Fernando Gamboa acaba de publicar su última novela: Redención

Hay quien dice (gente con más criterio que yo), que es su mejor novela. Y argumentos no faltan para estar de acuerdo. De ser así rivalizaría con historias y bestseller suyos tan extraordinarios como La última cripta, Guinea o su excepcional y seductor Capitán Riley, el Corto Maltés español. Lo sea o no, va camino de convertirse, al menos, en uno de los bestseller del verano.

Fernando Gamboa: «Redención»

Es un futuro tan cercano que podrías tocarlo con la punta de los dedos. Es un futuro tan posible, tan real, que electrifica el vello… Está tan bien escrito… Y es que con Fernando Gamboa raramente te equivocas. Si te gusta el género de aventuras, aciertas siempre. Pero es que además, “Redención” es una aventura bastante especial.

Especial ya incluso en su narrativa: amplifica el género de aventuras con una estructura de thriller, y lo fusiona con otro poco de ciencia ficción, bastante crónica policial, algo de futurismo y una pizca de distopía. La mezcla, que resultaría explosiva a priori, ajusta como un guante. El resultado es brillante, te mantiene atento y despierto las 650 páginas con un ritmo narrativo espectacular.

Hay quien dice (gente con más criterio que yo), que es su mejor novela. Y argumentos no faltan para estar de acuerdo. De ser así rivalizaría con historias y bestseller suyos tan extraordinarios como La última cripta, Guinea o su excepcional y seductor Capitán Riley, el Corto Maltés español. Lo sea o no, va camino de convertirse, al menos, en uno de los bestseller del verano. En cinco días (salió el 20 de junio), se ha colocado entre los 25 primeros puestos de los más vendidos en Amazon. Pero además, en esta ocasión, y de la mano de Suma de Letras, este escritor indie está en las librerías.

Todos sus personajes, principales y secundarios, son auténticos, los puedes tocar con las manos. Incluso si observas a tu alrededor, con la ayuda de los ojos de Gamboa, puede que los alcances a ver entre los bastidores de tu propia vida.

Lo cierto es que tras las aventuras de Gamboa, como en las buenas novelas de aventuras, siempre hay mensajes y valores como la lealtad, el compañerismo, la amistad y la fidelidad llevados hasta las últimas consecuencias. Pero en esta ocasión se moja aún más y nos recrea un futuro próximo, una sociedad, una política económica y religiosa bastante probable, que encaja perfectamente, como la maquinaria de un reloj suizo. También nos define esa sutil línea entre lo correcto y lo incorrecto, entre los buenos y los malos. A veces, los truhanes no son “los malos” ni los baluartes ejemplarizantes de la sociedad, “los buenos”. A veces, las víctimas aparentes son auténticos verdugos. A veces conspiran con su enemigo. A veces solo defienden sus intereses. Y como en el 1984 de George Orwell, siempre necesitan de “los bajos” para perpetuarse en el poder.

Especial ya incluso en su narrativa: amplifica el género de aventuras con una estructura de thriller, y lo fusiona con otro poco de ciencia ficción, bastante crónica policial, algo de futurismo y una pizca de distopía. La mezcla, que resultaría explosiva a priori, ajusta como un guante. El resultado es brillante

Todos sus personajes, principales y secundarios, son auténticos, los puedes tocar con las manos. Incluso si observas a tu alrededor, con la ayuda de los ojos de Gamboa, puede que los alcances a ver entre los bastidores de tu propia vida. Difícilmente encontrarás una Nuria Badal, “un ángel caído del cielo”, un personaje tan especial que Fernando ha tenido que dedicarle el epílogo de “Redención”.

«Redención» empieza con los atentados de La Rambla barcelonesa en 2017, para, once años después, dibujarnos un mundo como éste, el que encontrarás sintetizado en estos fragmentos de la novela:

El escritor Fernando Gamboa, en plena «faena creativa»

«Una masa de aire sahariano saturado de polvo y arena en suspensión enrarecía la atmósfera sobre Barcelona, envolviéndola bajo una neblina ocre, densa y caliente.

