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El folletin

No la vas a dejar nunca, entrega de El coleccionista, una novela de Cecilia Barale
El folletín

No la vas a dejar nunca

Diego Echelar seduce a la hija del dueño de El Argentino y tras ocho meses de noviazgo consigue el casamiento. Mauricio Valmellán, padre de Eleonora, vigila la escena de lejos hasta que al final aborda a su yerno y le dice: No la vas a dejar nunca, o no trabajarás más en tu vida ni de empleado de supermercado.

Erase una vez en el cielo, por alberto giménez prieto
El folletín

Érase una vez en el cielo

Yahvé pasea inquieto por el paraíso, como alma que lleva el diablo. Espera impaciente a sus colegas de la junta de gobierno, pero llegan tarde. Y mira que enfatizó en la citación la urgencia de la reunión y la importancia de los temas… Desesperado por la impuntualidad de sus socios, se dispone a abandonar la basílica cuando…

La forja, entrega de Qué día el de aquella noche, una novela de Ignacio León Roldán
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La forja

A Antonio, el director del Psiquiátrico, le cuesta entender qué clase de conexión le une al enfermo, pero está dispuesto a averiguarlo. Su comportamiento no encaja con la del clásico enfermo mental. Solo tiene una baza: el cuaderno de los relatos de Juan de Dios. Así que extrae del maletín el cuaderno y se aplica en su lectura: La forja…

Los esclavos tabarquinos, entrega de A tres pasos de Luna, una novela de Beatriz Cáceres
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Los esclavos tabarquinos

840 almas errantes, esclavos tabarquinos en manos del bey de Túnez, abandonados por los franceses y por los españoles, humildes pescadores de la isla de Tabarka, frente a las costas alicantinas… Juan cuenta a Luna la triste historia de sus antepasados, luchadores por la libertad…

Un hombre al que siempre le gustó lo tierno, entrega de El esclavo de los nueve espejos, una novela de Raimundo Castro
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Un hombre a quien siempre le gustó lo tierno

Neblí se enfrenta a un nuevo espejo, empieza a sentir dentro de él a un tal Enrique Hernández. Un cura que se hacía mala sangre, un hombre a quien siempre le gustó lo tierno y al que pillaron con un mozuelo, y que el Hacedor desterró a ese «pueblo de mierda»…

Un viudo muy seductor, entrega de El coleccionista, una novela de Cecilia Barale
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Un viudo muy seductor

Ana Montecasino repasa mentalmente en su habitación del Hotel Palestine, la meteórica carrera de su jefe y ex amante, Diego Echelar. Un redactor mediocre que, tras enviudar, se había convertido en un editor sobresaliente y en un viudo muy seductor. Todo comenzó cuando perdió a su primera mujer en un accidente de tráfico…

El cuaderno de los relatos, entrega de Qué día el de aquella noche, una novela de Ignacio León Roldán
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El cuaderno de los relatos

La excesiva bondad de Juan de Dios conmueve a la enfermera Alejandra que ignora cómo ayudarle para delatar a su mujer. Un acto de nobleza del supuesto enfermo conmueve a la enfermera. Juan de Dios le ofrece sus secretos más íntimos, su forma de pensar encerrada en un cuaderno con unos relatos suyos…

Almas errantes sin libertad, entrega de A tres pasos de Luna, una novela de Beatriz Cáceres
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Almas errantes sin libertad

Luna no tiene historia. Así que Juan ha decidido contarle la suya para que la haga propia. «No es necesario compartir la sangre siempre que tengas el mismo sentimiento en el corazón», le dice. Y se lanza a narrarle la historia de sus antepasados, las de unas almas errantes sin libertad…

Es una buena arma, entrega de El esclavo de los nueve espejos, novela de Raimundo Castro
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Es una buena arma

Alejando Neblí acaba de salir del segundo espejo. Ha vivido una sensación extraordinaria y diferente. Ha experimentado en sus carnes la vivencia del peón. Una luminosidad extraña estremece sus pupilas y al abrirlas se enfrenta al cañón de su propia Star con la que le apunta el barón: «Es una buena arma»…

El temor tatuado en los ojos, entrega de El coleccionista, una novela de Cecilia Barale
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El temor tatuado en los ojos

Ana Montecasino termina de escribir su primera crónica en Bagdad en medio de una sensación de ahogo. Está agotada y unas ojeras visibles apagan su mirada: «La guerra se palpa a cada paso. Los iraquíes tienen el temor tatuado en los ojos. Los jóvenes soldados de la coalición ocupante también dejan translucir el miedo»…

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