Un dia de otoño, relato de La escribidora

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«Y hoy ha llegado la lluvia de la mano del viento del norte, del sur… que más da.
Y hoy he guardado en un cajón las luciérnagas de IKEA, que adornaban las macetas de mi pequeño jardín.
Unas cuantas margaritas, un par de ciclámenes, el hibisco, los geranios algo pochos; la hortensia de Marisol, la otra también…
Las calas en su rincón.
La adelfa en el macetón y el jazmín en la tinaja trepando por la baranda.»

LA ESCRIBIDORA (LOS RELATOS DORMIDOS)

Por Gudea de Lagash

OCTAVA ENTREGA. UN DÍA DE OTOÑO.

Ilustración original de JESÚS RUIZ FUENTES, del relato “Un día de otoño”.

Y hoy ha llovido lo que le ha dado la gana; bueno hoy, ayer y anteayer. Y con la lluvia ha llegado el viento frío de no sé donde, porque una no sabe ni papa de meteorología; con deciros que no sabe ni los puntos cardinales… porque qué más dará si el sol sale por un lado, o por el otro si lo que importa es que salga, o que la luna está en cuarto creciente o menguante, si lo que tiene que hacer es lucir su redondez como una piruleta de limalimón. Y hoy precisamente que no acompaña el tiempo, nos ha dado por podar un par de ramas del cocotero, que estaban incordiando a la chorisia, un extraño y bello árbol de tronco grueso y espinoso cuajado de flores amarillas, que duran un solo día y te ponen el patio perdido. No había otro momento ni otro día del año para hacerlo y al parecer para la Escopetilla, mi madre, tampoco, porque se ha marchado tan pancha a pasear a la calle, con la batola de estar por casa y supongo que con algunos chinorrios en los bolsillos, para que el viento no volara con ella al más puro estilo diablo Cojuelo. Luego nos hemos ido a comer, comida sana, al Foster Hollywood ¡Ja, ja, ja! con nuestro hijo mayor tan querido; un alma buena y amable a la que Dios le asignó el deber de preocuparse por toda la familia. Un chico guapo, he de aclarar que no tengo ninguno feo ni corto de inteligencia, de mirada noble y sonrisa dulce, algo así como un oso amoroso…

Y hoy ha llegado la lluvia de la mano del viento del norte, del sur… que más da.

Y hoy he guardado en un cajón las luciérnagas de IKEA, que adornaban las macetas de mi pequeño jardín.

Unas cuantas margaritas, un par de ciclámenes, el hibisco, los geranios algo pochos; la hortensia de Marisol, la otra también…

Las calas en su rincón.

La adelfa en el macetón y el jazmín en la tinaja trepando por la baranda.

Encima de un escabel de madera muy gastada, que encierra más de un recuerdo de mi padre, Ojos de Gato, “un enano de la Blanca” guarda un geranio dormido, dentro de su carretilla de colores desvaídos.

La salamandra corriendo entre el jazmín del Brasil.

En el alero los pájaros.

La tierra que lleva el viento desdibujando la mesa y las sillas de jardín.

Pequeñas gotas de barro han repintado la verja…

No se ve un alma en el parque, ayer tan lleno de vida y hoy tan falto de gente. Ni niños, ni patinetes, ni triciclos, ni hombres cachas, ni muchachas corriendo por los caminos del parque de las farolas, de los cipreses, de los columpios, de los condones y las litronas de aquel rincón.

Se ha hecho de noche y con la noche, el viento se ha ido a otra parte aunque supongo que volverá.

Hay una mosca en la habitación. Hay un recuerdo en mi corazón, y un sueño dormido junto al camisón… Y unas sombras chinescas bailan entre los estantes y el perchero del rincón. Y la lluvia taconeando en el piso del balcón. Y el cielo sin luna llena. Y en el lucero más joven del firmamento, cuelga un letrero que dice: cerrado por vacaciones de las estrellas. Y una nube de algodón… y luego dos. Y un nubarrón… y luego tres. Y un ciclón y una tormenta; la de tu corazón… Y un huracán y un tifón que me nubla la razón.

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