Había llegado desde el sur la semana anterior como un intangible tsunami que, al alcanzar la ciudad, se había encontrado con las montañas de Collserola cerrándole el paso y estancándose ahí desde entonces. Hacía tanto que no soplaba el viento ni llovía, que aquella pegajosa bruma había terminado por adherirse a cada poro de la ciudad; a los coches, a las calles, a la ropa e incluso al pelo de los peatones, como una capa de sucio maquillaje del que cada noche había que desprenderse al regresar a casa.

La combinación de aquella sucia calima, sumada a la contaminación, la humedad y el intenso calor, resultaba insoportable, y ya no era noticia que las urgencias de los hospitales estuvieran saturadas de niños, ancianos y asmáticos, aferrados a mascarillas de oxígeno en los pasillos y salas de espera.

Ya no se debatía si el calentamiento global era una amenaza real, sino hasta dónde alcanzarían sus efectos y qué se podía hacer para revertirlos. En las redes sociales, incluso, le habían dedicado una apropiada etiqueta al asunto #LaVenganzadelaTierra.

Enjambres de motos, bicicletas y patinetes eléctricos zumbaban nerviosos por la Gran Vía, serpenteando entre el atasco de autobuses y turismos eléctricos, así como los escasos vehículos de gasolina que tenían permiso para circular por el centro en días como ese. Entre todos ellos, el viejo Toyota Prius gris plagado de abolladuras y arañazos que hacía las veces de vehículo camuflado de la policía, con dos agentes de paisano en su interior, era solo uno más entre tantos.

La cabo Nuria Badal se apartó un mechón de pelo de la frente y miró alrededor con sus ahusados ojos verdes. No recordaba un verano tan duro como el que aún estaban sufriendo»

(…)

«Nuria le echó un vistazo a la pantalla del salpicadero, comprobando la señal emitida por la pulsera de Vílchez desde el arrabal.

—¿Para qué preguntas por el dron? —dijo mientras tanto—. Sabes que no hay presupuesto. No iban a autorizarnos uno solo para ir a ver a un posible testigo.

—Me siento más tranquilo cuando hay uno sobre mi cabeza, cubriéndome el trasero.

—Tranquilo —alegó Nuria con un guiño—. Ya me encargaré yo de que no le pase nada a tu trasero.

David le dirigió una mirada evaluadora.

—Prefiero el dron»

(…)

«En cuanto tomaron la salida, el paisaje urbano mutó como si hubieran aterrizado en una ciudad distinta; descuidados edificios de viviendas subvencionadas, las calles polvorientas, las chilabas, pañuelos y turbantes enmarcando rostros de piel más oscura… A través de los cristales tintados, Nuria contemplaba la transformación de un barrio que recordaba haber visitado con frecuencia diez años antes, allá por el 2019, cuando aún no había ingresado en la academia de policía, y una de sus mejores amigas la invitaba a bebidas gratis en la discoteca donde trabajaba de jueves a domingo. Otros tiempos. Otra vida.

Una vida que comenzó a cambiar pocos años más tarde, cuando casi un millón de refugiados magrebíes cruzaron despavoridos el estrecho en menos de un mes a bordo de cualquier cosa que flotara, huyendo de las atrocidades del Estado Islámico del Magreb»

LA NOVELA

Redención

Por FERNANDO GAMBOA

Todo comienza el diecisiete de agosto de dos mil diecisiete, a las dieciséis horas y cuarenta y ocho minutos.
Una furgoneta blanca se abalanza sobre centenares de transeúntes en las Ramblas de Barcelona, asesinando a quince de ellos. Pero lo que nadie puede saber en ese momento es que, a pocos metros de allí, una joven llamada Nuria Badal acaba de tomar una dramática decisión que cambiará irremediablemente su vida y el futuro de todo un país. 
Quizá para siempre.

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