Tiros y palabras. Disparos. Palabras que suenan como tiros, disparos de palabras. Hay palabras que retumban como disparos, palabras que matan. Literalmente no son disparos, no llevan bala, aunque sí munición, así que terminan con tu vida. Te la pueden amargar, destruir, devorar día a día y poco a poco, en una muerte lenta que no entiendo por qué llaman dulce si realmente amarga.

Palabras que adquieren formas de mentiras pero que desean pasar a la Historia como verdades incuestionables. Mentiras sin piedad. Salvas de disparos con munición real.

Un arma que no guarda armero, que nadie vigila, siempre al alcance de niños e inocentes sin licencia para disparar. De lenguas ligeras que a veces funcionan como un gatillo bien engrasado, lenguas que destrozan vidas.

La palabra, un arma siempre cargada, con el seguro quitado, con una recámara de odiosos significados. Hay muchos pistoleros de gatillo fácil, ligeros para tumbar al contrario.

También hay palabras que curan, que consuelan, palabras paliativas… Pero esas son difíciles, salen del alma. Muchas veces, demasiadas veces, no deseamos, no queremos desnudar en público esa parte tan íntima. Son palabras que, por nuestra culpa, huelen a naftalina.

Elige bien el disparo. La bala lleva tu nombre.

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