Mantente a tres pasos, 13 entraga de la novela A tres pasos de Luna

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Luna vive en la isla de Tabarca, la isla del silencio. Personas de lenguaje mudo, de gestos… Pero a sus hijos les asusta alguien como Luna, alguien diferente… Juan le aconseja que tiene que dominar el miedo, que defender su espacio. Luna, mantente a tres pasos…

Por lo demás, la vida en la isla de Tabarca transcurre tranquila en un pueblo sencillo donde no hay espacio para rencillas ni rencores…

Así terminaba la semana pasada Sin rencillas ni rencores, décima segunda entrega de A tres pasos de Luna, la novela de Beatriz Cáceres que encogerá tu corazón:

«En Tabarca existía una comunidad increíble de gaviotas de las que empezaba a sentirme amiga. Hacía tan poco ruido al caminar que cuando se posaban en la pequeña explanada cercana a la cabaña, parecían no notar mi presencia y cada vez me acercaba un poco más a ellas. Para mí, eran la expresión de la belleza en el cielo. Sin embargo, para Juan no eran más que ratas con alas. Cuando decía eso sonreía pues como todo en la vida, depende de la perspectiva en que se mire»

En esta entrega…


«No tengo que decir que llevo años y años intentando dominarme sin conseguirlo y que esos tres pasos me han mantenido más o menos cuerda, a pesar de que no puedo olvidar el tema de mi nombre. Por desgracia, les dio mucho juego, porque no tardaron en relacionar la palabra Luna con la palabra lunática y por ese pequeño matiz semántico, decidieron catalogarme como la loca de la isla»

A TRES PASOS DE LUNA

Por Beatriz Cáceres

DÉCIMO TERCERA ENTREGA. NO ME DEJES MORIR.

En general los tabarquinos no eran muy expresivos, por lo que pude ver en alguna de las ocasiones en las que Juan me llevó a una reunión de las que se celebraban en el centro de la plaza. Y digo observar, porque es lo único que hacía. Permanecía en algún rincón sin perderme ninguno de sus gestos y cómo se desenvolvían al hablar.

En esas reuniones el tema siempre, siempre, era el mismo.

El agua.

Era una lucha constante y demoledora. No entendía los argumentos que exponían al costarme mucho oír. Estoy convencida de que si hubiera podido hacerlo, no se hubiera convertido en la «Isla del Silencio» para mí. Eran personas que tenían un lenguaje mudo, cargado de gestos y esto lo percibía en casi todos los hombres.

Sin embargo, las mujeres eran más expresivas y muy cariñosas conmigo. Sobre todo una de ellas que se llamaba Rosa.

En cambio, sus hijos no lo eran tanto. En cuanto descubrieron mi peculiaridad no tardé en ser objetivo de sus insultos, sus burlas y de sus pedradas también. Les asustaba alguien diferente, alguien como yo. No toleraba que nadie invadiera mi espacio. Juan, que me entendía muy bien, lo redujo a una sola idea y me repetía una y otra vez que tenía que conseguir dominar el miedo. Siempre y cuando la otra persona se mantuviera a tres pasos de mí.

Tres pasos… tres pasos… A T R E S P A S O S.

A tres pasos, según él, me daba tiempo a salir corriendo que era lo que más me gustaba, mientras tanto debía de mantenerme tranquila.

No tengo que decir que llevo años y años intentando dominarme sin conseguirlo y que esos tres pasos me han mantenido más o menos cuerda, a pesar de que no puedo olvidar el tema de mi nombre. Por desgracia, les dio mucho juego, porque no tardaron en relacionar la palabra Luna con la palabra lunática y por ese pequeño matiz semántico, decidieron catalogarme como la loca de la isla.

¡Menos mal que no se le ocurrió llamarme Ida!

Sé realmente el trasfondo de estas palabras y lo que significa. No tenía ningún contacto físico. No lo necesitaba, para eso estaba el mar. Cuando me sumergía en él, tenía la sensación de que me abrazaba. Siempre ha tenido el poder de calmar mi ansiedad cuando los nervios pueden conmigo y sobre todo, lo más especial, es que desde un principio he oído su sonido al observar a las maravillosas criaturas que habitan en él.

Sí, así es. Oigo el silencio del mar.

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—A tres pasos de Luna—

UNA NOVELA DE BEATRIZ CÁCERES

A tres pasos de Luna, novela de Beatriz Cáceres

Dos mundos condenados a no encontrarse. Tres pasos, la distancia que debes respetar.

“No me digas que es imposible. Así que cállate y bésame… hasta que me dejes sin aire”

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