Una Bud y un Jack Daniel´s, un cuento de carretera

Solo una persona es capaz de convencerme para que escriba ficción. Y aún más inverosímil, que lo termine. Además de persuasiva y buena persona, es una escritora brillante. Hablo de Beatriz Cáceres.

Una Bud y un Jack Daniel’s es un cuento de carretera que forma parte de la antología Kilómetros vividos. Tengo el pacer de compartir escenario con más buena gente y mejores escritores: Rosa Grau, Dolors López, Beatriz Cáceres, Xavi Navarro, Fabiola Rubio… Y un montón de transportistas que lo están pasando mal. El libro es para echarles una mano.

UNA BUD Y UN JACK DANIEL’S

Un cuento de carretera

Por Pedro Araque

Lazos azules sobre un fondo negro en el horizonte…

… I’m driving a big lazy car rushin’ up…

Una mano firme sobre un volante de acero…

the highway in the dark…

Y otra temblorosa sobre mi corazón roto…

Como me gusta el hijo de puta del Boss. Si no tuviera un corazón de acero conseguiría hacerme llorar. Bruce, a mí no me parte el corazón ninguna muñeca. Yo como Bobby… got scared an ran away. Sólo tengo un amor que no me falla nunca. Este. Ruje como un león, reacciona siempre a mis manos y a mis pies, le puedes cargar lo que quieras encima… Y nunca protesta. Mi Desi, mi media naranja. Yo te cuido, tú me cuidas, espalda contra espalda.

Vas hasta arriba, ¿eh, Desi? Cuesta tirar de esos cuatro ejes cargados hasta arriba. No hay problema, nena. Llegamos bien. Vamos con tiempo. Fijo que descargamos en hora.

Mírala, Desi. Ahí está. Madruga más que nosotros. Con esa carita de ángel y ese cuerpecito que se lo llevan los demonios. Haga frío, llueva o un sol de justicia. ¡Vaya tópico que me he soltao! Es que soy un tío muy de tópicos. Dale, Desi, que después de acoplar la mercancía nos espera una Bud y un Jack Daniel’s

¿Más ligera, eh Desi? ¡Pesaba como un puto demonio ese maldito tráiler! Así vamos mejor, tú y yo solitos sobre el asfalto a punto gas. Rodando como una piedra en el camino con un solo destino: el horizonte. ¡Como mola! Pero hay que comer, jodía. Dale que hay que cargar donde El Chanclas, pero esta vez el viaje será corto.

Ahí la tienes, con esa licra que no deja nada a la imaginación y más curvas que la subida a Pajares. Ese cuerpecito da para una y mil diabluras. ¿Te la imaginas aquí en la cabina, Desi? Joder, vaya calentón que me estoy cogiendo. Es que es un pecado de tía… Pero no está a la venta, Desi. ¿De dónde sacará toda esa mercancía? Cada semana una historia distinta… A veces frutas, otras, ropa interior y pantalones de mercadillo… ¿Te acuerdas de aquella vez que vendía melón con jamón? Se lo quitaban de las manos. Y no ves a un puto civil ahí nunca… Y eso que la tía no se mueve del mismo sitio.

Guau… ¡Vaya vestidito de verano que lleva y sin sujetador! ¿Por qué tendrá siempre esa carita de ángel triste, como si le hubieran pasado por encima seis ejes? Tan joven no puede haber sufrido tanto, pero lo cierto es que siempre está sola. Parece frágil como el rocío de la mañana que con cuatro gotas de sol se va a romper, y tan seria. Da ganas de abrazarla y protegerla, ¿no, Desi? Sí, sí, ya sé, me estoy ablandando, pero es que me está tocando muy dentro de mi duro corazón de acero. Bah, ¡nada que no pueda arreglar una Bud y un Jack Daniel’s. ¿Vamos al putiferio de La China?

Joder, cómo gritaba la tía esa. No sería para tanto. Pero es que en cuanto la vi, me recordó a Carita de ángel, pero ella no, ella era una auténtica profesional. Qué nivel, me ha dejado seco. Pero luego… no sé lo que me pasó, Desi. Menos mal que La China me echó el freno, sino acabando destrozando a la fulana. ¡Joder, que ida de olla, Desi! ¡Qué coño me pasa!

¡Me ha sonreído, Desi! ¡A mí! Esa cara dulce enamora. Esa mirada y esa sonrisa han viajado a la velocidad de la luz para atravesar mi corazón y encogerlo como si fuera una vasija de barro cocido. Me siento flotar… Sí, ya sé, Desi, se me ha puesto cara de imbécil. Y lo malo es que esto no lo arregla ni una Bud y un Jack Daniel’s.

Estelas naranjas sobre un fondo negro en el horizonte…

… I’m driving a big lazy car rushin’ up…

Una mano firme sobre un volante de acero…

the highway in the dark…

Y otra temblorosa sobre un corazón roto…

Un camionero baja de su cabina con una rosa en la mano. Imprudentemente la cabina no viaja sola, lleva un remolque de 25 toneladas totalmente cargado, y está aparcado en el arcén. Todavía se oye el eco del rugido del motor aún caliente. Anochece. En frente de él una joven con cara de ángel le sonríe en la distancia. Es una sonrisa cargada de promesas enfundada en un cuerpo de lujuria. Apenas dos pasos separan al hombretón de la jovencita, cuando tres enormes perros que parecen cancerberos procedentes del mismísimo infierno, se abalanzan sobre el hombretón. No es una presa, es una víctima a la que devoran rápidamente, sin piedad.

De la fronda surge un enorme gigante, casi un Polifemo extraído de un mito griego. La jovencita con cara de ángel, se dirige a él en un tono que no deja lugar a dudas:

—Ya sabes lo que tienes que hacer. Y esta vez no te olvides ni un poquito por el camino. La última casi nos pillan. Si el barranco ese está lleno, busca otro más profundo y que no quede ni rastro del camión. Y vosotros —ahora se dirige a los cancerberos—, no dejéis nada de nada. No quiero ver ni una esquirla de hueso. ¿Oís? ¡Nada! Ah, otra cosa… —ahora habla con el Polifemo—. Deja toda la mercancía que trae bien colocadita para que al amanecer todo esté listo para la venta.

Aquí tenéis el libro completo. Disponible en Amazon

Kilómetros vividos

ANTOLOGÍA

El valor sentimental que tiene cada letra, cada relato, es tan grande que sería difícil encontrar la palabra adecuada para poder describirlo.
La elaboración de esta antología ha resultado ser una experiencia preciosa. Cada uno de los manuscritos aportados han sido una revelación de un mundo donde se devoran kilómetros y donde parece que nadie se pare a meditar sobre el profundo significado de estas palabras.
La antología, KILÓMETROS VIVIDOS, es una autentica demostración que la solidaridad existe.
Gracias a todos y a cada uno de los autores que, generosamente, han prestado sus obras para hacer realidad este sueño.

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