Notas literarias

 

 

Libretería, 9 de enero de 2017

David B. Gil: ‘El guerrero a la sombra del cerezo’ 

David B. Gil articula como en un teatro de sombras chinas la cueva de Platón, el pasar de la vida con sus frustraciones, pesares y obligaciones, en un elocuente e impactante relato, como si fueran reverberaciones de una realidad al alcance de unos pocos. 'El guerrero a la sombra del cerezo' está ambientado en el Japón feudal previo a la Era Edo (siglo XVII), un período de paz sin precedentes en un Japón que, como dice su autor, ya no existe.

Retrasas el momento de finalizar su lectura porque no quieres despedirte de unos personajes que te calan hondo y se convierten en amigos de los que inevitablemente no quieres despedirte. Despliega el alma de un poeta enriquecedor sin endulzamientos ni vasallajes literarios y maneja con una gran habilidad un recurso  con el que es difícil lidiar: el tiempo. David Gil es uno de esos escritores que te dejan huella, como esos temas musicales que se graban en tu memoria suavemente, y que tarareas inconscientemente cuando menos los esperas para enriquecerte la vida. El guerrero  es ya otro de los imprescindibles de mi biblioteca y David Gil un escritor que seguiré con pasión:

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“El invierno pasó, como siempre pasa, y llegó la primavera, como siempre llega, con sus días, más largos, sus tardes cálidas y el alegre murmullo de los arroyos que volvían a saltar montaña abajo. El cerezo de Kenzaburô floreció más tardío que en otros lugares, pues allí el frío del invierno se demoraba en demasía, pero a cambio, mientras que en las ciudades costeras los árboles ya habían desnudado sus ramas, aquel rivalizaba en belleza con el de Shizuka Gozen.

Un hermoso regalo para una sola persona, se dijo, mientras se sentaba a la sombra del cerezo para contemplar desde allí, como hacía cada jornada, el atardecer en la montaña. Se sirvió una taza de té fresco y, al probarlo, frunció los labios y cerró los ojos. Depositó la taza sobre la hierba y se dispuso a dejarse llevar por la puesta de sol.

Sin embargo, pronto comprendió que ese día no sería como cualquier otro, pues una figura enfundada en una capa y cubierta con un sombrero de paja cruzaba el valle en dirección a su refugio. El extraño viajero avanzaba con tranquilidad, sin la urgencia que impulsa a aquellos que vienen buscando a un médico, y ascendió por la ladera con pasos cansados, valiéndose de un cayado”.

El guerrero a la sombra del cerezo

Un hermoso regalo para una sola persona