El autor de El Duque del Altozano, Fernando Cotta, echa mano en este artículo de la sátira para hablarnos de poner las cosas en su sitio. O sea al César lo del César y a Dios lo suyo. O lo que es lo mismo A oídos sordos, zanahorias a la frente.

Solo hay una manera de evitar que la tomadura de pelo no sea tan grande, ¡de ella tampoco nos vamos a librar!


Por Fernando Cotta


Estoy seguro que habrá quien incluso se pregunte, ¡para qué las zanahorias!, ¡rediez que sí!, no usted querido lector o lectora, sino quien no utiliza los ojos o sus pabellones auditivos para percatarse de la endemoniada realidad.

Buscamos equidad en la sociedad, pero cuando hay que dar el callo, volvemos la vista atrás. Algo así como …, ¡seguro que lo solucionarán! Y no, no son las adecuadas maneras de prosperar en un mundo cada vez con menos sentimiento, donde las personas estamos empezando a ser meros billetes enumerados y una gran mayoría, seremos, si es que ya no lo somos, ¡la hipócrita minoría!

Acabar con la corrupción será un caso imposible si no alzamos la voz para que de una vez por todas, los jueces de todos los tribunales sean en verdad elegidos por sus propios compañeros y no, por los políticos.

Es por ejemplo el nombramiento de los últimos cargos al Tribunal Supremo, antes afiliados a un partido político, y no digo cual, porque unas veces le toca a uno y otras al que entra y se queda, es el ping pong del cotidiano panorama actual.

Solo hay una manera de evitar que la tomadura de pelo no sea tan grande, ¡de ella tampoco nos vamos a librar!, pero…, hay que presionar a los diferentes gobiernos para que de una vez por todas entiendan que el estado somos todos, ellos los que gestionan el país y nosotros los que si merecen la pena, ahí les colocamos. Para eso hay que ser imparcial en todos los sentidos, algo imposible en estas Españas, pero que poco a poco y a medida que nos vamos perdonando el cataclismo del 36 y la dictadura, vamos observando otros países, en los que ser acólito a un partido político es tener pocos sesos.

Por ello no me casquen en demasía, que si analizan frialdad la melodía, se darán cuenta que las consecuencias son el resultado de lo que no hacemos, o en su defecto, de lo las decisiones siempre partidistas.

Amor, no sexo, y la mejor ironía, al servicio de la literatura picaresca