La más terrible y profunda de las soledades, entrega 28 de la novela El coleccionista

Era como un niño sufriendo la más terrible y profunda de las soledades. Así se siente Raúl Moscoso, una vez que su hermano se va. Se deja caer al suelo con la vista completamente nublada por el llanto. Piensa en su hermano y en Ibrahim, cuando el teléfono le sobresalta de nuevo…

Así terminaba la semana pasada Pensando en Ibrahim, 27ª entrega de El coleccionista:

«—Si necesitas algo… —dijo sabiendo que esa frase era la que Ibrahim hubiera querido escuchar aunque a él le retorciera las tripas.

—Necesito saber si tienes el mapa.

Raúl no le respondió.

Ernesto resopló y frunció la boca. Miró a su hermano que ahora estaba otra vez dándole la espalda. Tan silenciosamente como había llegado, se fue»


En esta entrega…


«Las lágrimas no dejaban de caer y bañaban su rostro. Las blancas luces de las lámparas del estudio hacían un extraño juego de sombras con la imponente figura de Raúl. Pensó en Ibrahim y en su hermano. Uno estaba muerto y el otro parecía a punto de morir. Se tomó el pecho con las manos y se dejó caer al piso con la vista completamente nublada por el llanto. Respiraba en forma entrecortada y tenía los brazos alrededor del cuerpo»

EL COLECCIONISTA

Por Cecilia Barale

VIGÉSIMA OCTAVA ENTREGA. LA MÁS TERRIBLE Y PROFUNDA DE LAS SOLEDADES.

Cuando intuyó que el sacerdote ya no estaba allí, Raúl se dio vuelta y fue rápidamente a cerrar la puerta de su estudio. Apoyó la espalda contra la pared y se secó los ojos. Las lágrimas no dejaban de caer y bañaban su rostro. Las blancas luces de las lámparas del estudio hacían un extraño juego de sombras con la imponente figura de Raúl. Pensó en Ibrahim y en su hermano. Uno estaba muerto y el otro parecía a punto de morir. Se tomó el pecho con las manos y se dejó caer al piso con la vista completamente nublada por el llanto. Respiraba en forma entrecortada y tenía los brazos alrededor del cuerpo. Era como un niño sufriendo en la más terrible y profunda de las soledades.

El teléfono volvió a sonar y lo sobresaltó. Esta vez lo llamaban a su móvil. Intentó recuperar la compostura con rapidez como si quien llamaba pudiese verlo. Carraspeó y atendió el teléfono. Una voz hosca preguntó por él.

—Raúl, ha sucedido algo que no vas a creer… —Michael Swornby hablaba en español con su típica tonada inglesa pero con una rapidez que parecía agitarlo—. Tienes que viajar, tengo que hablar contigo con urgencia.

—Mhhh… ¿Te has enterado de que Bagdad ha dejado de ser un destino turístico atractivo? —dijo intentando bromear para que su amigo no prestara atención a su voz.

—No, mejor aquí no —parecía que Michael no había captado la ironía del comentario—, podrías viajar a Londres y yo te encontraría allí. No podrás creer lo que está pasando aquí.

—El mapa de Ibrahim —dijo Raúl de forma cortante.

—¿Cómo lo sabes? —Michael sonó alarmado a pesar de haber hecho la pregunta susurrando.

—Ernesto me lo ha dicho.

—¿Tu hermano Ernesto? —Michael comprendió la estupidez de su pregunta cuando la escuchó en voz alta.

—Sí, el Padre Ernesto —la voz de Raúl se hizo más débil.

—No hay tiempo para que me lo expliques ahora… solo quiero saber qué te dijo del mapa.

—Que existe y que habían asesinado a Ibrahim para robarlo.

—Puede que haya algo de cierto.

De repente se sintió un fuerte ruido en la línea seguido de un sonido seco. La comunicación se había cortado.

Raúl dejó el teléfono a un lado y se mantuvo rígido por unos segundos. Le vino a la mente el recuerdo de las largas charlas con sus amigos Ibrahim y Michael. Todo parecía tan lejano. Los hermanos Mosconi Arias conocían a Ibrahim desde la infancia. La familia del iraquí había vivido en Barcelona muchos años antes de regresar a Bagdad.

A Michael lo había conocido alrededor de los treinta años. Habían coincidido en un evento en Londres. Ibrahim estaba allí visitando a parte de su familia, Michael trabajaba en la ciudad y Raúl estaba en uno de sus tantos viajes de placer. Londres era un lugar que le fascinaba. El cielo gris de la ciudad era algo que el coleccionista encontraba particularmente hipnótico.

—Entregas anteriores—

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TRAFICANTES DE ARTE

Nadie confía en nadie. Todos son sospechosos. Pero… ¿quién mueve realmente  los hilos?

Portada de la novela El coleccionista, de Cecilia Barale

El coleccionista

Una novela de Cecilia Barale

Un coleccionista, una periodista y un restaurador persiguen el mismo tesoro, aunque por motivos diferentes: el mapa que lleva a la tumba de Alejandro Magno. Nadie confía en nadie. Todos son sospechosos. Pero, ¿quién mueve realmente los hilos? Todo empieza con el saqueo de la Biblioteca de Bagdad, y la destrucción y el robo de las grandes reliquias de la Humanidad.

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