Pensando en Ibrahim, entrega 27 de la novela El coleccionista

Mientras en Bagdad, Ana Montecasino decide descubrir las claves para dar con la tumba de Alejandro Magno, los hermanos Mosconi están pensando en Ibrahim. Ernesto reprocha a su hermano que no lamente la muerte de su amigo. Pero hay algo que le inquieta aún más: «Necesito saber si tienes el mapa», le dice…

Así terminaba la semana pasada Un juego perverso para alejarla, 26ª entrega de El coleccionista:

«Ana abrió los ojos. Tenía muchísimo calor y se sentía incómoda en aquel lugar. En un momento, la asaltó la idea de que todos estos viajes repentinos podían ser obra de Echelar, como una excusa para evitar verla. Quizás se había escudado en su mujer para terminar la relación. La joven miró el monitor de su ordenador. El artículo estaba casi listo. Cerró el documento y abrió otro en blanco. Suspiró y se acomodó el cabello. Sintió ganas de seguir escribiendo, algo que no le había ocurrido en las últimas semanas. Se incorporó, enderezó la espalda y comenzó a redactar un nuevo artículo: “Irak: ¿la clave para encontrar la tumba de Alejandro Magno?”»

En esta entrega…


«—Estoy pensando en Ibrahim. No puedo creer que esté muerto. Hablamos hace unos días. Me dijo que estaba preocupado, que estaba pensando en llevarse varios libros y ocultarlos… El rumor del ataque a la Biblioteca ya era recurrente. Si el mapa existiera, Ibrahim jamás lo hubiera dejado allí. Es simplemente imposible»

EL COLECCIONISTA

Por Cecilia Barale

VIGESIMOSÉPTIMA ENTREGA. PENSANDO EN IBRAHIM.

Capítulo 11

Raúl seguía inmóvil en su antiguo sillón de terciopelo. Sentado allí, su físico imponente desaparecía en la grandeza de esa butaca que pertenecía a su familia desde hacía casi un siglo. La leyenda familiar contaba que ese mueble alguna vez había pertenecido a la realeza española. Ninguno de los hermanos había creído nunca esa historia, pero les divertía imaginar por un rato que podían descansar en el mismo lugar donde varios reyes habían reposado de su ardua tarea de hacer la guerra y conquistar el mundo.

—¿Qué es lo que piensas? —Ernesto estaba incómodo después de quince minutos de silencio.

—Estoy pensando en Ibrahim. No puedo creer que esté muerto. Hablamos hace unos días. Me dijo que estaba preocupado, que estaba pensando en llevarse varios libros y ocultarlos… El rumor del ataque a la Biblioteca ya era recurrente. Si el mapa existiera, Ibrahim jamás lo hubiera dejado allí. Es simplemente imposible. Creo que estos rumores son típicos luego de un caos como ese. Se habrán perdido tantos libros… Estas situaciones son terreno fértil para este tipo de mitos. Dentro de varios años, algún millonario excéntrico financiará una excavación a…

—Estás analizando esto como si no te tocase de cerca… Ibrahim ha muerto. Tu amigo… ¿Lo recuerdas? —Ernesto lo miró fijo—. ¿Cómo es posible que no lo lamentes? —su voz se hizo más débil.

—Por supuesto que lo lamento. —Raúl se levantó de un salto y se acercó a su hermano con los ojos desorbitados—. Durante más de veinte años has estado distanciado de mí… ¡¿Crees que tienes el derecho de presentarte en mi casa y juzgarme como si me conocieras?! —Raúl estaba gritando y sus ojos habían tomado una dimensión que a su hermano le recordó sus años juveniles haciendo trabajo voluntario en varios hospitales psiquiátricos—. No tienes la menor idea de quién soy y qué siento. Ibrahim era uno de mis mejores amigos, quizás la persona en quien más haya confiado… Jamás oses decirme que no lamento su muerte. —Se dio vuelta y se dirigió a su biblioteca, se detuvo y comenzó a mirar hacia la excéntrica araña que colgaba del techo, tratando de disimular sus ojos a punto de explotar en llanto.

—Será mejor que me retire. —Ernesto no parecía para nada conmovido por la explosión emocional de su hermano—. Ya hablaremos.

—¿Cómo estás? —preguntó Raúl de repente.

—¿Perdón? —respondió Ernesto con la voz apagada.

—De salud… ¿cómo estás? —Se dio vuelta y por primera vez se percató del rostro pálido y el cuerpo extremadamente delgado de su hermano. Tragó saliva con dificultad mientras lo miraba a punto de irse, ese Ernesto lucía tan frágil y espectral que parecía que hubieran pasado cuarenta años en lugar de veinte. Sus ojos se volvieron a llenar de lágrimas.

—Vivo. Y no justamente gracias a ti.

—Si necesitas algo… —dijo sabiendo que esa frase era la que Ibrahim hubiera querido escuchar aunque a él le retorciera las tripas.

—Necesito saber si tienes el mapa.

Raúl no le respondió.

Ernesto resopló y frunció la boca. Miró a su hermano que ahora estaba otra vez dándole la espalda. Tan silenciosamente como había llegado, se fue.

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TRAFICANTES DE ARTE

Nadie confía en nadie. Todos son sospechosos. Pero… ¿quién mueve realmente  los hilos?

Portada de la novela El coleccionista, de Cecilia Barale

El coleccionista

Una novela de Cecilia Barale

Un coleccionista, una periodista y un restaurador persiguen el mismo tesoro, aunque por motivos diferentes: el mapa que lleva a la tumba de Alejandro Magno. Nadie confía en nadie. Todos son sospechosos. Pero, ¿quién mueve realmente los hilos? Todo empieza con el saqueo de la Biblioteca de Bagdad, y la destrucción y el robo de las grandes reliquias de la Humanidad.

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