Mariposas, 10ª entrega de A tres pasos de Luna

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La vida de Juan y Luna en Tabarca es la de un humilde pescador y su hija. Juan no pudo tener hijos y el encuentro de Luna en aquella cueva, ha sido una bendición del cielo. No sale a pescar por no dejarla sola. Mientras le enseña la artes de la pesca, Luna se distrae con algo que no había visto nunca: mariposas…

Así terminaba la semana pasada Te llamaré Luna, la novena entrega de A tres pasos de Luna, la novela de Beatriz Cáceres que encogerá tu corazón:

«Aunque no puedo negar lo evidente, debo reconocer que he tardado bastante en poder controlarlo. Sobre todo, teniendo en cuenta que no me resulta fácil dejar de asustarme y que el momento que me ha tocado vivir tampoco me acompaña.

De todas formas, quiero especificar que en Tabarca se hablaba y se habla el tabarquín junto con el castellano, y no hay que olvidar que yo provenía de un pueblo del sur de Italia. Aun así, no deja de ser chocante que me costara más el hecho de llegar a hablar, que el de entenderlo. Me resultó muy fácil»

En esta entrega…


«Tengo que ser sincera y confesar que, aunque lo observaba con interés, hasta ese momento no había escuchado ni una sola palabra. Simplemente, me limitaba a asentir con gesto de muñeca. Mi mente estaba totalmente invadida por una imagen y no cabía nada más. Algo único que no recordaba haber visto en mi vida: mariposas»

A TRES PASOS DE LUNA

Por Beatriz Cáceres

DÉCIMA ENTREGA. MARIPOSAS.

Regresamos a la cabaña después de permanecer todo el día pescando. En aquellos días se comía una vez al día, bueno, y en estos momentos también. Nuestra dieta se basaba principalmente en el caldo de pescado. Lo único que no digerimos de un pez es la espina. Juan siempre realizaba la misma maniobra, todas y cada una de las noches. Se trataba de un ritual que efectuaba sin saltarse ni una sola vez alguna de sus pautas. En primer lugar, avivaba la pequeña hoguera para cocinar el caldo en el perol.

Yo solía observar hasta el más mínimo detalle sentada en un rincón de la cabaña. Primero sacaba el pescado del cubo y con una pequeña navaja lo destripaba, después de pasarle el filo por los costados para sacarle las escamas. A continuación, lo enjuagaba con el agua del cubo. Era evidente que disfrutaba explicándome sus nombres y cuáles entraban en sus preferencias, desde jureles, sargos, doradas, etc.

La lista era interminable.

La pequeña hoguera hacía también la función de iluminar. En Tabarca no había ni luz ni agua potable, ni todavía la hay.

Esto último ha sido un verdadero problema para sus habitantes desde el principio de su historia. Durante años se ha convertido en un motivo de auténtica lucha y negociación con el Gobernador de Alicante.

El agua es, sin duda, el bien más preciado desde siempre.

Tanto que su uso es única y exclusivamente para beber. Todo lo relativo a la limpieza se hace con agua del mar. Algo tan simple como fregar los cacharros, lavarse y, por supuesto, cocinar.

Aunque resulte difícil imaginarlo, puedo asegurar que el cuerpo se acostumbra a beber cada día sobre la misma hora. Es la manera de reducir su consumo al máximo, por lo menos en tiempos de paz cuando lo único que te preocupa es eso. Resulta ser totalmente diferente en guerra, porque es imposible regular la necesidad cuando estás sometida a una tensión constante.

Puedo decir que el recuerdo de aquellos años guarda una relativa tranquilidad.

Juan supo cómo llevarme en todo momento. Durante el transcurso de aquel verano no fue a pescar a la Almadraba para no dejarme sola. Así que subsistimos de lo que pescaba diariamente a pie de orilla. La gente de Tabarca sobrevivía de ese tipo de pesca. Juan me ha explicado infinidad de veces en qué consiste y creo que al final ha conseguido hacérmelo entender.

—Luna es muy sencillo. Mira, te explico. En la Almadraba se realiza una pesca conjunta. Nosotros hemos sobrevivido siempre, desde mis antepasados hasta ahora, de la pesca del atún. Como ya te he contado en otras ocasiones, en otros tiempos vivía mucha más gente en la isla y este factor siempre ha dependido de la pesca. Ahora somos muchos menos, porque la Almadraba se encuentra en horas bajas. El número de habitantes siempre ha ido a su par. Ahora bien, te he dicho que es para pesca de atún, aunque también se captura cualquier tipo de pez migratorio de gran envergadura, por ejemplo: melvas, albacoras, listados, bonitos y en menor número, los peces espada. Del atún lo aprovechamos todo, desde la piel hasta la espina. Para que me entiendas, es como si estuviéramos hablando del cerdo del que se aprovecha hasta el rabo. De hecho, lo consideramos «el cerdo marino».

Tengo que ser sincera y confesar que, aunque lo observaba con interés, hasta ese momento no había escuchado ni una sola palabra. Simplemente, me limitaba a asentir con gesto de muñeca. Mi mente estaba totalmente invadida por una imagen y no cabía nada más. Algo único que no recordaba haber visto en mi vida: mariposas.

—La Almadraba se trata de un lugar cercado por redes donde la captura se hace de forma masiva, después de concentrarlos en él. Aquí en Tabarca está situada justo enfrente del islote de La Galera. Existen varios tipos de Almadraba: de tiro, de monteleva, de buche y de sedal. Esta última, se considera un arte menor como la almadrabilla y la jábega o arte real. Te cuento la nuestra, porque viendo tu expresión, no creo que entiendas más si lo hago muy extenso.

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—A tres pasos de Luna—

UNA NOVELA DE BEATRIZ CÁCERES

A tres pasos de Luna, novela de Beatriz Cáceres

Dos mundos condenados a no encontrarse. Tres pasos, la distancia que debes respetar.

“No me digas que es imposible. Así que cállate y bésame… hasta que me dejes sin aire”

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