Berta, la protagonista femenina de Cartas a una extraña, acaba de llegar a la casa de su madre recién fallecida. Los recuerdos y ciertos olores la paralizan.

Sigue leyendo este best-seller y disfruta de los escenarios reales que inspiraron a Mercedes Pinto:

"Una repentina sacudida me paralizó justo en el centro del recibidor, desde el que se veía parte del salón, que tenía las dos puertas de la entrada de par en par. Me llevé la mano al pecho mientras Teresa huía pizpireta y feliz hacia la cocina".


Por MERCEDES PINTO

Cartas a una extraña

Segunda entrega


Dejé mi maleta en la entrada dispuesta a seguirla. Hasta ese momento solo me había encontrado con la cara amable de mi pasado: Teresa. No obstante, tenía los pies sobre la entrada al pasaje de los horrores, así que me felicité por haber sido capaz de superar la primera prueba.

Pero una repentina sacudida me paralizó justo en el centro del recibidor, desde el que se veía parte del salón, que tenía las dos puertas de la entrada de par en par. Me llevé la mano al pecho mientras Teresa huía pizpireta y feliz hacia la cocina. A lo lejos, como en lontananza, escuchaba el menú de la cena. No podía avanzar, ni contestar a sus palabras. Buscaba un punto de apoyo, me ahogaba, era como si una bola de paja pestilente me obstruyera las vías respiratorias. Tardé unos segundos en comprender el motivo de mi espantosa angustia, justo hasta el momento en que respiré hondo y se colapsaron mis pulmones. Busqué la pared más cercana y arrastré mi espalda sobre ella hasta sentarme en el suelo. En ese momento apareció Teresa con una bandeja entre las manos; casi tropieza con mis pies.

"Ha sido su olor, Teresa… ―conseguí decirle aprovechando un resuello―. Me ha llegado a las entrañas y casi me ahoga."

Playa de Saúl en Mensajes desde el Lago

La playa donde Saúl pintó uno de sus cuadros más emblemáticos, junto a Nadia

―¡Ay, ay mi niña! Estás blanquita, hija. ¿Qué tienes? ―preguntó nerviosa, a la vez que dejaba la bandeja de los aperitivos sobre el aparador.
―Ha sido su olor, Teresa… ―conseguí decirle aprovechando un resuello―. Me ha llegado a las entrañas y casi me ahoga.
―Vaya por Dios, vaya por Dios… ―. Venga, apoya la cabeza entre las piernas. Estás helaíta―, decía mientras me acariciaba la frente―. Voy a por un vaso de agua. Virgen santa, qué susto me has dado ―iba relatando.
Tardó unos segundos.
―Toma, bebe. ¿Estás mejor? Ya parece que te vuelve el colorcillo. Si es que está todo caliente todavía… Vamos a la terraza.

"Me ha impresionado hasta qué punto esta casa sigue oliendo a ella, no ha sido solo el olor, sino todo lo que significa, ha sido como respirar su esencia, mis peores recuerdos."

Escenarios reales: embarcadero donde trabajó Saúl

Algo más recuperada, cogida de su brazo, salimos al jardín; la tarde lucía especialmente agradable. Supe que era el momento de abordar el tema que me había hecho regresar, pero ninguna de las dos se atrevía a romper el silencio. Por fin, habló Teresa:

―Ya veo que hay cosas que no han cambiado, sigue produciéndote fatiga el olor de su perfume.
―Me ha impresionado hasta qué punto esta casa sigue oliendo a ella, no ha sido solo el olor, sino todo lo que significa, ha sido como respirar su esencia, mis peores recuerdos.
―He preparado tu cuarto, imagino que te quedarás a dormir ―decidió dar un giro a la conversación, no le gustaba que hablara mal de mi madre.
―Esa era la idea, aunque ya no estoy tan segura de querer quedarme…
―Está como lo dejaste.
―Ya. Qué rica está tu ensaladilla rusa, y las croquetas… Hmmm…

 

Escenarios reales: Mercedes Pinto, ante el ordenador, en el lugar donde Saúl escribió sus cartas a una extraña

La escritora Mercedes Pinto escribe su novela en el lugar donde Saúl, el protagonista masculino de Cartas y Mensajes desde el Lago, escribía cartas a su amor lejano. Desconocía entonces que las recibía una extraña.

―Cuéntame, mi niña, ¿qué has hecho todos estos años? ¿Te has casado? ¿Tienes novio? Llevo tanto tiempo sin saber nada de ti…
―Comencé fregando platos en un restaurante, poco a poco fui ascendiendo y ahora es mío. Ese es mi trabajo, dirigir uno de los mejores restaurantes de Londres. Y no, ni novio, ni marido, ni hijos… Vivo sola en mi apartamento, solo vivo para mi negocio.
―Cuánto me alegra que te vaya tan bien, y yo pensando en mil historias… ¿No quieres saber cómo pasó? ―me preguntó, quería ponerme al corriente cuanto antes, más por obligación que por interés.


Continúa la próxima semana


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