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En tan solo dos entregas, la novela ha dado un giro realmente sorprendente y lo que parecía una escena entre dos amantes heterosexuales, se ha convertido en una relación sexual en un submarino alemán entre el 2º oficial y su amante: dos verdaderos héroes alemanes. La ‘fortaleza de la raza alemana’ está en duda y la escena termina de la peor manera posible.

Así concluía la semana pasada El deseo me llena por entero, la segunda entrega de A tres pasos de Luna, la novela de Beatriz Cáceres que encogerá tu corazón:

«Toda la sangre del cuerpo se le ha quedado atrapada en la cara y provoca que el azul de sus ojos resalte con la misma intensidad que dos gemas, dos piedras brillantes en la oscuridad que nos rodea. En vano, intenta recobrar la respiración con aspiraciones cortas y superficiales, pero parece una tarea inútil.

Algo que no es de extrañar al encontrarnos en el interior de un submarino y, para agravarlo un poco más si cabe, en el interior de su quilla justo al lado del fondo principal.»

En esta entrega…


«—Ante todo, debemos tener una idea rotundamente clara y que no nos puede dejar lugar a dudas ¡Somos verdaderos héroes alemanes! El deber de un soldado, cada amanecer, no es otro que asegurarse de vestir el uniforme y defender a la patria.»


«Permanecí un instante observando al pequeño grupo de familiares que agitaban sus pañuelos entre lágrimas y nos decían adiós con sus vítores de ánimo. Mezclados entre ellos se encontraba mi propia familia, mi mujer y mis hijos. Este detalle en concreto, me dejó frío. A estas alturas estaba convencido de que lo que realmente les importaba era el éxito de nuestra misión.»

A TRES PASOS DE LUNA

Por Beatriz Cáceres

TERCERA ENTREGA. VERDADEROS HÉROES ALEMANES.

Aunque están en marcha los motores de oxígeno no consiguen renovarlo, por eso el aire es espeso y asfixiante. Entra en los pulmones con el peso de una losa. No me explico la actitud tan permisiva del capitán al consentir que fume la tripulación, porque no deja de ser una señal inequívoca de debilidad.

La disciplina es primordial.

Por más que lo he pensado, no se me ha ocurrido otro sitio arrastrado por mi desesperación. Necesitaba un lugar apartado en el que pudiera tener un momento de intimidad. Un deseo imposible dentro de las dimensiones de un submarino, perola necesidad es la necesidad.

Cuando embarcamos en el puerto de Wilhelmshaven[1]y lo vi por primera vez, supe que iba a ser mío.

Fue el momento en el que el capitán daba el discurso sobre la cubierta del submarino ante toda la tripulación. Cuando fijé la mirada en él, me resultó excepcionalmente guapo y eso que, por una vez, me pareció que el comandante se expresaba con la coherencia que debe tener su rango:

—Ante todo, debemos tener una idea rotundamente clara y que no nos puede dejar lugar a dudas ¡Somos verdaderos héroes alemanes! El deber de un soldado, cada amanecer, no es otro que asegurarse de vestir el uniforme y defender a la patria. Hoy nos enfrentamos a un momento histórico en el que nuestra patria, Alemania, juega un papel muy importante. Son tiempos de hacer acopio de todo el valor del que dispongamos, para mostrarle a nuestra tierra el verdadero amor que le profesamos. Se nos exige mucho, ya que ella nos lo ha brindado todo. Por nuestros antepasados, por las generaciones futuras y por una Alemania grande… ¡Sangre y honor! —Tras decir esto, dio la orden para que todo el mundo se incorporara a su puesto, justo cuando comenzaron a sonar los primeros acordes de Alter Kamaradem[2] interpretados por una pequeña banda militar.

Permanecí un instante observando al pequeño grupo de familiares que agitaban sus pañuelos entre lágrimas y nos decían adiós con sus vítores de ánimo. Mezclados entre ellos se encontraba mi propia familia, mi mujer y mis hijos. Este detalle en concreto, me dejó frío. A estas alturas estaba convencido de que lo que realmente les importaba era el éxito de nuestra misión. El aspecto primordial del asunto es que a ninguno le interesaba realmente saber de qué se trataba, siempre y cuando supusiera una victoria para nuestra Alemania.

¡Qué más daba si fallecía en el transcurso de la misma! ¿A quién le podría importar?

¡Madre mía! Este condenado no para de toser y nos van a descubrir. A veces, me cuestiono la supremacía de la raza aria. Cada vez las mujeres alemanas paren hijos más débiles y esto es algo inconcebible. Es un insulto a mi Führer[3].

—No vuelvas a tutearme al dirigirte a mí. —Mi forma de hablar es cortante y adecuada a mi rango. Soy el 2º oficial de a bordo. Mis palabras suenan todavía más elocuentes al colocarme el uniforme ajustado y en su sitio. Lo miro con tal desprecio que es capaz de permanecer todavía sentado en el suelo con los pantalones bajados.

—¿¡Qué!?¿¡Por qué me hablas así!? Acabo de tener tu polla en mi boca ¿Cómo puedes tener esa frialdad? —Lloriquea de forma lastimera, y suspiro con cansancio. A veces me siento como un predicador en el desierto. Me repugnan las personas que no encuentran trabas para demostrar su propia debilidad.

—¡Cállate!¡Es una orden! Nada de esto ha ocurrido. ¿¡Entendido!? —Mi ira  crece por momentos. ¿Qué se habrá creído el muy imbécil?

—¡Eres tú el que no me va a tratar así! ¡Te aseguro que se va a enterar todo el mundo!Todos van a saber la clase de persona que eres. Un viejo y además maricón, ja,ja, ja. ¡Eres patético! —Ríe cada vez más y más fuerte—. A nuestro Führer le va a encantar saber que uno de sus idolatrados oficiales no es más que un despojo humano. Una moneda falsa del Reich[4].

No lo dejo terminar de hablar.

Meabalanzo sobre él como un poseso. Siento tanta furia que hasta me tapona los oídos. Lo agarro con fuerza por el cuello con ambas manos y aprieto, retorciéndolo cada vez con más ahínco. Me mantengo firme, sentado sobre su estómago sin dejar de oprimirle. Patalea, intentando tirarme y eso que soy más alto y más grande. Cada vez se agita con más fuerza para que le suelte el cuello agarrándome las manos con desesperación.

Me clava las uñas para arañarme, pero no disminuyo la presión. Al cabo de unos minutos, su tez se torna violácea y sus ojos, erráticos, se ponen en blanco y va perdiendo fuerza hasta que me suelta. La vida se le escapa por momentos ya provecho para coger un trozo de metal del suelo y clavárselo en el cuello. Una, tres, hasta cinco veces. Clavo y clavo, enloquecido.


[1] Ciudad al norte de Alemania, situada en la parte occidental de la Bahía de Jade (Jadebusen). Un puerto muy utilizado por la armada alemana.

[2] Traducción: Viejos Camaradas.

[3] Traducción: Canciller. Hitler.

[4] Traducción: Imperio, dominio, reino.

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