El dragón y la rosa. La huida frustrada.

Fidel ha sido testigo mudo de cómo, a la hora de la siesta, un forastero arroja un cuerpo inerte al agua desde el puente. Pero las cosas se ponen peor cuando se topa con él, de nuevo en solitario. Lo peor es que su pandilla, con los que se escapa al río mientras todos duermen, no le creen y empiezan a tacharle de loco.