El folletín

 

Libretería, 12 de abril de 2017  

En casa de mi abuela había un sótano en el que no se encendía la luz. Recuerdo que siempre le decía: “abuela, ¿por qué no lo arreglas? Seguramente que no sea más que cambiar una bombilla”. Pero ella insistía en que no solo las personas se apagan por propia voluntad. A veces me aventuraba en el sótano bajando hasta el quinto o sexto escalón, pero cuando la oscuridad me envolvía, y a mi espalda el pasillo no era más que un marco de luz del otro lado de la puerta, un profundo pavor se apoderaba de mí y regresaba raudo a la seguridad del resto de la casa. Entonces persistía en averiguar qué era lo que se ocultaba allí abajo, a lo que ella, de un manotazo al aire, desechaba advirtiéndome que era mejor que no siguiera incordiando con mis preguntas. Numerosas veces sentí un frío aliento internándose bajo las sábanas, recorriendo mi cuerpo con la caricia de una mano muerta. Aquellos dedos pútridos me despertaban siempre a la misma hora. Dejaban un terroso aroma en el aire que mi buena nariz ubicaba en las profundidades del sótano.

 'La bombilla'  

Por Sebastián Pérez Luna

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 Una noche, cuando ya me había acostumbrado al tacto de la mano invisible, me desperté para ir al baño. Pasé por delante de la entrada al sótano y la luz se encendió tras de mí. Aquella bombilla que no había funcionado nunca escupió su brillo por el resquicio de la puerta. Crucé la entrada sumido en algo más profundo que el terror y alcancé, al fin después de tantos años, a contemplar el oscuro secreto de la casa. Sobre un tocón de madera manchado por una densa sustancia que una vez debió fluir como sangre fresca, dos manos amputadas reposaban junto al hacha que las sesgó. Me acerqué con lentitud hacia los miembros momificados, y cuando mi vista estuvo tan cerca que pude distinguir tierra bajo las uñas, mi abuela apagó la luz. Su oronda figura en camisón ocupaba al completo el hueco de la puerta.  
—Ya que tenías tanta curiosidad, quédate a pasar la noche con tu abuelo. Ya has visto que ni en muerte ha dejado de ponernos las manos encima. 
   

Sebastián Pérez Luna

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Sebas E. Luna es más que un prometedor autor “indie”. Su primera novela: "-Mario, despierta" es  fresca, intrigante, divertida, sensual, con un estilo propio y sin plegarse a las modas narrativas que más pegan en este momento. Ahora estrena "Senderos de rock" y vuelve a superarse.

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