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… y sorprendente


Juega con nosotros y nuestra imaginación párrafo tras párrafo para, al final, no dejarnos más salida que la sorpresa

 


Alberto Giménez Prieto, “Lumbre”: ‘Recuerdos comprimidos o comprimidos para la memoria’


Siento una admiración devota por los cuentistas, los relatistas… Los recuerdo con ternura inocente porque animaron mi infancia al amor de la lumbre, cuando las historias se contaban, casi las cantaban, los herederos del romance, los trovadores… Desconozco que moda brutal los ha desterrado de las actuales tendencias literarias.

Desarrollé mi primera juventud con maestros del relato, la historia breve, como Max Aub o Julio Cortázar. Y más tarde me aterrorizaron en noches de insomnio otras historias… breves, de otro maestro de lo conciso: Edgar Allan Poe.

Ahora retorno a esa alegría de mis primeros pasos con otro gran relatista al que el infame bosque de la masificación, los ruidos y las redes, no le ha permitido aún brillar con la luz propia que debería. Posee un encanto especial para combinar la realidad de las personas normales y corrientes con lo extraordinario de la vida y… de la muerte. Juega con nosotros y nuestra imaginación párrafo tras párrafo para, al final, no dejarnos más salida que la sorpresa.

Le gusta ir al grano, nada de perderse por ramas que atraigan nuestra confusión. Maneja la ironía y ese sarcasmo socarrón en el que fructifica una perfecta combinación de inteligencia y esa sabiduría que a veces otorga la edad. En ocasiones juega con las palabras solo por diversión y, como siempre, sorpresa. Buena muestra de ello son sus deja vu y otras de sus historias que publica en su blog.

Comprimidos para la memoria o recuerdos comprimidos es profundamente vital. Desconozco donde empieza la fantasía literaria y donde termina la experiencia que años y años de abogado, y también de correcaminos, cómo no; llevan impresas en esos 16 relatos que me han devuelto el placer de leer (y escuchar) buenas historias.

Y el caso es que, como los grandes, apunta también a ser un extraordinario novelista. Acabo de empezar a leer Un asunto más… Y lo dicho, Lumbre (ya os digo, es la candela), Alberto Giménez Prieto no deja de sorprenderme.

Como siempre os dejo un fragmento textual de Comprimidos. En esta ocasión extraído del relato De visita al olvido:

Alberto Giménez Prieto “Lumbre”

“Hoy me había asignado el papel de su primo Gregorio que murió en la guerra, fusilado por los otros, al que ella solo llegó a conocer por los comentarios de su madre.
Durante unos minutos narró las “recientes” vicisitudes de su primo, mecánico con taller propio, al decir de ella. Hasta que bruscamente interrumpió el relato, tenía la mirada perdida, no sé si en el infinito, o en sus adentros y  parecía escuchar su propio silencio.
Sabía que hacerlo era necedad, pero no pude evitar mostrar mi enteres por su salud, su estancia, por sus distracciones, sus actividades, por sus nuevas amistades, en fin por todo aquello que humaniza nuestra estancia en el mundo.
Efectivamente mis preguntas se perdieron en aquel laberinto sin salida que habitaba tras su perenne sonrisa visual, como había sucedido en anteriores visitas. Nunca supe si oía las preguntas, si oyéndolas las comprendía o si ya habitaba en el edén de los ácratas y seguía sus anti-normas.
Tampoco es que precisara la respuesta, de hecho a esas preguntas había respondido la responsable de la institución, aunque lo hiciera desde un plano entre objetivo e interesado.
De lo que me interesaba: de sus sentimientos; hacía tiempo que yo, como el resto de los mortales, estábamos sin noticia. Pero, que no respondiera a mis formalismos de cortesía no implicaba que callara.
No tardó en desgranarse de sus labios la letanía con que siempre trataba de entretener a las visitas: los recuerdos de una época que creía recordar embrollados con los olvidos de lo que nunca sucedió, todo ello en una persona en la que la imaginación hacía tiempo que había vencido a la memoria.
De nuevo las historias brotaron de aquella venerada boca, la que recordaba que me besaba aun sin motivo: ella siempre encontraba alguno.
— ¿Hace falta un motivo para besarte? —me preguntaba cuando un falso pudor me hacía huir de sus arrumacos.
De nuevo escuché viejas palabras que narraban hechos recientes, vocablos familiares que relataban sucesos desconocidos, expresiones auténticas que  enmarañaban eventos  inciertos”.

El libro: COMPRIMIDOS PARA LA MEMORIA O…

Comprimidos para la memoria, Alberto Giménez

Los sorprendentes recuerdos de un abogado jubilado

16 recuerdos comprimidos entre lo normal y lo paranormal

Incluye el relato que recibió el Premio de Cuentos en el XVI Certamen Literario del Ateneo de Paterna de 2017.

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