Tras el cruel asesinato de su amante, el segundo oficial de un submarino alemán empieza a preocuparse sobre lo que pasará si el Führer, su amado Führer, se entera de su homosexualidad y el aprieto en el que pondría a su familia a la que podría costarle la muerte.

La semana pasada descubrimos que la intensa escena de amor a la que hemos asistido, se produce entre el segundo oficial de un submarino alemán y otro hombre. Así terminaba entonces Verdaderos héroes alemanes, la tercera entrega de A tres pasos de Luna, la novela de Beatriz Cáceres que encogerá tu corazón:

«Me clava las uñas para arañarme, pero no disminuyo la presión. Al cabo de unos minutos, su tez se torna violácea y sus ojos, erráticos, se ponen en blanco y va perdiendo fuerza hasta que me suelta. La vida se le escapa por momentos ya provecho para coger un trozo de metal del suelo y clavárselo en el cuello. Una, tres, hasta cinco veces. Clavo y clavo, enloquecido»

En esta entrega…



« Esto no puede salir a la luz. Es una vergüenza para mi familia y supone represalias que pueden llevarlos hasta la muerte. (…)
El Führer, mi Führer, no va a mostrar piedad y será implacable con ellos»

«He pasado toda mi vida intentando ocultar mi verdadera naturaleza y, si mi mujer al darse cuenta de mi problema, ha sido comprensiva conmigo motivada por todo el amor que siente por mí, no puedo tolerar que un polvo sin importancia con un desgraciado lo tire todo por la borda»

A TRES PASOS DE LUNA

Por Beatriz Cáceres

CUARTA ENTREGA. UNA VERGÜENZA PARA MI FAMILIA.

Sus heridas expulsan la sangre por los agujeros de la piel como si fueran diminutos aspersores, sin que nada pueda detenerla. Hasta que de repente algo en mi mente, me hace parar la espiral de violencia. Debe tratarse de ese pequeño resquicio de humanidad que todos llevamos dentro, que es capaz de aplacar a mi instinto feroz.

—¡Dios mío! ¿Qué he hecho? —Observo mis manos que están chorreando sangre totalmente incrédulo—. Calma. Calma. Eres un oficial. Tienes que tranquilizarte y pensar —murmullo incoherencias porque la desesperación me está arrastrando, de tal forma que camino de un lado para otro por el angosto pasillo.

Lo peor que me podría ocurrir, es tomar conciencia de que me encuentro en pleno centro de un laberinto lleno de corredores igual que ese. Estrechos, oscuros y abarrotados, tanto de material militar como de suministros y cables. No dejan de aparentar una madeja de cables interminable. Me angustia la sola idea de pensar que aunque salga de aquí, será para hacerlo a otro igual o peor.

El sudor por el esfuerzo me ha calado de tal forma que me ha empapado hasta la chaqueta y se desliza a raudales desde la cabeza hacia mi rostro. Las cejas no pueden impedir su paso, desbordadas. Se cuela hasta por los ojos y me escuecen. Arden como brasas dentro de mis cuencas. Un nudo de angustia me llena el pecho cuando me apoyo en este panel que tengo más cerca intentando recobrarme del mareo incipiente que siento por la falta de oxígeno.

Todo empieza a darme vueltas.

Esto no puede salir a la luz. Es una vergüenza para mi familia y supone represalias que pueden llevarlos hasta la muerte. ¿Acaso he perdido la cabeza? Merecía morir por estúpido; pero no aquí y de esta manera. ¡Si estuviera en un burdel, como siempre! Vamos piensa, piensa… ¿Y mi mujer? ¿Y mis hijos? No quiero imaginar lo que les puede llegar a pasar si esto sale a relucir. El Führer, mi Führer, no va a mostrar piedad y será implacable con ellos.

