¿Estamos en guerra?¿Por qué?, entrega 22 de la novela A tres pasos de Luna

«No quiero que te preocupes, porque no me vas a echar de menos. Voy a regresar cada vez que me apetezca», amenaza a Luna el jefe de la partida de soldados republicanos, después de la múltiple y brutal violación a la que someten a la niña. La guerra civil ha invadido la pequeña isla de Tabarca, y Luna se pregunta: ¿estamos en guerra? ¿por qué?

Así concluía Soy la encarnación del diablo, 21ª entrega de A tres pasos de Luna, la novela de Beatriz Cáceres que encogerá tu corazón:

«Para ellos tan solo se trataba de una diversión y la disfrutaron turnándose en su propio frenesí hacia el abismo. Fue tal su brutalidad, que la pequeña mesa cedió bajo sus empujones y mi propio peso, rompiéndose y tirándome al suelo con ella. Mi cuerpo reaccionó de la única manera en que pudo hacerlo y una marea de arcadas inundó mi garganta, hasta que empecé a vomitar.

—¡Qué asco! ¡Hija de puta! ¡No sabes comportarte! ¡Salvaje! —Empezaron a pegarme patadas en el estómago, la cabeza y la espalda—. ¡Saco de mierda! —Solo se detuvieron cuando empezó a faltarles la respiración por el esfuerzo. Sudaban y jadeaban como cerdos»

En esta entrega…


«Se marcharon de nuestras vidas de la misma forma en la que entraron, sin poder evitar sentirse ufanos y contentos. Parecía que con esta acción, hubieran determinado el final de la guerra cuando no había hecho más que empezar.
¿Estamos en guerra? ¿Contra quién? Y lo que es peor, ¿por qué? ¡No entiendo nada! ¿Qué son los republicanos? ¿Piratas? Pero no, no puede ser. Son españoles.
¡Qué horror!
Me desmayé justo cuando mi mente intentaba desesperadamente encontrar una explicación coherente a toda aquella locura»

A TRES PASOS DE LUNA

Por Beatriz Cáceres

VIGÉSIMA SEGUNDA ENTREGA. ¿ESTAMOS EN GUERRA?¿POR QUÉ?

Necesitaron de un momento para calmarse, tras el cual se vistieron y recogieron sus armas. Antes de irse, Jaime se agachó y me cogió del pelo tirando de él para inclinar mi cabeza hacia atrás y poder mirarme a la cara:

—¿Te das cuenta? No te he mentido. No me vas a olvidar nunca aunque te salves de esta. No quiero que te preocupes, porque no me vas a echar de menos. Voy a regresar cada vez que me apetezca. Puede que tarde un poco en hacerlo, porque estás hecha una mierda y merezco lo mejor. La próxima vez traeré a más amigos, no es justo que se lo pierdan, ¿no crees?

Esto último lo oí perfectamente por desgracia y pensé que se paraba mi corazón. Afortunadamente al tener los párpados tan hinchados por los golpes y la vista borrosa por toda la sangre que me cubría el rostro, me impidieron distinguir bien su mirada. Debía ser tan repulsiva que le habría vomitado encima. Lo que le hubiera dado la razón que esperaba para matarme.

—¡Ah! Para tu información, te diré que acabamos de entrar en guerra y mi primera decisión como Jefe de Brigada, ha sido haceros una visita. Llevo mucho tiempo observando la isla desde la orilla y siempre me ha molestado ver que vivís ajenos a todo lo que os rodea sin hacer caso de la barbarie que se comete a vuestro alrededor como si no fuera con vosotros. ¡Os sentís los elegidos! Para pedir dinero y ayudas sí. ¡Eso sí! ¡Toda la puta historia os la habéis pasado llorando y suplicando! ¡Pues bien! Ahora, sí que tenéis motivos para hacerlo. Os aseguro que ganaremos y que la República será la única forma de gobierno que va a existir. ¡Aunque para eso tenga que matar a mi padre con mis propias manos! —Soltó mi pelo y mi cara se golpeó con fuerza contra el suelo.

Se marcharon de nuestras vidas de la misma forma en la que entraron, sin poder evitar sentirse ufanos y contentos. Parecía que con esta acción, hubieran determinado el final de la guerra cuando no había hecho más que empezar.

¿Estamos en guerra? ¿Contra quién? Y lo que es peor, ¿por qué? ¡No entiendo nada! ¿Qué son los republicanos? ¿Piratas? Pero no, no puede ser. Son españoles.

¡Qué horror!

Me desmayé justo cuando mi mente intentaba desesperadamente encontrar una explicación coherente a toda aquella locura.

Muy a mi pesar, mi desmayo duró tres meses más o menos.

Estuve ausente durante ese tiempo y doy las gracias por eso, al evitarme tener que vivir las consecuencias de aquella inesperada visita.

Rosa y yo no fuimos las únicas que sufrimos su violencia brutal. Todas las mujeres que se encontraban en la isla fueron violadas, incluso las niñas. Fue tal la magnitud del asalto, que nueve de nosotras no consiguieron sobrevivir.

Entre ellas, las dos más ancianas que para desesperación de sus hijos, se habían negado a marcharse cuando ellos lo hicieron, al no quedarles otra opción que emigrar hacia Alicante buscando una oportunidad de vivir dignamente y sin penurias. Se suponía que tendrían más posibilidades de conseguirlo al tratarse de la capital.

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Dos mundos condenados a no encontrarse. Tres pasos, la distancia que debes respetar.

—A tres pasos de Luna—

UNA NOVELA DE BEATRIZ CÁCERES

A tres pasos de Luna, novela de Beatriz Cáceres

“No me digas que es imposible. Así que cállate y bésame… hasta que me dejes sin aire”

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