - Almedinilla (Córdoba)

–¡Por los clavos de Cristo, es verdad, el alano llorón ha vuelto! ¡Ven aquí, mocoso! –el enorme guerrero rubio se dirigió hacia mí–. No me lo podía creer –añadió–: cuando Anderico me envió un mensajero avisándome de tu llegada, pensé que por fin había acabado por volverse totalmente loco. ¡Ven aquí, muchacho! –me recibió con un fuerte abrazo que hizo crujir mi espalda.

Cerré los ojos con fuerza porque tantas emociones amenazaban con desbordarme, y sabía que cualquier leve brillo en mis pestañas me aseguraría ser el objeto de las chanzas de Gelimer durante toda la velada. Sin embargo, al separarme de su abrazo comprobé, divertido, que también sus ojos revelaban una profunda emoción. Aún sujetándome por los hombros, me miró de arriba abajo, sonriente.

–Pues sí que has crecido, chaval. –Reconoció, pensativo–. ¿También tienes ahora más seso, o sigues corriendo detrás de las primeras faldas que se agiten ante tus narices?

–Gelimer –exclamé–, todavía no me lo puedo creer. Amigo, ¡te hacía al otro lado del mar! ¡Y, por descontado, a Anderico también! Y te encuentro paseándote por el jodido atrium de una mansión romana. Y eso es lo de menos, ¿cómo debo llamarte ahora? ¿También te has cambiado de nombre? Tenéis que contarme muchas cosas, ¡muchísimas!, porque ya me explicarás cómo es que ahora me encuentro ante el Dux Bellorum y su lugarteniente… ¡Es para volverse loco!

Anderico va por ahí presumiendo de su compromiso con la fe cristiana, aunque yo sé que en el fondo todo eso le deben parecer paparruchadas

Recreación 3D de el patio de El Ruedo - Almedinilla (Córdoba)-Proyecto Fénix:  almedinilla3d.ihman.com/

Gelimer rió con ganas.

–Deberías haberte convertido a la verdadera fe, como te dije en su momento, zagal. Eso te permitiría entender que hay cosas que sin duda escapan a nuestro entendimiento. –Soltó su pesado brazo sobre mi hombro–. Dime, ¿aún sigues clavando tu espada en la tierra cuando tienes problemas? ¿Sigues siendo tan jodidamente hereje como tus padres?

–No hables tan alto, amigo mío; hay otras personas que dirían que tú también eres un hereje. Donde vivo, en Hispalis, muchos estarían de acuerdo en que tú eres incluso más abominable que yo: al menos yo soy un bárbaro inculto, pero tú eres un hereje arriano que, aun conociendo las escrituras de Dios, osas poner en duda algunos de sus misterios.

–El credo arriano se ajusta mejor a una mente sencilla como la mía. Anderico, que debe ser bastante más capaz que yo, se codea con obispos cristianos, y si tiene que adorar a la santísima Trinidad, pues la adora. Por lo que a mí respecta, a nuestro pueblo ya le costó bastante aceptar al único Dios verdadero, como para que ahora me vengan con que hay tres, que además son el mismo. ¿Cómo pretenden que entienda eso, que a cualquier persona sensata le parece una patraña? Creo que los propios cristianos tienen que saber que les están tomando el pelo, que es un truco de los obispos para hacer sentirse idiotas a los demás. Pero bueno, como bien dice Anderico, ahora mismo tenemos una posición que defender dentro de la provincia, y todos los apoyos son pocos. Las familias aristocráticas de la zona son muy puñeteras, y para ellos la religión no es una opción. Así que Anderico va por ahí presumiendo de su compromiso con la fe cristiana, aunque yo sé que en el fondo todo eso le deben parecer paparruchadas.

Sin duda he nacido para ser rico –exclamé, mientras me introducía lentamente en la piscina de agua caliente, disfrutando de la sensación del cálido líquido sobre mis músculos cansados–

Recreación 3D termas de El Ruedo - Almedinilla (Córdoba)-Proyecto Fénix:  almedinilla3d.ihman.com/

Mientras Gelimer hablaba, se acercó a nosotros una joven cargada de toallas, que permaneció en silencio a nuestro lado hasta que éste concluyó con sus disertaciones.

–Bueno, viejo amigo; chaval –dirigió un leve cabeceo hacia Sebastián, al que aproveché para presentarle. Cuando el vándalo le estrechó la mano, mantuvo una sonrisa forzada, aunque bien sabía yo que las efusiones de Gelimer debían de haberle dejado los nudillos doloridos–. En unas horas estará aquí Anderico. Os voy a dejar a ti y a tu joven amigo para que toméis un baño relajante en las termas de la casa, y luego Julia os proporcionará ropa limpia para ambos. Descansad, pues os advierto que esta noche será muy larga.

