Un espíritu demasiado libre, 7ª entrega de En el fin de la Tierra

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Alfredo, a los 40, se vuelve a casa de sus padres con un hijo adolescente. Libertad A Secas ha roto con su novio más joven que ella. Ahora se debate entre regresar al pueblo donde viven sus padres en Méjico… O lanzarse a la aventura en un Madrid lleno de oportunidades, sobre todo, para un espíritu demasiado libre como es ella… Y, ¿Ana Alvedro?

Así terminaba la semana pasada De vuelta a empezar, sexta entrega de En el fin de la Tierra, una novela de Rocío Castrillo.

«Tenía a su favor que la Ley de Televisión Privada, aprobada en España dos años atrás, en 1988, propició el crecimiento de las empresas dedicadas a producir contenidos audiovisuales y, por tanto, la demanda de realizadores. Era el momento de rentabilizar el curso de seiscientas horas de Especialista en Realización de Televisión que le sufragó su última empresa como uno de los conceptos de su indemnización por despido»

En esta entrega…


«una vez estrellado aquel amor incipiente, la cantante barajaba las dos opciones con las que contaba para afrontar otra nueva etapa en su vida: o tirar como pudiera en Madrid y aguantar hasta los fastos de 1992; o invertir el dinero que le quedaba en un billete de avión a Méjico, donde vivían sus padres»

EN EL FIN DE LA TIERRA

Por Rocío Castrillo

SÉPTIMA ENTREGA. UN ESPÍRITU DEMASIADO LIBRE.

Tras haber puesto fin a un noviazgo tan intenso como efímero, Libertad A Secas subía con su pesar a cuestas por la alta y estrecha escalinata que conducía al ático de Bernardo. No podía evitar que Santi ocupara sus pensamientos. Varios años más joven que ella, vivía cómodamente en casa de sus padres y no estaba por la labor de gastar la mitad de su sueldo en trasladarse junto a una mujer independiente y libre que nunca llegaría a entregarse del todo… Por tanto, una vez estrellado aquel amor incipiente, la cantante barajaba las dos opciones con las que contaba para afrontar otra nueva etapa en su vida: o tirar como pudiera en Madrid y aguantar hasta los fastos de 1992; o invertir el dinero que le quedaba en un billete de avión a Méjico, donde vivían sus padres, exiliados republicanos ya en la tercera edad. Era su única hija y cada vez que se comunicaba con ellos le pedían que volviera a casa. La pena es que no vivían en la capital, ni siquiera en una ciudad. Su residencia estaba en el pueblo de Malpaso, a unos treinta kilómetros de Guadalupe por una carretera llena de baches que se disputaban coches, peatones, motocicletas y bicicletas. Al menos, así lo recordaba de la última vez que pisó aquella tierra, años atrás. No. Se negaba a regresar al lugar que la vio nacer; a ese ambiente rural y supersticioso donde su futuro se reducía a ocuparse de la tienda de ultramarinos que heredaría de sus padres. Un pequeño negocio que ellos ampliaron hasta hacerlo próspero a costa de un duro esfuerzo. Y ahora, próximos a la jubilación, ansiaban que llegara su única hija para regentarlo. Una hija que se veía obligada a abandonar la habitación de prestado que ocupaba en Madrid y que, por muy inestable que se presentara su vida, no estaba dispuesta a volver a Méjico. Una hija que lamentaba no tener hermanos que se ocuparan gustosos del ultramarino. Porque ella, Libertad A Secas, era un espíritu demasiado libre para acortar su espacio vital a un lejano pueblo del Estado mejicano de Zacatecas. Le dolía que sus padres se vieran forzados a dejar la patria cuando la República perdió la Guerra Civil, y a rehacer sus vidas en aquel lugar… Sin embargo, consiguieron adaptarse tanto a las gentes y al pueblo de Malpaso que no quisieron vender el ultramarino y volver a España cuando llegó la democracia. Sin embargo, no era eso lo que deseaba Libertad. En la larga noche de noticias y decisiones, alcanzó el convencimiento de que lo mejor para ella era quedarse en Madrid. Faltaban solo dos años para 1992, V Centenario del Descubrimiento de América y fecha en que España acogería la Exposición Universal de Sevilla y las Olimpíadas de Barcelona. Además, Madrid, su ciudad adoptiva, se convertiría en Capital Europea de la Cultura. Se multiplicarían los eventos y llegaría el dinero. Se planteó diseñar con mimo su papel de abanderada del resurgir de la movida. Se mostraba segura y convencida de poder llevarse su porción del maná que caería en la madre patria con motivo de la esperada conmemoración. De momento, buscaría un trabajo como camarera o relaciones públicas de alguno de los locales nocturnos donde aún guardaba cierto predicamento, y alquilaría una habitación en un piso compartido. Con cuarenta años cumplidos, se sentía pletórica y repleta de energía para sembrar y recoger los frutos que quedaran por venir…

Entretanto, Bernardo se despedía de Ana en la puerta del bar de la esquina. Durante casi una hora de conversación le hizo saber, cuidando sus palabras con ánimo de no herirla, que no estaba enamorado de ella; que no la quería más allá del afecto amistoso y que no le apetecía que se alojara en la habitación que Alfredo dejó libre. Jugó su papel de caballero español enamorado de una guerrera vikinga, con el reto de ganar la batalla y convertirse en el centro de su mundo. Y, como caballero que se precie, ofreció a la dama despreciada un dinero para que pagara la pensión una semana más e intentara vender sus diseños de bañadores a una serie de firmas cuyos contactos prometió facilitarle al día siguiente. Fue tan persuasivo que logró consolarla y convencerla de que, en caso de no conseguir un contrato esa misma semana, lo más acertado en su situación era volver a Galicia. Se dieron dos castos besos en las mejillas. Él se apresuró a subir al ático y a refugiarse en su alcoba, donde lo esperaba ese cuerpo del delito llamado Helen.

Los pasos de Ana Alvedro arrastraban su decepción y su tristeza por las calles del barrio de Chamberí en dirección a la pensión barata donde se hospedaría otros siete días. Poco tiempo para sobreponerse al desamor y a la vez sacar fuerzas encaminadas a conseguir que una firma de moda apostara por sus elaborados y originales diseños de ropa de baño.

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El pasado vuelve…

—En el fin de la Tierra—

UNA NOVELA DE ROCÍO CASTRILLO

El pasado vuelve… Para cambiar el presente

“Vidas edificadas sobre secretos inconfesables sin calibrar sus consecuencias.”

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