Foto de Manuel Jabois, autor de Malaherba

»Te enzarza, te enreda los sentimientos mientras poco a poco, lentamente, te seduce y se apodera de casi todas tus emociones. Te cautiva con la música de sus letras.

»Al final, la explosión de la vida, la de la muerte, la de la muerte en vida, la del olvido.

MANUEL JABOIS : «Malaherba»

Mala yerba, malayerba o la ‘Malaherba’ de Manuel Jabois. La que te enzarza, la que te enreda los sentimientos mientras poco a poco, lentamente, te seduce y se apodera de casi todas tus emociones. La que te cautiva con la música de sus letras. Sí, su música, porque Jabois compone melodías de pura vida, que cuelgan de la amistad: el amor verdadero, que se traman en los cuartos oscuros donde los niños se apartan del mundo, de ese mundo que aún no les toca vivir.

La narración se desarrolla en una estructura que frena los relojes, congela los tiempos. Camina de atrás hacia adelante, de adelante hacia atrás, pero sin perder de vista la delgada línea del horizonte. Y así Jabois agita a Tambu, a sus primeros amores, a las primeras y segundas muertes de su padre, a los sinsabores de Rebe o los más profundos de Claudia, o a las pausas de Armando.

Al final, la explosión. No la que aprendiste, Tambu, en la tapia de la iglesia, la del bajo vientre. Al final, la explosión de la vida, la de la muerte, la de la muerte en vida, la del olvido.

¡Ah!, que casi lo dejo en el tintero: Qué importantes son para ti los sueños, Tambu: como la vida, como la muerte, como el olvido. Tantos sueños y tan distintos, pero siempre con la misma melodía. Como estos, lo de estos fragmentos textuales de Malaherba:

«No me refiero a los sueños que tiene la gente de ser tal o cual cosa, que me parece muy bien siempre que nos dejen a los demás en paz, sino a los sueños que se tienen durmiendo y se recuerdan al despertar.

Al principio yo salía de los sueños como de un accidente y me costaba muchísimo recuperarme, como si no supiese lo que había pasado. Tenía sueños que me daban mucha angustia y también sueños felices, pero en cualquier caso me despertaba en medio de la oscuridad, en mi cama nido de la casa del pueblo, creyéndome rodeado de la gente que salía en esos sueños» (…)

«Aquella mañana de Reyes me acosté otra vez apretándole mucho la mano, y me iba quedando dormido poco a poco, tan despacio que sentía cómo los pensamientos se me iban a un lugar extraño, el lugar de los sueños, y recuerdo que pensé que quería quedarme así para siempre, y también pensé en si aquello no sería la muerte, quedarse feliz y tranquilo agarrando las manos de la persona que más te quiere, que te quiere tanto que se mete en tus sueños para tener a todos los monstruos a raya y que te puedas levantar sin haberte hecho pis, y con ella al lado» (…)

«Mamá me dijo que cuando alguien desaparece de tu vida todavía dura en tus sueños un tiempo antes de irse del todo, y que aún sueñas con él como cuando era tu novio o tu novia, o como cuando era tu mejor amigo. En el sueño las relaciones duran unos meses o unos años más, antes de marcharse definitivamente o de convertirse en otra cosa, lo que ya son en la vida real»

MALAHERBA

Portada de la novela Malaherba, de Manuel Jabois

«La primera vez que papá murió todos pensamos que estaba fingiendo

Así empieza Malaherba, la nueva novela de Manuel Jabois. Un día Mr. Tamburino, Tambu, un niño de diez años, se encuentra a su padre tirado en la habitación y conoce a Elvis, un nuevo compañero de su clase. Descubrirá por primera vez el amor y la muerte, pero no de la forma que él cree. Y los dos, Tambu y Elvis, vivirán juntos los últimos días de la niñez, esos en los que aún pasan cosas que no se pueden explicar y sentimientos a los que todavía no se sabe poner nombre.

Esta es una historia de dos niños que viven una extraña y solitaria historia de amor. Un libro sobre las cosas terribles que se hacen con cariño, escrito con humor y una prosa rápida que avanza llevando a Tambu y su hermana Rebe, a Claudia y su hermano Elvis, a la frontera de un mundo nuevo.

«Bien sabe Dios que es más peligrosa la pena que el odio, porque el odio puede destruir lo que odias, pero la pena lo destruye todo.»