La chica nos condujo por uno de los pasillos que salían del atrium, a través de distintas estancias, hasta que llegamos a las termas. Sebastián nunca había visto ningunas, yo sí había tenido ocasión, pero nunca había visto unas privadas, y mucho menos las había utilizado. La joven nos mostró la piscina de agua caliente y la de agua fría, dejándonos un par de toallas en uno de los bancos, y nos indicó, con voz suave, que cuando acabásemos el baño, encontraríamos nuestras nuevas túnicas en la habitación contigua.

–Sin duda he nacido para ser rico –exclamé, mientras me introducía lentamente en la piscina de agua caliente, disfrutando de la sensación del cálido líquido sobre mis músculos cansados–. Ven, Sebastián. No tengas miedo, ¡no te vas a ahogar!

–¿Estás seguro? Nunca me he metido en algo con tanta agua. ¿No tienen por aquí una buena tina, como las del patio de Villa Balbina? ¿Quién necesita tanta agua para lavarse?

–Vamos, no seas cobarde y métete en la piscina. Solo tienes que ocuparte de mantener la cabeza fuera del agua la mayor parte del tiempo. ¡Esto es la gloria!

Attax, mientras te escucho hablar me doy cuenta de lo poco que conozco de tu vida. Estás lleno de historias, ¡y de cicatrices!

Baños romanos de Bath (Reino Unido)

Baños romanos de Bath (Reino Unido)

Por fin el chico se decidió a acercarse, y se fue metiendo lentamente en el agua, manteniendo el cuello bien estirado. La placentera sensación del agua caliente acabó por relajarlo, y tardó poco en ponerse a chapotear suavemente, mientras observaba atento las ondas deslizarse por la superficie. Tras ver como me sumergía, probó incluso a meter la cabeza debajo del agua, tapándose la nariz con los dedos.

–Silas no se lo va a creer cuando se lo cuente. Un baño, ¡y nada menos que en casa del gran Andevotus! Espero que para cuando lleguemos ya se haya extendido hasta Hispalis la noticia de su reputación. ¿Y quién es el gigante que nos recibió? Attax, me has contado historias sobre los fieros osos que abundan en el frío norte, ¿es que acaso se mezclan en los linajes de los hombres para que nazcan tales guerreros?

–Anderico y Gelimer son reputados guerreros entre los vándalos. Pasé con ellos algunos años, y nos separamos cuando su pueblo se disponía a atravesar las columnas de Hércules hacia las provincias africanas. Lo que aconteció desde ese entonces hasta este día es algo que espero que me puedan narrar esta noche.

–Attax, mientras te escucho hablar me doy cuenta de lo poco que conozco de tu vida. Estás lleno de historias, ¡y de cicatrices! –señaló, riendo, las marcas blanquecinas que cruzaban mi torso. Luego su expresión se volvió algo más seria, pensativa–. Llevo años viéndote entre cosechas y ánforas, y de algún modo, tras unas pocas horas entre guerreros del norte, parece que encajes más aquí que en cualquier otro lugar.

Accedí a relatar mi historia a Sebastián, esperando que hablar me ayudase a ordenar mis ideas

Dormitorio villa romana El Ruedo

Recreación 3D dormitorio de El Ruedo - Almedinilla (Córdoba)-Proyecto Fénix:  almedinilla3d.ihman.com/

Su reflexión me sorprendió. Yo mismo apenas deseaba reconocer lo revueltos que andaban mis pensamientos desde mi reencuentro con los vándalos. Accedí a relatar mi historia a Sebastián, esperando que hablar me ayudase a ordenar mis ideas. Antes de comenzar, le advertí:

–Ni una palabra de esto cuando lleguemos a Hispalis, ¿eh? Tienes que prometérmelo; el Attax que tienes ahora ante ti es otra persona, ¿de acuerdo? –ni siquiera yo estaba seguro de eso.

–Tienes mi palabra. Lo juro por lo más sagrado –respondió, solemne, Sebastián.

–¿Recuerdas lo que te conté el otro día? –comencé–. Los vándalos, junto con los restos de mi pueblo, huíamos ante el ataque de los romanos de Astirius en los montes Ervasios. Los guerreros hicieron frente a la ofensiva romana formando un apresurado muro de escudos que permitiera a sus familias escapar hacia el sur con sus escasas pertenencias. Fariban habló unos minutos con los ocupantes del primer carromato que pasó por delante de nosotros, me acomodó entre los enseres que lo atestaban, y sin perder un minuto en despedirse agarró sus armas y corrió a formar en el muro de escudos. Fue la última vez que lo vi.


Esta es la última entrega de El alano