Quizás si al maestro Martin Scorsese le da por bucear entre los jóvenes valores de la nueva literatura española, encuentra en Tras tu rastro a Una de las nuestras


Aeryn Anders: ‘Tras tu rastro’ y ‘Vindicta’


Un cuarto de romance, una pizca de erotismo picante, algo de sexo y mucha pero que mucha aventura, y ya está lista para disfrutar. Puedes degustarla plácidamente mientras paladeas cada capítulo o devorarla con una gula desesperada si te dejas llevar por su ritmo narrativo. Pero cuando termine el primer plato: “Tras tu rastro”, el cuerpo te va a pedir que digieras inmediatamente el segundo: “Vindicta”.
Andrea es una heroína de estos tiempos turbulentos donde una persona normal puede verse envuelta en una situación desesperada y violenta. Y así pasar de ser una joven brillante con una vida en la que luce una buena estrella, a iniciar una carrera desesperada entre hombres sin escrúpulos que quieren su cabeza a toda costa. Una joven con valores y capacidad de sacrificio, que defenderá a su familia por encima de su propia vida, pero que caerá en las garras de un amor, el amor de su vida, que ha puesto precio a su cabeza.
Al final ni los malos son tan malos, ni los buenos tan buenos. No hay más que poner a una persona en una situación límite para extraer de ella o lo más miserable o lo más generoso. La historia de superación de Andrea, el personaje principal, resulta sorprendente. Pero el elenco de personajes bien definidos que la acompañan, tampoco se queda atrás.
No sé, quizás, si al maestro Martin Scorsese le da por bucear entre los jóvenes valores de la nueva literatura española, encuentra en Tras tu rastro’ a ‘Una de las nuestras’.
Me gusta esta escritora con nombre americano: Aeryn Anders, pero que en realidad esconde a una chica de Murcia que escribe bastante bien y que brilla con luz propia en este inmenso jardín de autopublicados.

Aquí os dejo un fragmento textual de Tras tu rastro. Por cierto, un momento bastante comprometido para la protagonista:

“Me quedo de piedra al escuchar el apellido de Enrico, me he enamorado de la persona que puso precio a mi cabeza. Días atrás, recibí un mensaje de Isa en el cual me comunicaba que Fabio no era el hijo de Mauro Bianchessi, sino su sobrino, lo que nos dejó la incógnita de saber si al final su primogénito estaba en España o no. Acabo de salir de dudas.
Las voces se convierten en ecos lejanos, mi mente comienza a imaginar lo que ocurriría si Enrico se entera de la verdad, ¿sería capaz de matarme al saber que es a mí a quién busca tantos meses? La idea de que esté conmigo para cerciorarse de que soy yo a quien persigue cruza mi mente asustándome.
—Andrea —escuchar mi nombre de su boca consigue sacarme momentáneamente del trance en el que me hallo. Lo miro de soslayo, lo que encuentro es una mirada verde preocupada—. Andrea, cariño, ¿te encuentras bien?
Lo miro sin poder apartar la vista, sé que debo contestar pero las palabras se encuentran atascadas en la garganta, lo único que puedo hacer es asentir con la cabeza.
Sus manos me agarran con suavidad los hombros.
—Cariño, me empiezo a preocupar. ¿Seguro que te encuentras bien? No me gusta el color de tu cara, estás pálida.
Sacudo la cabeza, con el movimiento negativo intento despejar las incógnitas que me rondan.
—Sí. —Hago una pausa para aclarar la voz, no deseo que suene tan ronca—. Es un leve mareo, nada de lo que preocuparse —comento y clavo mi mirada en la suya—. Si me disculpáis, voy al servicio a echarme un poco de agua, me vendrá bien.
Noto las miradas de ambos hombres clavadas en la espalda, intento creer que son de preocupación y no porque se percatan de mi reacción. No avanzo dos pasos cuando Enrico se coloca junto a mí.
—Te acompaño. —Se apresura a decir a la vez que me sujeta con suavidad del codo.
Detengo mi caminar, antes de encararlo prefabrico una sonrisa.
—No puedes entrar al lavabo de señoras.
—¿Quién lo dice? —responde serio. Al ver mi gesto suaviza el tono—. No pienso dejarte sola, me preocupa tu palidez.
De nada sirve que proteste, al final se sale con la suya y me acompaña al interior del aseo. Por lo menos, tiene el detalle de dejarme intimidad al acceder al cubículo cerrado. El momento de soledad lo dedico a analizar la situación que me rodea, los nervios afloran de nuevo convirtiéndome las piernas en gelatina, tengo que apoyarme en la pared para no caer. Estoy enamorada de uno de los mafiosos más peligrosos que existen, el mismo que ordenó mi caza costase lo que costase.
¿Cómo se supone que voy a salir indemne de esta peligrosa situación en la que yo misma me he puesto? Las lágrimas cobran vida propia sin poder evitarlo, mi imagen envuelta en sangre se me graba a fuego en la mente. Los golpes provocados por la mano de Enrico en la puerta me alertan.”


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Tras tu rastro, de Aeryn Anders¿Qué harías tú si descubres que has ordenado matar a la mujer que amas?

Un thriller que tardarás mucho en olvidar ¿Puede pesar tanto una decisión hasta el punto de cambiar el rumbo de tu vida? ¿Serías capaz de arriesgarlo todo por el bien de tu propia familia?

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