Pensamientos íntimos

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Alejandra, la enfermera más antigua del Psiquiátrico, desvela al nuevo director del centro los pensamientos más íntimos de Juan de Dios. Aquellos que le hacen sospechar de su mujer, cuyo testimonio ha sido vital para que le encierren. Todo empezó cuando le confesó a su esposa un sueño, un sueño de libertad…

Así concluía la semana pasada La nada no admite pérdidas, novena entrega de ¡Qué día el de aquella noche!, entrega en la que comienza ese sueño revelador de Juan de Dios:

«Las figuras, de un salto, se situaron a cada lado de la boca. No me dio tiempo a avisarles del peligro que corrían de ser devoradas porque la boca, en un inesperado giro a la izquierda, despareció por la esquina dando dos potentes bufidos»

En esta entrega…


«mientras se mantenga uno dentro de lo ideológicamente correcto y se repitan las mismas formas que han recibido el beneplácito del pasado, todo serán honores y gloria, y no habrá problemas. Sin embargo, si nos atreviésemos a construir con esas mismas piedras una nueva edificación distinta al resto, será mejor estar a la expectativa…»

¡QUE DÍA EL DE AQUELLA NOCHE!

Por Ignacio León Roldán

DÉCIMA ENTREGA. LOS PENSAMIENTOS MÁS ÍNTIMOS.

Quería despertar del mal sueño, así que me restregué los incrédulos ojos hasta que sentí un dolor agudo. De repente, el zumbido del despertador con las agujas señalando las seis me espabiló por completo. Me eché a reír al comprender que el camión se había adelantado en la hora de la recogida de basura. Todas las mañanas llegaba justo cuando yo salía por el portal.

A raíz de aquello —proseguí explicándole—, nació en mí una evidencia, la más extraordinaria, que justificaría el hecho de que invirtiese todo mi empeño a partir de ese momento en buscar sentido al sueño.

Pasé un tiempo cavilando sobre las últimas experiencias vividas hasta llegar a la conclusión de que lo único que podía legitimar la vida en libertad era la aventura interior, que no estaba sujeta a ningún tipo de presión exterior si uno se empeñaba en ello. También llegué a comprender que el saber no lo dan los libros, porque su contenido es sabiduría ajena y, por lo tanto, más allá de las palabras está la clave.

Ahí está todo presente pero, en los textos, la mayoría solo vemos una amalgama de palabras cual pesadas piedras colocadas en desorden. Los mensajes y las ideas que contienen conducen a muy distintas direcciones, solo hay que saber organizarlas. Es a uno mismo a quien corresponde reconstruirlos de manera propia para, con esas mismas rocas, lograr levantar un edificio diferente pero basado en la coherencia.

Ahora bien, no todas las arquitecturas son aceptables, por eso se debe desconfiar pues mientras se mantenga uno dentro de lo ideológicamente correcto y se repitan las mismas formas que han recibido el beneplácito del pasado, todo serán honores y gloria, y no habrá problemas. Sin embargo, si nos atreviésemos a construir con esas mismas piedras una nueva edificación distinta al resto, será mejor estar a la expectativa…

Dicho esto, esperó a ver cómo reaccionaba.

Fueron tensos instantes. Tuve que emplear toda mi sutileza para decirle que no comprendía, por lo relatado hasta el momento, en qué se basaba para sospechar de su mujer.

A pesar de estar solos, sin ningún observador cercano, me dijo a media voz:

—Porque a raíz de la confesión que le hice, los acontecimientos se desarrollaron con extremada rapidez para acabar ingresado en este manicomio.

Asimismo, me insinuó que también recelaba de la toma de posición del director.

—Te aseguro que no estoy… —me tuteó por primera vez.

Un brillo húmedo en los ojos delató mi emoción. Armada de toda mi delicadeza, con total sinceridad, le sugerí que no sabía cómo ayudarle.

Me aseguró que era la única persona que le había infundido la suficiente confianza como para hacerme depositaria de sus pensamientos más íntimos. Y que por todo ello, esperaba que no le fallase y me rogaba que indagara en el motivo que había llevado a su mujer a no declarar en su favor. También me dijo que no creía que todo se debiera tan solo a la confesión de algo que solo a él le afectaba, y que sospechaba que debía de haber algo más que se le escapaba.

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Su pasión por la libertad le encerró en un Psiquiátrico

¡Qué día el de aquella noche!

Una novela de Ignacio León Roldán

En un mundo donde los selfies, el ego y los espejos están por encima de todo, ¡Qué día el de aquella noche! reflexiona sobre si con la libertad  uno llega a conocerse a sí mismo.

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