Donde habita el miedo es una novela intimista, esperanzadora y reveladora

Bien escrita, muy bien contada y sobre todo, no apta para lectores estresados

“El miedo, ese gran pasajero sin billete que se había colado en la vida de Teresa allanándola vilmente”


Maite R. Ochotorena: ‘Donde habita el miedo’


Bien escrita, muy bien contada y sobre todo, no apta para lectores estresados o con prisas. A Maite R. Ochotorena le gusta tomarse sus tiempos. Disfrutarás más en la medida que permitas que la historia de Teresa tome posesión de tus sentidos y de tus propios miedos interiores. Lo saborearás mejor en la medida que consientas que los paisajes cobren vida ante tus ojos y el frío cale tus entrañas mientras el miedo paraliza tus huesos. Así que escoge tu rincón preferido, prepárate una buena infusión, un coñac o cualquier elixir que te relaje, y déjate llevar por su lectura.
‘Donde habita el miedo’ es una novela intimista, esperanzadora y reveladora.
Intimista, ¿porque detalla con sensibilidad los sentimientos, los pensamientos, las pesadillas y las alucinaciones de una mujer torturada, menospreciada, ninguneada?
Esperanzadora, ¿porque hasta cuando el miedo te paraliza y anula tu personalidad, puede haber una segunda oportunidad?
Reveladora, ¿porque Maite ha depurado su estilo, lo ha mejorado sustancialmente y está construyendo una narrativa contemporánea con un sello propio?
Solo tú puedes contestar a estas preguntas, pero para ello tendrás que leer la novela. Podría responderlas pero serían mis respuestas. Y sinceramente creo que con ‘Donde habita el miedo’ Maite te hace un regalo que no deberías desaprovechar. Yo no lo he hecho.

Donde habita el miedo, de Maite Ochotorena

“El miedo es irracional, y se alimenta de la duda, de la inseguridad y de la soledad. El miedo, ese gran pasajero sin billete que se había colado en la vida de Teresa allanándola vilmente, creció en su interior como una enfermedad vírica dominando su sistema nervioso. Lo hizo a pesar del agotamiento que padecía y que en los últimos meses la había estado obligando a acostarse temprano y dormir durante al menos diez horas… o a mantenerse desvelada sin remedio; lo hizo a pesar de la linterna, inútil para hacerle sentir más protegida dentro de su círculo de luz… Se instaló con fuerza en su fuero interno y lo llenó todo de sombras.

Empezó a asfixiarse, incapaz de desterrar sus propias sombras.

Iluminó con la linterna la zona donde pensaba dormir. La luz que proyectaba, directa y dura, le hizo sentir como un personaje solitario en medio de un escenario, con los focos fijos en ella, acentuando su percepción de unidad, su yo en medio de la nada, alienado y extraño. Si pasaba algo, no tendría a dónde huir, ni podría llamar a nadie para que acudiera en un tiempo récord a consolarla y hacerle compañía… o a salvarla de su pesadilla. ¿La había dejado realmente atrás? No, la llevaba consigo, profundamente instalada en su sistema nervioso, dominando su voluntad, férreamente.

Lo peor de todo era que aquel aislamiento lo había escogido ella. Ella, Teresa, había decidido trasladarse allí, al culo del mundo, donde no había un alma, donde sólo los búhos, y tal vez algún jabalí o gato montés, aparte de los ratones, arañas y demás, tendrían a bien visitarla”.

 


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