La tumba de Alejandro Magno, 18ª entrega de El coleccionista

La leyenda se convierte en realidad. El mapa que lleva a la tumba de Alejandro Magno, existe. Estaba en la Biblioteca de Bagdad. Michael y Tim se han enterado por un marine en el Hotel Palestine. Ahora, los hermanos Mosconi también van a conocer el secreto. Solo que con un añadido: el mapa le ha costado la vida a su amigo del alma…

Así terminaba la semana pasada El mapa existe,  17ª entrega de El coleccionista:

«—Increíble. Vinimos para evaluar los daños de la biblioteca y… ¿me estás diciendo que encontramos la tumba de Alejandro Magno? —Michael frunció el entrecejo.

Tim asintió.

—Eso parece.

A pocos metros de ellos, Ana intentaba escuchar la conversación y tomaba nota»

En esta entrega…


«—¿Eres tú el coleccionista a quien le venderán los libros y objetos robados de la Biblioteca Nacional de Irak? —Ernesto estaba completamente serio, cruzado de brazos.
—No sé de qué hablas. Estás completamente loco… —Raúl sintió ganas de golpearlo.
—¡Vamos, dímelo!
—Realmente creo que estás desequilibrado, vete de mi casa.
—Han asesinado a Ibrahim en el saqueo… —El sacerdote se acercó y tuvo que contener un insulto»

EL COLECCIONISTA

Por Cecilia Barale

DÉCIMO OCTAVA ENTREGA. LA TUMBA DE ALEJANDRO MAGNO.

Capítulo 8

Raúl no quería atender el teléfono que sonaba insistentemente. Después de la visita de su hermano el día anterior había estado de evidente mal humor. Estaba solo en la casa y quería tomarse esas horas sin su mayordomo para poder meditar sin la menor interrupción. Cuando el teléfono sonó por décima vez, su concentración ya estaba hecha trizas. ¿Qué puede ser tan urgente…? pensó fastidiado mientras se acercaba con lentitud al teléfono. Apenas pudo distinguir quién estaba del otro lado de la línea cuando observó que su hermano Ernesto estaba nuevamente en la puerta de su estudio, observándolo. Colgó el teléfono inmediatamente.

—¿Qué haces aquí otra vez? —preguntó Raúl visiblemente fastidiado—. ¿Cómo has entrado?

—La puerta estaba sin llave —el sacerdote hablaba con una rapidez inusual—. ¿Quién te ha llamado por teléfono?

—No era para ti, eso es seguro… Luego de tantos años me visitas dos veces en dos días… ¿has dado este número telefónico para que te dejen recados? —Raúl se acercó a su hermano y lo miró detenidamente—. La sotana no te favorece, ¿te lo había dicho antes? —El hombre rio con sorna.

—¿Eres tú el coleccionista a quien le venderán los libros y objetos robados de la Biblioteca Nacional de Irak? —Ernesto estaba completamente serio, cruzado de brazos.

—No sé de qué hablas. Estás completamente loco… —Raúl sintió ganas de golpearlo.

—¡Vamos, dímelo!

—Realmente creo que estás desequilibrado, vete de mi casa.

—Han asesinado a Ibrahim en el saqueo… —El sacerdote se acercó y tuvo que contener un insulto.

—¡¿Qué?! ¿Ibrahim está muerto? —Raúl bajó la cabeza y caminó hasta la pared para lograr apoyarse en algo—. Dios… no lo puedo creer… Ibrahim…

—Sí, buen momento para invocar a Dios… ¡hipócrita! Sabía que eras un inescrupuloso, pero esto es demasiado… Ibrahim era tu amigo también… La última vez que hablé con él aún seguía intentando reconciliarnos… —Ernesto miró hacia el techo.

—¡Cállate! Yo no he mandado a matar a nadie…

—¿Quién te ha llamado hace un momento? —preguntó el sacerdote con los ojos entornados señalando el teléfono, como si pudiera ver las mentiras de Raúl.

—Pues no lo sé, habrás visto que colgué el tubo apenas te vi. —Raúl se tocó la cabeza y se acercó nuevamente a su hermano—. Ahora, si me disculpas, tengo que dar el pésame a la familia de mi amigo. —Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—¿Sabes por qué lo han asesinado? —Ernesto comenzó a caminar y observaba detenidamente la gloriosa biblioteca de su hermano mientras hablaba dándole la espalda.

—Porque son una horda de fanáticos asesinos —Raúl fue tajante en su respuesta.

—No —desvió la mirada hacia el rostro de su hermano para comprobar su reacción—, fue porque el mapa existe.

—¿El mapa? ¿De qué hablas?

—No te hagas el inocente… Sabes muy bien de qué hablo. El mapa. Alejandro Magno.

—Sí, por supuesto. —Raúl sonrió—. ¿Sabes si hay algún ferrocarril que me deje directamente en la tumba de Alejandro Magno?

—Tu infantil sentido del humor sigue intacto —el sacerdote hizo una pausa—. Piénsalo… ¿Qué otro motivo podría haber?

—Pues, cualquiera, simplemente que estaba en el momento equivocado en el lugar equivocado —respondió Raúl.

—Él fue el único muerto. —Ernesto hizo un gesto de desaprobación agitando las manos en el aire.

—Pues no lo sé. Para llevarse el resto de los objetos de allí… Tú lo conocías, no les habrá hecho fácil la huida…

—¡¿Es que acaso no lo entiendes?! ¡¿No comprendes que lo han asesinado por el bendito mapa?! El mapa existe… ¿Sabes lo que eso significa? —gritó Ernesto completamente desencajado.

—Sí, que alguien está a punto de hacerse muy famoso. —Raúl inclinó la cabeza y miró hacia el techo—. Muy famoso.

—¡No! ¿Lo has olvidado? ¿Has olvidado la historia que nos contaba nuestro padre? No puedes haberlo olvidado.

Raúl se dirigió a su sillón y se dejó caer. Apoyó la espalda y subió los pies a la banqueta de madera. Cerró los ojos y permaneció inmóvil ante la atónita mirada de su hermano.

—Claro que lo recuerdo. —Se llevó las manos atrás de la nuca y respiró profundamente—. Imposible olvidarlo.

—Entregas anteriores—

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El coleccionista, de Cecilia Barale

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Una novela de Cecilia Barale

Un coleccionista, una periodista y un restaurador persiguen el mismo tesoro, aunque por motivos diferentes: el mapa que lleva a la tumba de Alejandro Magno. Nadie confía en nadie. Todos son sospechosos. Pero, ¿quién mueve realmente los hilos?

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