Almas errantes sin libertad, a tres pasos de luna 15

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Luna no tiene historia. Así que Juan ha decidido contarle la suya para que la haga propia. “No es necesario compartir la sangre siempre que tengas el mismo sentimiento en el corazón”, le dice. Y se lanza a narrarle la historia de sus antepasados, las de unas almas errantes sin libertad…

Así terminaba la semana pasada La magia del amor, 14ª entrega de A tres pasos de Luna, la novela de Beatriz Cáceres que encogerá tu corazón:

«Una pequeña sonrisa dio por terminada la charla y cerró el libro. Normalmente alcanzaba a leerme un párrafo, pero esa noche todavía leyó menos. Lo que no sabía el pobre Juan es que llevaba más de media hora dormida, totalmente agotada»

En esta entrega…


«La mañana del 18 de junio de 1741, reunió a toda la población en el centro de la plaza. Los revisó, desarmó, alistó por su nombre, y los embarcó con dirección a Túnez. No sin antes saquear y destruir toda la isla, incluida la iglesia. En total, puso en esclavitud a ochocientas cuarenta personas entre hombres, mujeres y niños. Por supuesto, a mi abuelo y sus hermanos también»

A TRES PASOS DE LUNA

Por Beatriz Cáceres

DÉCIMOQUINTA ENTREGA. ALMAS ERRANTES SIN LIBERTAD.

Correr detrás de las gaviotas cansaba mucho y, además, tengo que confesar que precisamente aquel no fue un buen día. Juan me pilló jugueteando con ellas cerca del rosal de rosas rojas que había plantado justo detrás de la cabaña. Había un rosal precioso que cuidaba con verdadero tesón. Hasta tal extremo que era capaz de utilizar la escasa cantidad de agua de la que disponía para beber con tal de regarlo.

Nunca he entendido qué era lo que tenía con ese rosal.

A veces pienso que tan solo se trataba de una pequeña manía. Nunca lo he llegado a saber, porque cada vez que intentaba acercarme, se volvía loco y era el único momento en el que me hablaba así. Bueno, más que hablar me gritaba, y cuando se ponía así solía salir corriendo para alejarme lo máximo posible.

Nunca he soportado sus gritos.

Sin embargo, en otras ocasiones, un Juan invadido por la nostalgia, me contaba historias de su familia que escuchaba con toda atención, puesto que en su mirada llegaba a visualizar como las sombras del ayer desfilan ante mí sin problemas.

—Luna, la importancia de nuestra historia familiar es muy grande. Todo lo que somos, lo que nos ha llevado hasta este punto, está registrado en nuestro carácter de alguna manera. Es como si todos y cada uno de nuestros antepasados nos hubiera dejado una pequeña huella en nuestro interior. Cada una de ellas única. —Me miró con tristeza—. Tú careces de tu propia historia, por eso quiero hacer que mi historia sea la tuya. No es necesario compartir la misma sangre, siempre y cuando tengas el mismo sentimiento en el corazón. Presta atención, porque cada una de estas personas te va a enseñar mucho. Mi abuelo Vincenzo era de ascendencia italiana, más en concreto de Pegli, una población situada en el poniente genovés. Era una persona tranquila y de carácter decidido. Tanto que ante la situación de pobreza en la que vivía, decidió embarcarse rumbo a Tabaka siendo un joven recién casado de diecinueve años, junto con su esposa Antonella de catorce. Buscaba una vida mejor y no lo hizo solo, pues lo acompañaban dos de sus hermanos, Paolo y Giovanni, con sus respectivas familias. Todos eran pescadores de coral. No debes olvidar que este relato se ha contado de generación en generación, así que te lo voy a narrar del mismo modo en que lo hicieron conmigo. Para empezar, tengo que situar la historia en el tiempo. —Antes de continuar me miró para asegurarse de que estaba escuchándolo—. Bien, se embarcaron un 22 de febrero de 1738. Al llegar, se encontraron con una isla de tamaño reducido con el problema primordial de una escasez total y absoluta de agua potable. Este hecho hizo prácticamente imposible a los colonos poder practicar la agricultura, puesto que ni el terreno era propicio ni contaban con abastecimiento para el riego. Así que no es difícil imaginarse la situación. Aun así, la población ascendía a unos mil doscientos habitantes. Y te insisto en que no sé si este dato es exacto. Mi abuelo Vincenzo y sus hermanos tuvieron que lidiar con todo tipo de vicisitudes. Durante tres largos años consiguieron sobrevivir al ser pescadores, pero siempre bajo el mandato de la familia Lomellini, señores de Pegli, que eran los que habían arrendado la isla al gobierno español. Por eso tenían otorgado el permiso para colonizarla y explotarla al ser un importante enclave de coral. En esos momentos, se trataba de un gran emporio comercial debido a la demanda de coral. El gobierno de España se comprometió a cubrir los gastos de infraestructura y mantenimiento militar de la fortaleza a cambio de la quinta parte de los beneficios, que era lo que cobraba por el arrendamiento. Hasta que el bey de Túnez[1]apresó una tartana francesa donde encontró una carta del gobernador de Cabo Negro en la que instaba a la Compañía de África del Coral a comprarle la isla a los Lomellini para establecer allí una plaza fortificada. Este hecho hizo sospechar al bey que los tabarquinos eran cómplices de los franceses y no dudó en alistar once galeones bajo la dirección de su propio hijo. Así que, la mañana del 18 de junio de 1741, reunió a toda la población en el centro de la plaza. Los revisó, desarmó, alistó por su nombre, y los embarcó con dirección a Túnez. No sin antes saquear y destruir toda la isla, incluida la iglesia. En total, puso en esclavitud a ochocientas cuarenta personas entre hombres, mujeres y niños. Por supuesto, a mi abuelo y sus hermanos también. Sí Luna, fueron esclavos con todo lo que la palabra significa. Sin embargo, no pienses que mi abuelo se dejó vencer, sino todo lo contrario. Esta situación hizo que se afianzara más como patriarca de la familia y en ningún momento permitió que ninguno de ellos flaqueara. No voy a entrar en detalles de las circunstancias en las que trascurrieron sus vidas, entre otras cosas porque eres muy pequeña, aunque no es difícil imaginar lo que significa vivir con absoluta falta de libertad. Tienes que comprender una cosa por encima de todas. La libertad es lo más preciado que nos puede dar la vida. Sin ella, no somos más que almas errantes que lo único que hacemos es existir. Escúchame bien, lo que te voy a decir tiene que ser la máxima de tu vida pase lo que pase, ¿entiendes? —Y yo que no podía dejar de observar esa mirada tan limpia, me limité simplemente a asentí con la cabeza—. Nadie tiene derecho a decirte quién eres y hasta dónde puedes llegar. Absolutamente, nadie. ¿Comprendes lo que te trato de explicar? A lo largo de tu vida te vas a encontrar con todo tipo de personas en infinidad de situaciones, en las que nunca debes olvidar este consejo porque eso te hará libre.


[1] Traducción: Señor. Desde el 30 de junio de 1688 al 22 de septiembre de 1756 este cargo lo desempeñó Alí I. Nombre completo: Abu I-Hassan Ali I. En 1741 tuvo diferencias con Francia por  La Compañía de África que comerciaba trigo con la regencia de Túnez.

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—A tres pasos de Luna—

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A tres pasos de Luna, novela de Beatriz Cáceres

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