Doble condena, 14ª entrega de el esclavo de los nueve espejos

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Poseído por la maldición de los espejos, don Emiliano, rayano en la locura, ha perdido todo contacto con la realidad. En un acto de arrogancia bruta, se arroja al vacío del espejo, sin constatar en qué lado del azogue se ha varado. Ni siquiera se percata que sufre una doble condena…

Así concluía la semana pasada La maldición de los espejos, décimo tercera entrega de El esclavo de los nueve espejos, historia de una maldición: 

«Completamente enajenado, el déspota se olvidó de su hacienda, su mujer y su hijo. Incluso de sus quimeras. Pasaba las horas encerrado en el cuarto fascinante, disfrutando las vidas de los seres infelices atrapados en aquellos espejos misteriosos y se convirtió cada día más en un esclavo de no sabía qué, ni quería saberlo jamás»

En esta entrega…


«Su sometimiento a la voluntad de los nueve espejos fue, día a día, más acelerado y febril. Y llegó el momento en que, tentado por uno de ellos, quiso ver las cosas claras. Porque la auténtica realidad, se dijo, tenía que estar más allá del azogue»



«La maldición no superaba el castigo que merecía su maldad. Y entonces supo que su vida no había tenido sentido. Más allá o más acá ¿de qué? ¿A dónde podría huir que no se topase con su doble condena?»

EL ESCLAVO DE LOS NUEVE ESPEJOS

Por Raimundo Castro Marcelo

DÉCIMO CUARTA ENTREGA. DOBLE CONDENA.

En esos días murió su esposa y no acudió al entierro. Su último acto razonable fue ordenar al criado rufián, elevado para entonces a la categoría de mayoral, que enviara a su heredero a un internado de Cáceres y se encargara él de administrar la hacienda.

Su condenación se aceleró de tal modo que él mismo la alimentó apartándose del mundo, comiendo apenas, autodestruyéndose. Su sometimiento a la voluntad de los nueve espejos fue, día a día, más acelerado y febril. Y llegó el momento en que, tentado por uno de ellos, quiso ver las cosas claras. Porque la auténtica realidad, se dijo, tenía que estar más allá del azogue.

Alcanzó a pensar que el otro lado era esta realidad vuelta del revés, puesta al dorso, pero no captó que su necedad era la misma en las dos orillas. El azogue no existía ni se podía huir más allá de la realidad sino a la realidad. Porque lo que vemos, filosofó Abel Ruiz, es sólo una caverna de luces y de sombras en la que vivimos cumpliendo el papel del viento sobre el agua. La maldición no superaba el castigo que merecía su maldad. Y entonces supo que su vida no había tenido sentido. Más allá o más acá ¿de qué? ¿A dónde podría huir que no se topase con su doble condena? Por hombre. Por solo. Por esa esa única cosa que son ambas cuando la realidad no existe más allá de las propias narices.

El periodista mantecoso añadió que un día de invierno, por fin, tras asomarse a la ventana y concluir que sus ojos atravesaban un espejo, don Emiliano se fue a la sala de las nueve lunas y, en un acto de arrogancia bruta, como si volviera a ser por un instante el mismo que había sido hacía tanto tiempo, aquel miserable sin perdón, se miró en una de ellas y no pudiendo soportar su reflejo se arrojó de cabeza al interior.

Y fue entonces, concluyó el plumilla, cuando el barón descubrió que estaba de nuevo ante el espejo. Y que podía repetir lo mismo que había hecho. Y volver a este lado. Pero entendió que solo huía del vacío al vacío. No le quedaron ganas de averiguarlo ni en el fondo sabía, en ese instante, en qué lado de la realidad se había varado. Y se quedó quieto, mirándose entontecido, sin saber dónde estaba realmente. Únicamente sintió la obligación de contar su historia cada vez que despertaba y se veía. Cada vez que despertaba y se veía. Cada vez…

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EL ESCLAVO DE LOS NUEVE ESPEJOS

Historia de una maldición

UNA NOVELA DE RAIMUNDO CASTRO

Portada de El esclavo de los nueve espejos, de Raimundo Castro

Rogelio Suárez, el señorito de Torrealba, preso y desesperado por una maldición, e incapaz de acabar sus días por si mismo, decide contratar un sicario que termine con su vida. Pero antes de nada el matón privado tendrá que enfrentarse uno a uno a los nueve espejos. En cada uno de ellos desafiará las versiones más desesperantes de las miserias y debilidades humanas que le harán dudar…

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