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Stefan Zweig define perfectamente las reglas del juego nada más comenzar: “Hay dos clases de piedad: Una débil y sentimental que sólo es impaciencia del corazón para librarse lo antes posible de la penosa emoción ante una desgracia ajena… Y la otra, la única que cuenta…»

Stefan Zweig: «La impaciencia del corazón»

Mientras el telón empieza a caer sobre el primer acto, el ya capitán de la caballería austro-húngara, Anton Hofmiller, que ganó la condecoración de María Teresa, ese gran héroe de  la Gran Guerra, huye como un ladrón, porque como él mismo se reconoce y aunque todos los testigos de su cobardía hallan desparecido de la faz de la tierra: “ninguna culpa queda olvidada mientras la conciencia tenga conocimiento de ella”.

Pero, ¿cuál ha sido ese gran pecado que atormenta su conciencia?¿Es que acaso no puede el amor caer rendido a través de la compasión? Compasión, no pena, ni lástima, ni ningún otro sinónimo que robe la esencia de ese sentimiento profundo del corazón que Stefan Zweig trata como una piedad peligrosa capaz de ensartar al hombre más templado.

Stefan Zweig marca perfectamente las reglas del juego nada más comenzar: “Hay dos clases de piedad: Una débil y sentimental que sólo es impaciencia del corazón para librarse lo antes posible de la penosa emoción ante una desgracia ajena (…) Y la otra, la única que cuenta, es la compasión desprovista de lo sentimental, pero creativa, que sabe lo que quiere y que está dispuesta a aguantar con paciencia y resignación hasta sus últimas fuerzas e incluso más allá”.

Habrás sido entonces seducido por la magia de las letras de este escritor austriaco divino, y te sentirás conquistado por un djin judío que te llevará hasta el punto y final

Dos hombres encarnan cada una de ellas en “La impaciencia del corazón”, pero deberás leer la novela para sacar tus propias conclusiones y adjudicar el papel que merece cada uno. Tendrás más claro sin embargo quién encarna al djin que suscita compasión para cabalgar y dominar al hombre piadoso.

Prepara tiempo y café por si te caza la noche, porque cuando abras la primera página y empieces a leer: “Todo empezó con un desatino, una torpeza completamente excusable, un gaffe, como dicen los franceses…”, ya no habrá ocasión. Habrás sido entonces seducido por la magia de las letras de este escritor austriaco divino, y te sentirás conquistado por un djin judío que te llevará hasta el punto y final.

Aquí te dejo, como siempre, un fragmento literal de esta novela de Stefan Zweig, el momento en el que el joven teniente Hofmiller alcanza su catarsis más gloriosa:

Stefan Zweig en la impaciencia del corazón
El escritor austriaco Stefan Zweig

«Aquella noche fui Dios. Había creado el mundo, y he aquí que estaba lleno de bondad y justicia. Había creado un ser humano, y su frente brillaba pura como la mañana y en sus ojos se reflejaba el arco iris de la felicidad. Había puesto la mesa y la había colmado de riqueza y abundancia, había sazonado la fruta, el vino y los manjares. Espléndidamente acumulados, esos testigos de mi plétora se me ofrecían como sacrificios, venían en bandejas resplandecientes y en cestos repletos (…)

Aquella noche fui Dios. Pero no contemplé desde mi elevado trono con mirada fría mis obras y mis actos; afable y clemente me senté en medio de mis criaturas y divisé rostros borrosos como a través del humo plateado de mis nubes (…)

Aquella noche fui Dios. Había calmado las aguas de la inquietud y apartado la oscuridad de los corazones.»

LA NOVELA

La impaciencia del corazón

Por Stefan Zweig

Portada de la novela La impaciencia del corazón

En los albores de la Gran Guerra, el teniente Anton Hofmiller recibe una invitación para acudir al castillo del magnate húngaro Lajos von Kekesfalva, cuya hija, que sufre parálisis crónica, se enamora del joven oficial. Hofmiller, que sólo siente compasión por la joven Edith, decidirá ocultar sus verdaderos sentimientos y le hará tener esperanzas en una pronta recuperación. Llega incluso a prometerse con ella, pero no reconoce su noviazgo en público. Como un criminal en la oscuridad, Hofmiller se refugiará en la guerra, de donde regresará como un auténtico héroe. La impaciencia del corazón-hasta ahora conocida entre nosotros como La piedad peligrosa es sin duda uno de los mejores libros de Zweig, un sobrecogedor retrato de la insondable naturaleza humana que atrapará al lector desde la primera página.

Ztefan Zweig en Una vida en diez líneas de Word

Por Víctor Fernández Correas