Los mundos de Rosa Grau, comentario literario de Con M de Mar, novela de Rosa Grau

»Cada vez que construye una novela, Rosa Grau crea un mundo, original y propio, en el que te hipnotiza y te divierte con su humor inteligente e inagotable ironía.

»A Rosa Grau, traviesa e irónica, le gusta traspasar los límites de la realidad humana. Y lo vuelve a conseguir con ingeniosos resultados en su nueva novela: ‘Con M de Mar’.

»‘Con M de Mar’ Rosa Grau se supera, porque el gran amor en esta ocasión resulta el amor a la Vida, hasta la imperturbable Muerte lo anhela.

ROSA GRAU: «Con M de Mar»

La muerte tiene problemas laborales, necesita unas vacaciones. ¿Qué podría salir mal? A Rosa Grau, traviesa e irónica, le gusta traspasar los límites de la realidad humana. Y lo vuelve a conseguir con ingeniosos resultados en su nueva novela: ‘Con M de Mar’. Con esa tesis, las de unas merecidas vacaciones de La Parca, la escritora alicantina demuestra con su habitual sutileza, sensibilidad y sentido del humor, que las personas, a veces o en demasiadas ocasiones, resultamos más brutas que la temida, tremenda, terrible muerte con M de Mar.

Cada vez que construye una novela, Rosa Grau crea un mundo, original y propio, en el que te hipnotiza y te divierte con su humor inteligente e inagotable ironía.  En sus universos, paralelos o no, suele haber una heroína con superpoderes muy humanos, que se enfrenta a circunstancias de imposibles con sentido crítico, o a la fatalidad con una sonrisa y una solución ingeniosa.  También un amor, más o menos inaccesible, que todo lo cura o lo desgracia, que no resulta receta milagrosa para nada. Pero en esta ocasión, ‘Con M de Mar’ Rosa Grau se supera, porque el gran amor en esta ocasión resulta el amor a la Vida, hasta la imperturbable Muerte lo anhela.

Rosa Grau se divierte escribiendo, y mucho, y eso se nota. Lo percibe el lector con sus tramas sorprendentes y, como se dice hoy en día, adictivas.

Rosa Grau posee la capacidad, aunque tú no estés de humor, de extraerte una sonrisa, a veces una carcajada, de las situaciones más dramáticas. A las pruebas me remito. Lo consiguió con “Pon un fantasma en tu vida”, editorial Martínez Roca. También con “Un puñado de amigos y dos cerezas”, Suma de Letras. Y ahora, cansada del mundo editorial, de vuelta a los orígenes: la autopublicación, lo revalida con ‘M de Mar’. Rosa Grau se divierte escribiendo, y mucho, y eso se nota. Lo percibe el lector con sus tramas sorprendentes y, como se dice hoy en día, adictivas.

Experiencia vital. Éste es uno de sus principales ingredientes. Cuando en la más temprana y tierna adolescencia debes asumir que has de vivir toda tu vida con una enfermedad incurable, el mundo se transforma en el más terrible de los dramas. Eso o te conviertes en una heroína con superpoderes con los que gozar la única posibilidad de la que dispones para vivir intensamente la vida. Si además lo compartes, lo mudas en literatura, y creas fantasías para tus lectores… Pues eso, te llamas Rosa Grau.

Dice de ella la escritora gaditana, afincada también en Alicante, Beatriz Cáceres, que te embauca con su estilo particular, fresco y diferente. Rosa Grau recibe elogios chispeantes hasta del exitoso Juan Gómez Jurado que le dedica adjetivos como divertida e inteligente: “¡Leerla —dice —, es garantía de pasar un rato genial!”. Doy fe. También una charla con Rosa Grau es un tiempo siempre bien invertido.

Te invito a que lo compruebes en este fragmento textual con el que comienza ‘Con M de Mar’:

Fragmento textual de ‘Con M de Mar‘:

Cuentan los cuentos de viejas que el que consigue ver mi rostro y salir indemne del encuentro ya nunca vuelve a ser el mismo; que su percepción de la realidad se distorsiona; que se vuelven crueles, egoístas e insensibles al dolor ajeno.

Cuentan tantas cosas de mí… que ya he perdido la cuenta.

De con M de Mar


«Cuenta la leyenda que por las noches, cuando el manto oscurecido del cielo está cubierto por millones de estrellas que derraman esquirlas de luz sobre todos los habitantes de la Tierra, es fácil reconocer el sonido de mis pasos.

Cuentan los más ancianos que mi presencia es sombría y perturbadora, y que se me reconoce por la maldad de mis acciones y por la frialdad de mi acero.

Cuentan los cuentos de viejas que el que consigue ver mi rostro y salir indemne del encuentro ya nunca vuelve a ser el mismo; que su percepción de la realidad se distorsiona; que se vuelven crueles, egoístas e insensibles al dolor ajeno.

Cuentan tantas cosas de mí… que ya he perdido la cuenta.

Sus relatos están tan distorsionados que ya nadie me conoce como lo que realmente soy.

Sus historias tan ficticias que pesan sobre mí como una losa.

Sus miedos, silenciosos y exagerados como los grandes relatos bíblicos, no hacen honor a la verdad.

Esta es mi historia para todo aquel que quiera conocerme, para todo aquel que espera la muerte con miedo y ansiedad injustificada.

Y ahora, y más que nada porque ya le he dado un toque medianamente tétrico a mi presentación, que es lo que se espera de mí, voy a ser sincera. Hay dos cosas de las que estoy totalmente segura. La primera es que mi vida entre humanos siempre ha dejado bastante que desear. Y la segunda, que aunque mi mente dice que renuncie, el corazón me pide a gritos un último intento.

ERA GLACIAL: MEDIADOS DEL PLEISTOCENO.

La primera vez que adquirí condición humana lo hice en forma de niña de cinco años y con un tiempo limitado a un par de horas. Ya había sido advertida de la duración de mi estancia, así que no me sorprendí. Ser una niña fue lo que me dejó bastante descolocada.

Antes de comenzar a relatar mi historia debo decir que ese fue, a un tiempo, uno de los mejores y de los peores momentos de mi infinita existencia.

El mejor porque por primera vez pude sentir el tacto de la arena sobre mis manos, el soplo del viento en mi rostro y la frialdad del agua del arroyo que corría bajo mis piececitos.

La primera vez que adquirí condición humana lo hice en forma de niña de cinco años y con un tiempo limitado a un par de horas. Ya había sido advertida de la duración de mi estancia, así que no me sorprendí. Ser una niña fue lo que me dejó bastante descolocada.

De con M de Mar


Recuerdo que compuse una sonrisa de satisfacción y agité los dedos de los pies para saborear la novedosa sensación. También recuerdo que me dediqué a brincar y a saltar durante un buen rato sin más preocupación que la de sentirme viva, beber toda el agua que mi pequeño estómago pudiera soportar sin vomitar, y absorber los tenues rayos del sol que se filtraban a través de las tupidas ramas de los gigantescos árboles que crecían a orillas del río.

Acababa de empaparme por tercera vez cuando escuché una risa despreocupada. Me giré en dirección al sonido y vi a un niño y a una niña de mi misma edad. Ambos mostraban los rasgos físicos característicos de la época: morenos y con el cabello enmarañado, cráneo excesivamente desarrollado, cuencas oculares hundidas y mandíbula prominente. No eran los más guapos de la historia de la humanidad, pero entonces no pude saberlo».

Con M de Mar

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