Fingiendo un desmayo, de A tres pasos de Luna

Tabarca no ha podido defenderse de la salvaje incursión de las tropas republicanas, a pesar de que es una isla fortificada contra la piratería. No solo han violado y saqueado, sino que también han asesinado. Luna aún permanece inconsciente y Rosa ha conseguido salvar la vida fingiendo un desmayo.

Así terminaba la entrega anterior, ¿Estamos en guerra?¿Por qué?, 22ª entrega de A tres pasos de Luna, la novela de Beatriz Cáceres que encogerá tu corazón:

«Rosa y yo no fuimos las únicas que sufrimos su violencia brutal. Todas las mujeres que se encontraban en la isla fueron violadas, incluso las niñas. Fue tal la magnitud del asalto, que nueve de nosotras no consiguieron sobrevivir.

Entre ellas, las dos más ancianas que para desesperación de sus hijos, se habían negado a marcharse cuando ellos lo hicieron, al no quedarles otra opción que emigrar hacia Alicante buscando una oportunidad de vivir dignamente y sin penurias. Se suponía que tendrían más posibilidades de conseguirlo al tratarse de la capital»

En esta entrega…


«Era una mujer muy inteligente y valoró rápidamente la situación. Decidió permanecer inmóvil y aguantar fingiendo su desmayo. Estaba segura de que la iban a matar si se levantaba para defenderme, por ese se mantuvo inmóvil ya que el daño ya estaba hecho. Así que tras sopesarlo, consideró que lo único que debía hacer era esperar a que se marcharan»

A TRES PASOS DE LUNA

Por Beatriz Cáceres

VIGÉSIMA TERCERA ENTREGA. SALVAR LA VIDA, FINGIENDO UN DESMAYO.

Tengo que sucumbir ante la realidad de que vivir en una isla significa lo mismo que hacerlo en una ratonera aunque me duela. Cuando fueron liberados de su esclavitud los antepasados de Juan, y antes de dejarlos volver para darles las casas, el Conde de Aranda[1] le encargó al gobernador de Alicante un estudio para verificar cuál era el lugar idóneo para colocar la nueva colonia. Se trataba de una medida de prevención contra la piratería y los contrabandistas. Tras sopesar todas las posibilidades, se aprobaron los planos diseñados por el arquitecto Don Fernando Méndez, en los que se reproducía la estructura de baluarte similar al castillo Fortaleza de Santa Pola.

Decidieron construirla con el concepto básico de una ciudad fortificada. Estaba compuesta por una ciudadela fortificada y cerrada con acceso al exterior a través de tres puertas. Estas murallas y baluartes serían la mejor defensa del recinto. Se destinaron unos espacios ocultos para guardar pertrechos, armas y munición para efectuar la defensa en distintos puntos de las murallas. Justo en el centro de la ciudadela, situaron las viviendas que eran todas iguales, es decir, con los mismos metros y divididas en dos alturas. Junto a las cuales edificaron una iglesia de nueva planta, el almacén, la fábrica de esparto, la casa del Gobernador y varios aljibes para recoger el agua de lluvia.

Son detalles que me ha contado Juan a lo largo de los años en su insistencia en hacerme sentir parte de esta tierra, por eso la importancia de darme a conocer todos los pormenores de su historia.

De lo que no se ha dado cuenta es que eso no me preocupa, porque al no hablar, no se lo he podido decir. Lo quiero por salvarme la vida. Lo anterior a él, y lo que tenga que venir, no me produce ningún efecto. Yo quiero poder mirarlo y saber que existe de forma real y tangible. Todo lo demás ni me lo planteo y, por supuesto, nunca hago ningún gesto para que deje de contarme historias.

Así que no puedo imaginar lo que significó cuando, después de estar ausente tres meses, desperté y tuvo que relatarme todo lo que ocurrió aquella fatídica mañana.

No solo violaron y saquearon, sino que también asesinaron. La peor parte se la llevó el párroco, que desapareció, y su iglesia que fue pasto de las llamas.

La iglesia de Tabarca se construyó en honor a san Pedro y a san Pablo, de ahí su nombre. Se trata de un edificio de estilo neoclásico de inspiración barroca. Tiene una nave única subdividida en cuatro tramos, con capillas laterales entre contrafuertes y presbiterio de planta curvilínea. Con una gran puerta principal y otra en el lateral más pequeña, aunque lo más destacable son sus ventanales con forma de flor de lis.

No es que yo sea una erudita en estilos arquitectónicos. No, la verdad es que no. Esto se lo debo a Rosa, pues al ser nuestro párroco el que nos facilitaba los libros para las lecturas, le resultaba absolutamente irresistible entrar por el pasillo central y caminar despacio cuando los haces de luz se colaban perpendiculares por los ventanales justo a su centro. Le encantaba dar un paso tras otro lentamente con los brazos abiertos sin poder evitar dejarse arrastrar por la excitación que le producía, a la vez que me explicaba con todo lujo de detalles cada rincón y cada piedra tallada.

Le resultaba fascinante.

Cada vez que entrábamos lo hacía. Todas y cada una de las veces, y puedo asegurar que fueron muchas.

Verla así, me dejaba sin respiración y no me quedaba otra opción que detenerme para observarla con emoción. Aquella visión era lo más similar a ver a alguien bailar y, hasta ese instante, nunca había visto a nadie hacerlo.

—¡Vaya!, ¡Ahora me toca retroceder! —(suspiro…)

Siguiendo el hilo de los acontecimientos, vuelvo al instante en que perdí el conocimiento.

Rosa, que llevaba un buen rato intentando volver en sí desesperadamente, tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para que no se dieran cuenta. Lo consiguió justo cuando Jaime me levantaba la cabeza de mala manera. Era una mujer muy inteligente y valoró rápidamente la situación. Decidió permanecer inmóvil y aguantar fingiendo su desmayo. Estaba segura de que la iban a matar si se levantaba para defenderme, por ese se mantuvo inmóvil ya que el daño ya estaba hecho. Así que tras sopesarlo, consideró que lo único que debía hacer era esperar a que se marcharan.

Y así lo hizo. Se arrastró hasta llegar a mí como pudo en cuanto se marcharon.

—Luna, cariño. Luna. ¡Luna! —Al no tener ningún signo evidente de respuesta por mi parte, comenzó a gritar pidiendo auxilio con desesperación mientras permanecía tumbada a mi lado incapaz de incorporarse por el dolor que le producían sus propias heridas.

No se movió de mi lado en todo el día. A ratos se desmayaba, a ratos volvía a gritar y a llorar pidiendo auxilio. Ni ella misma puede concretar con certeza cuánto tiempo estuvimos así.



[1] 01/08/1719-09/01/1798. Fue un noble e ilustrado estadista español. Presidente del Consejo de Castilla (1766-1773) y Secretario de Estado de Carlos IV (1792).

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Dos mundos condenados a no encontrarse. Tres pasos, la distancia que debes respetar.

—A tres pasos de Luna—

UNA NOVELA DE BEATRIZ CÁCERES

A tres pasos de Luna, novela de Beatriz Cáceres

“No me digas que es imposible. Así que cállate y bésame… hasta que me dejes sin aire”

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