El retorno infinito es una novela de ciencia ficción original, muy atrevida y estupendamente resuelta donde van a intervenir ilustres viajeros del tiempo y un joven aparentemente normal que deberá corregir ciertos “errores” del destino.


Leno Bermúdez aplica en El retorno infinito giros insospechados para el lector, “sorpresas” históricas de ilustres viajeros del tiempo, buenas y originales notas de color.


Leno Bermúdez: ‘Destino: El retorno infinito’


El retorno infinito es una novela de ciencia ficción original, muy atrevida y estupendamente resuelta.
Quizás el planteamiento de la novela, el arranque de la historia, parezca un poco lento –sobre todo a aquellos que están acostumbrados a ritmos narrativos extremadamente trepidantes–, pero merece la pena desplegar un poco de paciencia para poder entender posteriormente todos los matices del desarrollo de la historia y de sus personajes.
Defiende una teoría del tiempo muy interesante: un tiempo infinito y circular, pero también paralelo. No puedo dar muchos detalles para no generar spoiler. Reconozco que no soy un especialista en las teorías cuánticas, pero a pesar de las apariencias tengo la sensación de que este retorno infinito no entra en contradicción con los “paralelismos” del tiempo de las ondas gravitacionales de Einstein. Más bien lo refuerza y lo convierte en más comprensible para todos los mortales. Lo que te lleva sin apenas esfuerzo, casi como un acto reflejo, a re plantearte desde otro prisma el sentido del Destino con mayúscula.
Hago hincapié en esto para poner en valor la originalidad de esta novela. Buena ciencia ficción bien trabajada. Pero no te engañes no es una obra pesada. Al contrario resulta ágil y dinámica, y despliega un buen lenguaje, una buena estructura y mucha acción. Leno Bermúdez además aplica al relato giros insospechados para el lector, “sorpresas” históricas de ilustres viajeros del tiempo, buenas y originales notas de color.
Es la primera novela de Leno Bermúdez, un autor uruguallo muy interesante. Una vez más he me ha conquistado uno de esos buenos autores que encuentras en ese inmenso bosque de los auto-publicados. Resulta gratificante. Si además tuviera refuerzo editorial, le veríamos compartir estantería en las librerías como los recomendados del género. Un fragmento literal de El retorno infinito de un momento muy especial de la novela:


Leno Bermúdez, en El retorno infinito

“Encontrándome a corta distancia de mi destino, me invade una sensación difícil de explicar, un sexto sentido que advierte una presencia, un algo.
En el momento en que detengo mi marcha en seco, pongo máxima atención, y veo de nuevo el golpe de luz instantáneo; esta vez es tan fuerte que se refleja en la cabaña y en el automóvil; parecido al potente flash de una cámara fotográfica que se disparó a mis espaldas. Giro el cuerpo y logro ver un animal herido, o muerto, en la orilla del sendero, a unos cuantos pasos, por donde acabo de pasar.
—¿Cómo no lo vi si acabo de pasar por allí? —Me pregunto mientras corro en su auxilio—. No es un animal, es un hombre —exclamo, y tras un segundo de pánico, comienzo a correr a toda mi velocidad.
—Amigo, ¿qué pasó?, ¿te encuentras bien? —interrogo impresionado, al mismo tiempo que me inclino frente a él y noto que se encuentra moribundo.
La herida que toma gran parte de su pecho, y algo del rostro, le hace perder mucha sangre; la misma tiñó su ropa de rojo, pero no me impide notar su particularidad; es parecido a un traje de neopreno negro mate. Lleva una especie de casco, pero no puedo describirlo bien, está destruido. En su antebrazo izquierdo, desde el codo, y hasta la muñeca, es diferente, la tela parece más rígida, casi plástica; su color también es negro, pero con un tono un poco más oscuro que el resto; no están los dibujos en forma de pequeños panales que veo en el resto; en su lugar observo números y letras en color azul luminoso, como de neón.
—¿Cómo te llamas?, ¿De dónde has salido?, ¿Qué te ha pasado? —insisto mientras con mi remera intento detener sin éxito la hemorragia de su pecho.
—Debo entregarte algo —dice con dificultad, mientras se esfuerza por respirar.
—No hables, no hables, buscaré ayuda —advierto incorporándome para ir en busca del automóvil.
El desconocido toma mi brazo con firmeza.
—No hay tiempo, no hay otra forma —balbucea escupiendo sangre—. Tu destino es tuyo; manéjalo con inteligencia —agrega tocando los números luminosos”.


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