«Hoy la lluvia se ha cebado en mi ventana, y en la casa de enfrente, he visto a una mujer desnudándome el alma…»

«Pasa un coche y pasa otro y en la tienda de enfrente solo asoma un alma solitaria, la del dueño, un hindú de pequeña estatura»

 


LA ESCRIBIDORA (LOS RELATOS DORMIDOS)

Por Gudea de Lagash


SEGUNDA ENTREGA. Y EN LA VENTANA…


Hoy llueve en mi ventana. Las gotas de lluvia se estrellan y resbalan entre las lamas de la mallorquina del frío pvc, que hoy tan de moda está; dejamos a un lado la cálida madera, para vestirnos las fachadas con ese estupendo material al que no altera ni la lluvia ni el sol. Hoy llueve en mi ventana y el polvo acumulado corre en regueros zigzagueando entre las lamas, en un viaje a donde lo quiera llevar… Y miro por mi ventana la calle desierta de gente, nadie en los soportales, ni cruzando la calzada, ni en los bancos, ni aceras; solo coches. Las mesas de los cafetines con sus sillas de colores, permanecen vacías, consecuencia lógica de la lluvia que cae, pero no tan lógica al parecer, para el dueño de cada uno de los locales, puesto que han marcado el territorio como cada día, con ese mobiliario de colores quizá para no ver tan menguado el negocio en este día de lluvia, o tal vez para que el agua arrastre el polvo acumulado de tantas batallas diarias. Pasa un coche y pasa otro y en la tienda de enfrente solo asoma un alma solitaria, la del dueño, un hindú de pequeña estatura, de traje oscuro y que usa unas gafas cuanto menos sicodélicas, que observa la calle con aire aburrido. Y mira a un lado y mira al otro, custodiado por unas decapitadas y manidas mujeres, de cartón piedra, que aunque las haya vestido con la fina tela de un rojo amapola, cuajada de falsas monedas, no moverán sus caderas al ritmo de la música que sale de la tienda, porque la danza del vientre necesita sensualidad y la sangre a cuarenta grados Celsius.
Vuelvo la vista al teclado y algo me hace volver a mirar hacia la calle… y me fijo en una de las ventanas de la casa del cartel de se vende en la que habita ese ser humano al que nunca he visto, pero sé que está ahí, porque tiene la persiana de la enorme cristalera a cinco cuartas del suelo. Y a cinco cuartas sigue. Paso la vista por la ventana contigua y veo a una mujer delgada con gafas, que me observa mientras fuma un cigarrillo… ¡Por fin te veo ser humano! ¿Pero qué me pasa? ¿Por qué esquivo tu mirada?, será porqué me siento observada… Hoy llueve en mi ventana y las gotas de lluvia pegan con fuerza en mi cristal arrastrando el polvo acumulado, que con tanto celo yo dejé posar… Hoy la lluvia se ha cebado en mi ventana, y en la casa de enfrente, he visto a una mujer desnudándome el alma…

CONTINÚA LA SEMANA QUE VIENE

EN LA ENTREGA ANTERIOR…

Búscame en el invierno cuando no esté en la cocina

‘La escribidora’ inicia una nueva etapa de El folletín


CONSIGUE LA VERSIÓN DIGITAL DE LOS RELATOS DORMIDOS DE LA ESCRIBIDORA 

LIBRERÍA DESEOS, SOLO BUENA LITERATURA

La escribidora, Gudea de Lagash

 

46 relatos cortos llenos de sensualidad, emoción, humor, ternura y vida, basados

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