Sueño encerrado, sueño confinado

Sueño. Sueño encerrado, sueño confinado. Consciente en la vigilia del duermevela que no existe destino, que habrá que construirlo.  Prisionero de mis sueños, observo cómo los más despiertos destrozan vidas y sueños de otros para levantar muros que derriban nada más nacer. Sueño con Segismundo cargado de cadenas y visionario en el mundo que le tocó vivir, nuestro mundo.

Así que despierto de la pesadilla y acorazado, testarudo, me empeño en soñar con los ojos bien abiertos. Huelo el aire, sabe a humedad. Lo he rescatado de su encierro ahí afuera cuando he abierto la ventana. Siento la lluvia en la palma de la mano, como gorriones que picotean manjares en grano. La dejo abierta para que entre la música de la vida: el canto de las aves, las ramas que golpean los cristales del encierro, el silencio de la calle vacía, el ruido de los televisores …

El tacto, el único sentido recluido. Aún me quedan cinco. Y los sueños, esos siempre serán míos. También tuyos si los necesitas o simplemente los deseas.

Tomo de ese aire, profundo, hasta el diafragma, y esclavo de mis deseos le dejo escapar a sorbos. De mis pulmones nace de nuevo en avaros latidos de aire que ya es mío y suyo porque pasó por mí y le di otra vida y él a mí. Me fundí con él en dos y uno al mismo tiempo, sin tocar que ahora está prohibido. El tacto, el único sentido recluido. Aún me quedan cinco. Y los sueños, esos siempre serán míos. También tuyos si los necesitas o simplemente los deseas.

Entonces te miro a los ojos que podrían contar un montón de tristezas, pero que optaron por relatar siempre alegrías. Y sonríes. Tu sonrisa genera vida, es confortable y siempre regala ese amoroso calor que da la lumbre. Como aquellos días, ¿te acuerdas?, cuando nos apretujábamos todos contra una manta porque teníamos frío y no había nada que nos arrebatara la tiritona. Eso también pudo ser un sueño.

Y sueño que en otro estado más lisonjero me vi. Sí, porque la vida es sueño y los sueños sueños son. Pero antes ha de llegar el fin del sueño: la muerte. Y aún estoy vivo, y acorazado, testarudo, picotearé en los granos de la vida como un gorrión hambriento de ese manjar.

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—El mundo de Piter—

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