En cuanto se haga público, no va a dudar en aplicarme con todo el rigor de su ley, el artículo nº 175.[1]

Nunca había pensado que podría echar de menos los tiempos de la Weimar.[2] En los que aun existiendo este deplorable artículo, podíamos vivir con aparente permisividad nuestras tendencias y lo hacíamos disfrutando en nuestros propios locales de alterne sin que nadie frenara nuestra lujuria.

Soy nazi de corazón y adoré hasta los límites de la realidad que mi Führer fuera permisivo, siempre que actuásemos con discreción; aun cuando el partido se mostrara contrario. Un hecho que una persona como yo tiene que agradecérselo al todopoderoso Himmler.[3] Gracias a él, y a su insaciable sed homofóbica, han podido producirse hechos tan salvajemente ignominiosos como la Operación Colibrí,[4] en la ya tristemente famosa Noche de los Cuchillos Largos, en la que de un plumazo fueron abatidos personajes tan importantes para nuestra causa como Röhm[5]. Por todo el Reich no han parado de correr los comentarios, porque no era un secreto para nadie que Röhm era homosexual y gracias a eso nos sentíamos amparados. Se le consideraba uno de los intocables por ser el jefe de Los camisas pardas,[6] hasta que cometió el peor de los errores. Por desgracia, se llegó a creer que estaba por encima del mismísimo Führer. Actitud que le costó la vida.

Tampoco debo olvidar el tema de mis padres. Pertenecen a la aristocracia nacionalsocialista y les va a resultar imposible poder afrontar la realidad de tener que vivir la caída de su mundo.

He pasado toda mi vida intentando ocultar mi verdadera naturaleza y, si mi mujer al darse cuenta de mi problema, ha sido comprensiva conmigo motivada por todo el amor que siente por mí, no puedo tolerar que un polvo sin importancia con un desgraciado lo tire todo por la borda. Ingrid jamás ha puesto inconvenientes en nuestra vida sexual si a cambio le daba hijos. Ella cree ciegamente en el papel que dicta la doctrina hitleriana dentro del matrimonio. Basado firmemente en poder desempeñar al máximo el cometido de ser esposa y madre abnegada.


[1] Artículo 175. Norma jurídica cuyo contenido penaba las relaciones homosexuales entre personas del sexo masculino. Estuvo vigente desde 1872 hasta 1994. En 1935 el régimen nazi lo endureció al añadirle un párrafo pensado para casos con agravante.

[2] La República Weimar: Fue el régimen político que abarcó desde 1918 a 1933, justo después de la 1ªGuerra Mundial. Este nombre se le ha aplicado por la historiografía posterior, porque realmente el país conservó su nombre: Deutsches Reich (Imperio Alemán). Fue un periodo democrático; aunque caracterizado por una gran inestabilidad política y social.

[3] Heinrich Himmler: (07/10/1900-23/05/45). Comandante en jefe de la SS, que llegaría a ser Ministro del Interior y Comandante de los ejércitos de Vistula durante el sitio de Berlín.

[4] Operación Colibrí o La Noche de los Cuchillos largos (30/ 06 al 02/06/34) Se trató de una purga en la que se llevó a cabo una serie de asesinatos políticos enmascarados en un marco homofóbico. Con esta acción Hitler consiguió acabar con sus enemigos políticos. En el balance total de aquella masacre, se estima que murieron más de cien personas.

[5] Ernst Röhm. Principal dirigente de la SA. Una organización paramilitar que se mantenía autónoma respecto al partido nazi.

[6] Los Camisas pardas. Una expresión que se utilizaba para referirse a los miembros de las SA, porque la camisa de su uniforme llevaba ese color; a diferencia de las SS, cuyo uniforme era negro con camisa blanca.

—Entregas anteriores—

«1, «2, «3…

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—A tres pasos de Luna—

UNA NOVELA DE BEATRIZ CÁCERES

A tres pasos de Luna, novela de Beatriz Cáceres

Dos mundos condenados a no encontrarse. Tres pasos, la distancia que debes respetar.

“No me digas que es imposible. Así que cállate y bésame… hasta que me dejes sin aire”

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