Notas literarias

 

 

Libretería, 3 de marzo de 2017

José Francisco Sastre: ‘Semillas de Cthulhu’

Seis historias independientes, angustiantes, aterradoras. Seis relatos aparentemente independientes que giran en torno al Necronomicón, el grimorio de Lovecraft.  Un homenaje abierto al maestro de la novela de terror  Howard Phillips Lovecraft y su original ciclo literario de horror cósmico: los Mitos de Cthulhu. De hecho la novela de José Francisco Sastre no oculta en ningún momento su admiración al escritor estadounidense. Ni siquiera lo hace en el título: Semillas de Cthulhu.

El ser humano es una marioneta en manos de unas entidades divinas  o semidivinas que muchas veces recuerdan a los semidioses que esclavizaron a  los humanos en Enûma Elish, el poema babilónico que relata los orígenes de la Creación. Unas entidades caprichosas, en el caso del poema babilónico, y obsesionadas con el poder y el dominio de la tierra, en el caso de Lovecraft.

José Francisco Sastre consigue transmitir, sin piedad,  ese horror donde los humanos no suponen para estas entidades divinas más allá del alimento de sus almas o la posesión de sus cuerpos, y donde los reyes de la cadena alimentaria de la Tierra tal y como nos conocemos en la actualidad, conviven impotentes  con este devastador poder milenario, tan sólo equilibrado, o compensado, por otros semidioses con intereses distintos:

Carmen Grau

“Camina entre unas casas pequeñas, con unas oquedades a modo de puertas pequeñas y para su sorpresa muy anchas, como construidas por alguna especie de enanos achaparrados, con el viento espectral lamiéndole los pies con fuerza inusitada, gimiendo como un alma en pena con unos lamentos que hacen que al hombre se le pongan los pelos de punta. Y entonces recuerda que los primitivos habitantes de esta ciudad no eran amistosos con los visitantes, aunque tampoco fueran por completo hostiles. Era muy simple: sus mentes tomaban un rumbo distinto a las nuestras.

Con el recuerdo, el temor atávico a lo desconocido. Mira a su alrededor, con los ojos dilatados, a la espera de que alguno de esos seres, que cree han desaparecido ya de la faz de la tierra, aparezca a su vista y le ataque.

Pero no ocurre nada de eso. Ningún ser vivo se muestra a su vista... ¿Qué ha sido eso? Una sombra rápida, móvil, entre los restos, vislumbrada apenas con el rabillo del ojo. Un giro rápido de la cabeza, la mirada inquisitiva, pero nada ve que le resulte distinto. ¿Es acaso su imaginación? ¿O quizás algo más horroroso, más real de lo que pueda llegar a sospechar?

Otra vez, y otra... Varias veces más mira nervioso a su alrededor, en busca de esos destellos de movimiento que parece percibir con el rabillo del ojo. Pero no encuentra nada. Y el viento espectral parece reírse de él con los alaridos de los demonios y los moribundos.

Tratando de calmar sus alterados nervios, prosigue su exploración entre los restos de la Ciudad Sin Nombre, hasta llegar al punto de origen del viento espectral: una de esas construcciones bajas, extrañas, un tanto más grande que el resto, tal vez un templo o un palacio. Piensa en entrar en ella, pero algo le detiene: ¿acaso había olvidado lo que contó Lovecraft acerca de su visita a este lugar de horror? Ahí dentro la corriente de aire es tan fuerte, que puede arrastrar a un ser humano a una sima sin fondo”.

Semillas de Cthulhu

Terror sin piedad

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