No me llames reina, el mundo de Piter, blog

Sin líneas divergentes, sin líneas convergentes, como paralelas del placer de la vida. También libres. Y si nuestras líneas perdieran juntas su sentido, rompemos compromisos sin resentimiento.

No me llames reina que careces de corona, de dominios y territorios, que tampoco tú eres rey, que así sólo pretendes adueñarte de mis sueños, apropiarte de mi aire, convertirme en tu consorte, mudarte en mi carcelero.

Tampoco me digas esposa para forjarme en tu fragua y encadenarme a tus deseos como si yo anduviera huérfana de unos propios o debiera postrarlos ante los tuyos.

Llámame compañera y así compartimos nuestros tiempos, sí, los nuestros, los de cada uno pero parejos, sin líneas divergentes, sin líneas convergentes, como paralelas del placer de la vida. También libres. Y si nuestras líneas perdieran juntas su sentido, rompemos compromisos sin resentimiento.

Mejor no. Dime por mi nombre. Ya sé que tampoco es propio, que lo tomé prestado, que me lo regalaron aquellos que me entregaron a la vida, sin interés, sin capital acumulado, sólo con amor y con generosidad. Pero me he acostumbrado, me he apropiado de él, lo he hecho mío, y con él me siento yo por las mareas de la vida.

Yo te llamaré por el tuyo. ¿Te parece, amor? Sin posesivos, que el amor no los necesita. Así no habrá pertenencias, tampoco dudas, que somos dos iguales, separados quizás por unos dioses que no soportaban vernos juntos. Sólo dos que caminan juntos.

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