Papanuel vino de Shanghai, 20 relato dormido de la escribidora

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Un relato entrañable de la escribidora. De esos que le gusta rescatar del baúl de los dormidos. La noche más Buena de todos los días del año… Dos jovencintas adorables que esperan a Papanuel… Un descolocado hombrecillo con los renos aparcados en doble fila… Un cóctel…, ya digo, entrañable.

En esta entrega…


«—¡Jo, Jo, Jo! Soy Papa Noel ¿Niñas habéis sido buenas?
Papanuel ¿traes los juguetes de Sagai ?
—¿? ¿? ¿? ¿?— descolocado total el hombrecillo cargado con sus sacos de ilusión— Ejem… ejem…Tengo los renos aparcados en doble fila así que me tengo que dar prisa ¡Jo, Jo, Jo!
—Pero Papanuel, es que Ángel no está, se ha ido a Sagai… ¿Traes los juguetes de Sagai?

—Y eso… Ejem… bueno tengo que reconocer que en la fábrica de sueños de toda la vida, allí entre la nieve, los nomos y los renos, no damos para todo»

LA ESCRIBIDORA (LOS RELATOS DORMIDOS)

Por Gudea de Lagash

VIGÉSIMA ENTREGA. PAPANUEL VINO DE SHANGHAI.

Papanuel vino de Shanghai, 20 relato dormido de la escribidora
Ilustración original de JESÚS RUIZ FUENTES, para los relatos dormidos de La Escribidora. “PAPANUEL VINO DE SHANGHAI”.

Y fue toda una sorpresa esa noche, la más Buena de todos los días que tiene el año, y eso que tiene muchos. He estado repasando los trescientos sesenta y cinco uno por uno y como este ninguno. Con esos aromas tan apetecibles bailando por la cocina y el salón, para luego perderse en cada habitación, y colarse por esa puerta de atrás, diluyéndose en el frÍo y húmedo aire de la noche. Y es el mejor de todos esos días que llenan el calendario, por ese vaho, que se pega a los cristales de cada una de las ventanas, dispuestas en alguna de las paredes de cada estancia, causando la sensación al posar los ojos en él, de que no hay más mundo que ese pequeño mundo que te rodea, y al que no quieres perder. Y es una noche Buena, porque, como dicen las peques de la casa, se celebra el cumpleaños del Niño Jesús, aunque no entiendan ni muy bien, ni nada de nada, eso de que cada año celebremos en el hogar el cumple de ese Niño chiquito, chiquito de piedra, al que en cuanto te descuidas ya lo han sacado de su cuna para jugar con él: —¡que lo vais a romper!—.

—¡No! Nina, que solo estaba dándole un besito— el fino aro de alambre dorado en una mano, casi tan chiquita como el Jesusito, hecho una horquilla, y en la otra el pequeño Niño Dios que si pudiera estar asustadito lo estaría, pero que como es de fría piedra… ¿o no? Me está diciendo que no, que lo que está es resignado de tanto manoseo y de no dejarlo en paz en su cuna, que es donde quiere estar, entre su padre San JosÉ, Pepe para los amigos, como se lo he presentado a mis peques, y su preciosa y delicada madre María, que la pobre no puede dejar al infante solo, para ir a lavar pañales al río como ha hecho toda la vida, hasta que aparecieron éstas dos todoterreno, incombustibles y de verborrea fácil y engañosa, que en cuanto te descuidas te llevan al huerto.

Y que noche tan Buena, con el reflejo de las pequeñas luces que serpentean por el muro de la entrada al hogar, en los cristales de las ventanas cubiertos de nubes, y esos nervios en grandes y pequeños por los amigos invisibles y… por… ¿golpes en la puerta? ¿Quien será? tal vez un vecino al que le falta la sal, o el calor de una compañía, que también los hay, y para desgracia muchos. No hay problema porque de los dos ingredientes tenemos de sobra para él. ¡Toc! ¡Toc! ¡Toc! y Chicho el mayor de los hermanos abre la puerta sin preguntar primero quien es, al igual que en el cuento de Las Siete Cabritas ¡Y así les fue! ¡Osado! Mira que eres osado. Pero como el que no se aventura no cruza la mar, la puerta abrió y no era un vecino pidiendo sal, o compañía, era: ¡Papanuel!— porque así lo llaman las incombustibles.

—¡Jo, Jo, Jo! Soy Papa Noel ¿Niñas habéis sido buenas?

Papanuel ¿traes los juguetes de Sagai ?

—¿? ¿? ¿? ¿?— descolocado total el hombrecillo cargado con sus sacos de ilusión— Ejem… ejem… Tengo los renos aparcados en doble fila así que me tengo que dar prisa ¡Jo, Jo, Jo!

—Pero Papanuel, es que Ángel no está, se ha ido a Sagai… ¿Traes los juguetes de Sagai?

—Y eso… Ejem… bueno tengo que reconocer que en la fábrica de sueños de toda la vida, allí entre la nieve, los nomos y los renos, no damos para todo así que como últimamente ese lugar tan lejano nos hace la competencia, pues he tenido que llegarme hasta allí, claro que me ha costado bastante entrar ¡cuatro meses! esperando a que me abrieran las puertas del país Imperial, pero al final comprendieron que no era un ser cualquiera y ¡aquí estoy con los juguetes!

Papanuel ¿Y vives con Ángel?

—Que no… que solo estuve unos días… mi sitio está en el país de los sueños ¡Pero qué manía la de estas niñas! ¿Es que tengo cara de chino?

Pues no sé… no sé… que quieres que te diga Papanuel con tanto nudel y tanto sushi

Y fue toda una sorpresa…

Pero la noche más mágica de todas las noches del año. La que hace que los sueños más dulces rueden por la almohada, como minúsculas bolas de cristal, la que hace soñar a chicos y a grandes. La que te deja por dentro, un sentimiento de nostalgia de tiempos pasados, en cada uno de nuestros corazones. La que consigue volvernos niños por una noche. Esa es: la noche de Reyes. De esos viejos y cansados Reyes que a pesar de los contratiempos y del Hit parade que, desde hace tiempo el bueno de Papanuel viene teniendo, se mantienen por solera, y por mágicos ¡nadie como ellos para regalar magia! Nadie como ellos…

Queridos Reyes Magos:

Me he portado regular, así que espero que no me traigáis carbón, y a cambio prometo ser mejor el próximo año.

Y quiero que me traigáis paz, pan y salud para todos los seres de esta tierra en la que habito. No sé si será mucho lo que os pido, pero como sois mágicos, seguro, seguro que algo podréis hacer.

Junto al Belén os he dejado un vaso de leche, y patatas para los camellos. Un beso, que me voy a la cama a soñar con esos regalos que os he pedido: pan, paz y salud para cada familia que lo está pasando pero que muy mal, y para la mía también. Para que no nos falte nunca.

Queridos Reyes Magos, sois los mejores aunque estéis un poco cansados de tanto como os pedimos, y de tantos casi imposibles como deseamos que nos traigáis. Así que comprendiendo lo gastada que tenéis la varita de la ilusión, entenderé que alguno de los deseos, no me los dejéis. Yo os seguiré queriendo, y pase lo que pase nunca dejaré de creer en vosotros.

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